Más de $1 billón le costó al campo colombiano el año pasado el uso de semilla pirata, aquellas que se reproducen, se comercializan y se usan sin respetar los derechos de propiedad intelectual y sin la autorización del obtentor. Por lo cual no son reconocidas como certificadas. Del total, 85% son producidas por empresas locales y 15% por multinacionales.

“Es difícil cuantificar las pérdidas de todo el sector porque la piratería es un fenómeno sin registro, no hay cifras formales. Sin embargo, hemos detectado que solo en arroz, este flagelo representa cerca de $250.000 millones y en papa al menos $200.000 millones”, explicó Leonardo Ariza, gerente general de la Asociación Colombiana de Semillas (Acosemillas).

Semilla certificada vs semilla pirata

Y es que, de las 333.770 hectáreas de arroz que se sembraron en el primer semestre de 2018, solo en 76.768 hectáreas (23%) se utilizaron semillas certificadas. Mientras que en las 257.010 restantes (77%), se utilizó semilla pirata. Casanare, por su liderazgo como territorio arrocero, ha sido la región más afectada.

“En el caso del arroz, como producimos variedades, hay mucha piratería. Se está vendiendo arroz paddy contaminado con malezas, plagas y enfermedades. Por eso, hemos pedido que se haga un control estricto y se sancione a los productores de esas semillas, pues la piratería trae problemas a los rendimientos, a la productividad y hace que se pierda la pureza del varietal, sus propiedades”, indicó Rafael Hernández, presidente de la Federación Nacional de Arroceros (Fedearroz).

El problema fitosanitario

“Hemos tenido un gran impacto de contrabando de semillas desde Ecuador y algo en la frontera con Venezuela sobre los Santanderes. Lo que nos preocupa es el problema fitosanitario del ingreso tanto de semillas como de papa fresca. Sin embargo, hemos tenido una buena receptividad por parte del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), para establecer puntos de control”, dijo Germán Palacio, gerente general de la Federación Colombiana de Productores de Papa (Fedepapa).

Ariza, además, citó la afectación que ha dejado la semilla pirata a otros cultivos como la soya y el sorgo. Aunque las áreas cultivadas son mucho menores, de 9.320 hectáreas y 720 hectáreas, respectivamente, hasta noviembre de 2018. Las pérdidas ascienden a $3.600 millones en el caso de la soya en zonas como la altillanura y a $560.000 millones para los productores de sorgo en el centro del país. Solo con estos cuatro sectores se pierde $1 billón al año.

Al respecto, Henry Vanegas, gerente general de la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales y Leguminosas (Fenalce), dijo que en este sector el impacto resulta ser menor al estar compuesto por cultivos híbridos (no variedades). A ello se suma que las extensiones de sorgo y soya son menores.

“Hemos tenido buena receptividad del Ministerio de Agricultura y todas sus autoridades para este caso. Desarrollamos una agenda para promover el uso de semillas certificadas a través de campañas capacitación, incluso con universidades, pues 40% de la productividad lo da la semilla”, dijo Ariza.

Venta de semillas certificadas sumó $222.281 millones

El balance hecho por Leonardo Ariza desde Acosemillas también detalló que, para 2017 (el reporte consolidado más reciente), el volumen de semillas certificadas vendidas ascendió a 36.983 toneladas por un valor de $222.281 millones. “Esas cifras son importantes si las comparamos contra las importaciones, que fueron 7.664 toneladas por US$68 millones”, dijo el directivo, quien agregó que Colombia tiene un gran potencial para crecer en la producción de semillas.

Fuente: Agronegocios (Lina María Guevara Benavides)

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