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Patentar la inteligencia artificial: por qué el liderazgo no se mide solo en cantidad 

Comunicaciones L&C
abril 6, 2026
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https://creators.spotify.com/pod/profile/lc-podcast6/episodes/China--Estados-Unidos-y-la-batalla-por-la-IA-e3hhc7q/a-aciuui6

La disputa global por la inteligencia artificial suele narrarse a partir de modelos fundacionales, capacidad de cómputo o flujos de capital. Sin embargo, hay otra capa menos visible y no menos decisiva: la arquitectura de derechos que protege, bloquea, licencia y ordena la explotación de esa innovación. En ese plano, la rivalidad entre China y Estados Unidos ya no puede leerse como un simple contraste entre una potencia que registra mucho y otra que registra mejor. Esa fórmula, aunque cómoda, empieza a quedarse corta.  

China ha consolidado un dominio cuantitativo de enorme escala. De acuerdo con WIPO, los solicitantes con base en China presentaron alrededor de 1,8 millones de solicitudes de patente en 2024, frente a 501.831 de Estados Unidos y 419.132 de Japón. En una década, la participación china en las solicitudes globales pasó de 34,6% a 49,1%, mientras la estadounidense descendió de 21,6% a 16,2%. Esa reconfiguración no es solo estadística: expresa un desplazamiento del centro de gravedad de la innovación patentable.  

Pero el número, por sí solo, no resuelve la pregunta estratégica. Una cartera de propiedad intelectual vale por lo que permite hacer: atraer capital, sostener una posición competitiva, impedir el ingreso de terceros, negociar licencias, resistir litigios y ordenar una expansión internacional. Desde esa perspectiva, el tablero es más complejo. La tesis de este artículo es clara: la batalla entre China y Estados Unidos en IA ya no enfrenta cantidad contra calidad en términos absolutos; enfrenta dos modelos de poder tecnológico que hoy compiten, convergen y se corrigen mutuamente.  

China: cuando la escala deja de ser un dato y se convierte en estrategia 

El liderazgo chino en volumen no admite dudas. WIPO reportó que, además de encabezar las solicitudes globales de patente en 2024, China volvió a ocupar el primer lugar en solicitudes internacionales vía PCT en 2025 con 73.718presentaciones, por encima de las 52.617 de Estados Unidos. Esa consistencia revela algo más profundo que una cultura registral expansiva: evidencia una política de Estado que ha convertido la propiedad intelectual en infraestructura de competitividad.  

En el terreno específico de la IA generativa, la ventaja cuantitativa es todavía más marcada. WIPO identificó 38.210 invenciones de GenAI originadas en China entre 2014 y 2023, frente a 6.276 en Estados Unidos. Además, entre los principales solicitantes aparecen Tencent, Ping An, Baidu, Alibaba y ByteDance, lo que muestra que el esfuerzo patentario no depende de un único actor, sino de un ecosistema corporativo amplio y coordinado.  

Ese volumen tiene consecuencias jurídicas y empresariales directas. Un mercado saturado de solicitudes y familias de patentes eleva el costo de entrada, multiplica las zonas grises de libertad de operación y obliga a sofisticar la vigilancia tecnológica. Para una empresa que desarrolla productos basados en IA, competir en un entorno así exige algo más que registrar sus propios activos: requiere mapear terceros, anticipar riesgos de bloqueo, diseñar rutas de protección internacional y asumir que la propiedad intelectual dejó de ser un componente defensivo para convertirse en una variable central de negocio. Esa es, precisamente, una de las lecciones más relevantes para cualquier actor latinoamericano que aspire a escalar.  

Estados Unidos: el peso del ecosistema que convierte patentes en mercado 

Aunque Estados Unidos ya no domina por cantidad, conserva una ventaja decisiva en otra dimensión: su capacidad para traducir innovación patentable en valor económico verificable. Esa fortaleza no depende solo del sistema de patentes, sino de la relación entre propiedad intelectual, capital, investigación aplicada y expansión comercial. En 2024, la inversión privada en IA en Estados Unidos alcanzó USD 109,1 mil millones, casi doce veces la de China, que se ubicó en USD 9,3 mil millones, según el AI Index 2025 de Stanford.  

Ese dato importa porque la valorización estratégica de una patente rara vez surge en abstracto. Una cartera gana densidad cuando se inserta en un ecosistema capaz de financiar desarrollo, acelerar adopción y sostener litigio o licenciamiento. En otras palabras, no toda patente relevante genera mercado, pero los mercados más robustos suelen concentrar los activos de PI con mayor capacidad de monetización. Por eso Estados Unidos sigue ocupando una posición singular, incluso en un escenario donde China lidera el conteo bruto.  

A ello se suma un entorno regulatorio exigente. En julio de 2024, la USPTO emitió una actualización específica sobre patentabilidad de invenciones relacionadas con IA bajo el estándar de materia patentable del derecho estadounidense. La guía no relaja el examen; lo clarifica. El mensaje es relevante: la IA puede ser patentable, pero no por invocarse como etiqueta tecnológica, sino cuando las reivindicaciones muestran una aplicación concreta y jurídicamente defendible. Ese umbral no garantiza “mejores” patentes en términos absolutos, pero sí refuerza la percepción de que los activos concedidos en EE. UU. suelen atravesar un filtro técnico y legal más severo.  

Desde la perspectiva de negocio, esto produce una consecuencia práctica: una patente estadounidense en IA no debe evaluarse solo por su texto o su fecha de concesión, sino por el ecosistema que la rodea. Cuando está acompañada de inversión, capacidad de despliegue y un mercado dispuesto a absorber esa tecnología, su valor estratégico puede ser muy superior al que su número sugeriría. Ahí reside una parte sustancial de la persistente ventaja norteamericana. 

El giro chino: de la obsesión por el volumen a la construcción de valor 

Sería un error, sin embargo, seguir leyendo el sistema chino con categorías de hace una década. El propio aparato institucional chino ha reconocido la necesidad de pasar de una lógica orientada al volumen a otra centrada en la calidad y el impacto económico. El cambio no es retórico. El gobierno anunció la eliminación progresiva de los subsidios a las patentes hasta 2025 para corregir incentivos que habían favorecido solicitudes de baja calidad.  

Al mismo tiempo, CNIPA ha introducido métricas de “high-value invention patents”. A enero de 2026, China reportó 2,29 millones de patentes de invención de alto valor y un promedio de 16 patentes de alto valor por cada 10.000 personas, superando la meta de 12 prevista en su plan quinquenal. Además, alrededor del 70% de esas patentes se concentra en industrias estratégicas emergentes, entre ellas tecnologías ligadas a IA.  

La mejora también alcanza la eficiencia del sistema. Según datos difundidos por CNIPA, el tiempo medio de examen de patentes de invención se redujo a 15,6 meses hacia fines de 2024, acercándose al objetivo de 15 meses. La velocidad, en sectores de ciclo tecnológico corto, no es un detalle administrativo: puede alterar calendarios de lanzamiento, ventanas de exclusividad y estrategias de entrada al mercado.  

La lectura madura, entonces, no es que China “sigue ganando en cantidad pero pierde en calidad”. La lectura correcta es otra: China está intentando convertir su ventaja de escala en una ventaja de valor, y ya hay señales institucionales de esa transición. Para los titulares de derechos, esto cambia el análisis de riesgo. Las patentes chinas no pueden seguir tratándose como activos secundarios por defecto. Cada vez más, exigen revisión seria, due diligence robusta y decisiones de negocio menos intuitivas y más informadas. 

Qué debería leer una empresa detrás de esta disputa 

Para empresarios, directivos e inversionistas, la pregunta no es quién “va ganando” la guerra simbólica entre China y Estados Unidos. La pregunta relevante es cómo esa competencia altera las decisiones concretas de protección, inversión y expansión. 

La primera implicación es preventiva. Cualquier proyecto serio en IA necesita incorporar análisis de patent landscape y freedom to operate desde etapas tempranas. Cuando una tecnología se despliega en entornos con alta densidad de derechos, la omisión de esa revisión no es una falla jurídica menor; puede convertirse en una barrera material para comercializar, licenciar o escalar.  

La segunda es de arquitectura de cartera. Una estrategia inteligente de propiedad intelectual ya no debería organizarse sobre la base de una sola jurisdicción “estrella”. En muchos casos, convendrá combinar la fortaleza de una solicitud o concesión en Estados Unidos, por su densidad estratégica y potencial de valorización, con protección en China por su escala, velocidad y centralidad industrial. No se trata de replicar registros indiscriminadamente, sino de alinear la cartera con mercados, socios, ciclos de producto y riesgos reales.  

La tercera es interpretativa. Las cifras de patentes pueden seducir, pero también engañar. Un volumen extraordinario de solicitudes no siempre equivale a una cartera superior; del mismo modo, un portafolio más pequeño no necesariamente implica menor poder competitivo. Lo decisivo es la capacidad de esos derechos para ordenar una estrategia tecnológica y comercial sostenible. 

Puntos finales

La batalla por el dominio de la inteligencia artificial no se resolverá únicamente en laboratorios, rondas de inversión o centros de datos. También se definirá en oficinas de patentes, tribunales, negociaciones de licencia y decisiones corporativas sobre dónde proteger, cómo reivindicar y qué mercados priorizar.  

China ha demostrado que la escala puede ser una forma de poder. Estados Unidos sigue mostrando que la selectividad, el capital y la capacidad de explotación también lo son. La tensión entre ambos modelos no desaparece; se vuelve más sofisticada. Y esa sofisticación deja una conclusión nítida: en IA, la propiedad intelectual ya no puede analizarse solo como registro, sino como estrategia. Quien confunda volumen con liderazgo automático, o calidad con inmunidad competitiva, llegará tarde a una conversación que ya cambió de nivel. 

El valor de este debate no está en elegir un ganador retórico, sino en comprender cómo la propiedad intelectual redefine el margen de maniobra empresarial. En un entorno donde la tecnología avanza con rapidez, la diferencia real suele estar en quién interpreta mejor el riesgo, estructura mejor sus activos y entiende antes que los demás dónde se jugará la siguiente ventaja. 

Bibliografía 

China National Intellectual Property Administration (CNIPA). (2024, diciembre 5). China accelerates patent review process to improve innovation protection.  

China National Intellectual Property Administration (CNIPA). (2026, enero 27). Chinese mainland reaches 2.29 mln high-value invention patents in IP quality pursuit.  

Stanford Institute for Human-Centered Artificial Intelligence. (2025). AI Index Report 2025.  

United States Patent and Trademark Office (USPTO). (2024, julio 17). USPTO issues AI subject matter eligibility guidance.  

World Intellectual Property Organization (WIPO). (2024, julio 3). China-based inventors filing most GenAI patents, WIPO data shows.  

World Intellectual Property Organization (WIPO). (2025). PCT Highlights.  

The State Council of the People’s Republic of China. (2022, enero 27). China to end patent subsidies by 2025.