La marca es un activo esencial para cualquier empresa: no solo identifica productos o servicios, sino que concentra confianza, reputación y valor en el mercado. Perder el control sobre ella equivale a abrir la puerta a confusiones, pérdidas económicas y daños a largo plazo en la percepción de los consumidores.
En Ecuador, la normativa vigente ofrece un abanico de mecanismos para actuar frente a la infracción marcaria. Desde medidas administrativas rápidas hasta demandas civiles y sanciones penales, el titular puede elegir la vía que mejor se ajuste a su situación. La clave está en conocer las diferencias entre estas alternativas y utilizarlas de manera estratégica.
Este artículo analiza de forma práctica los caminos disponibles para proteger tu marca cuando un tercero la utiliza sin autorización. Con ejemplos, plazos y recomendaciones, se busca brindar una guía clara que combine el enfoque jurídico con la necesidad comercial de reaccionar a tiempo.
La vía administrativa es la más ágil para frenar el uso indebido de una marca. Ante el Servicio Nacional de Derechos Intelectuales (SENADI), el titular puede denunciar infracciones y obtener medidas como inspecciones, decomisos inmediatos o retiro de publicidad infractora. Estos procesos, aunque breves, son efectivos para detener la circulación de productos y documentar la infracción.
Un aspecto clave es la posibilidad de solicitar medidas en frontera ante el Servicio Nacional de Aduana del Ecuador (SENAE). Si se sospecha de importaciones con signos falsificados, la aduana puede suspender el procedimiento durante cinco días. En ese tiempo, el SENADI debe pronunciarse, y el titular tiene la obligación de iniciar una acción principal para mantener la suspensión. Este mecanismo ha sido fundamental en casos de importación masiva de textiles y calzado falsificado.
La principal ventaja de esta vía es la rapidez. Mientras que un juicio puede prolongarse años, las medidas administrativas suelen resolverse en semanas. Sin embargo, no ofrecen compensación económica: su función es frenar la infracción y evitar que el daño se expanda. Por ello, muchos titulares combinan esta opción con procesos civiles o penales para obtener resultados integrales.
Cuando el objetivo no es solo detener la infracción, sino también reparar el daño causado, la vía civil se convierte en la herramienta principal. El titular de la marca puede demandar al infractor para obtener indemnización por daños y perjuicios, devolución de utilidades, destrucción de mercancía e, incluso, publicación de la sentencia como medida disuasoria.
Las medidas cautelares juegan aquí un papel estratégico. Un juez puede ordenar el embargo de productos, la suspensión de actividades o el aseguramiento de pruebas en cuestión de días. Estas medidas, bien solicitadas y con el informe previo favorable de la autoridad nacional competente en materia de propiedad intelectual, permiten neutralizar el daño antes de que se dicte sentencia, y aseguran que el proceso civil no quede en letra muerta.
No obstante, el camino civil exige paciencia: la tramitación de la demanda principal puede tomar meses o años, dependiendo de la prueba y las apelaciones. Además, la jurisprudencia andina advierte que ciertos usos no constituyen infracción. Por ejemplo, un consumidor puede emplear la marca en una crítica pública sin fines comerciales, y ese uso estará protegido por la libertad de expresión. Por ello, distinguir entre infracción real y uso legítimo es vital para diseñar una estrategia sólida.
La vía penal está reservada para los casos más graves, donde la infracción es dolosa, a escala comercial y con fines lucrativos. El Código Orgánico Integral Penal (COIP) sanciona conductas como fabricar, comercializar o importar productos falsificados. Aquí no solo se busca frenar la infracción, sino sancionar al responsable con penas que pueden incluir prisión, multas y decomiso de la mercancía.
Por ejemplo, si una organización importa contenedores con miles de unidades de ropa falsificada, el titular puede presentar una denuncia penal. Esta vía no solo activa la incautación de los productos, sino que también permite perseguir a los responsables de manera personal. El impacto disuasorio es mayor, pues se trata de sanciones que afectan directamente la libertad y el patrimonio de los infractores.
Un punto relevante es que la acción penal no excluye las demás. Puede coexistir con la vía administrativa, que asegura el decomiso inmediato, y con la civil, que busca la reparación económica. Así, el titular logra un enfoque multinivel: detener, sancionar y reparar. La elección de esta vía, sin embargo, debe evaluarse con cautela, dado que los procesos penales pueden prolongarse y requieren pruebas sólidas del dolo y el ánimo de lucro.
En la práctica, ninguna vía por sí sola garantiza una defensa completa. Lo más efectivo suele ser articular diversas herramientas legales según el caso. En el ámbito ecuatoriano, la acción administrativa presenta la limitante de requerir un informe previo favorable del SENADI, lo que reduce su utilidad y hace que no sea un mecanismo comúnmente utilizado en el medio. Por ello, se suele priorizar la solicitud de medidas cautelares judiciales para asegurar pruebas y detener el daño con mayor inmediatez, complementando —cuando existen indicios de delito— con la correspondiente denuncia penal. Esta combinación permite actuar con rapidez, sin renunciar a la reparación ni a la sanción.
La clave está en la documentación temprana de la infracción: fotografías, facturas, capturas de pantalla y testigos. Estos elementos no solo fortalecen la acción administrativa, sino que sirven como base probatoria en demandas civiles y procesos penales. En un entorno digital, la recolección ágil de pruebas puede marcar la diferencia entre un caso exitoso y uno desestimado.
En definitiva, defender una marca en Ecuador exige estrategia, conocimiento legal y acción inmediata. El titular que espera corre el riesgo de perder pruebas y permitir que la infracción se expanda. Actuar pronto, con asesoría especializada y combinando vías, es la mejor forma de proteger un activo que constituye identidad y patrimonio.
La defensa marcaria no se limita a proteger un signo, sino a resguardar la confianza que los consumidores depositan en una empresa. Cada infracción tolerada erosiona esa confianza, mientras que cada acción eficaz la fortalece. La jurisprudencia de la Comunidad Andina ha recordado que el signo distintivo no es un mero registro, sino un activo económico que asegura la competencia leal.
En un mercado global y digitalizado, donde la piratería se reinventa constantemente, la vigilancia proactiva y la reacción inmediata son imprescindibles. La pregunta inicial —¿qué hacer si alguien usa tu marca?— tiene una respuesta clara: conocer tus derechos, documentar con rapidez y actuar sin demora. La marca es tu carta de presentación, y defenderla es defender tu reputación y tu futuro.