La disputa global por la inteligencia artificial suele narrarse a partir de modelos fundacionales, capacidad de cómputo o flujos de capital. Sin embargo, hay otra capa menos visible y no menos decisiva: la arquitectura de derechos que protege, bloquea, licencia y ordena la explotación de esa innovación. En ese plano, la rivalidad entre China y Estados Unidos ya no puede leerse como un simple contraste entre una potencia que registra mucho y otra que registra mejor. Esa fórmula, aunque cómoda, empieza a quedarse corta.
China ha consolidado un dominio cuantitativo de enorme escala. De acuerdo con WIPO, los solicitantes con base en China presentaron alrededor de 1,8 millones de solicitudes de patente en 2024, frente a 501.831 de Estados Unidos y 419.132 de Japón. En una década, la participación china en las solicitudes globales pasó de 34,6% a 49,1%, mientras la estadounidense descendió de 21,6% a 16,2%. Esa reconfiguración no es solo estadística: expresa un desplazamiento del centro de gravedad de la innovación patentable.
Pero el número, por sí solo, no resuelve la pregunta estratégica. Una cartera de propiedad intelectual vale por lo que permite hacer: atraer capital, sostener una posición competitiva, impedir el ingreso de terceros, negociar licencias, resistir litigios y ordenar una expansión internacional. Desde esa perspectiva, el tablero es más complejo. La tesis de este artículo es clara: la batalla entre China y Estados Unidos en IA ya no enfrenta cantidad contra calidad en términos absolutos; enfrenta dos modelos de poder tecnológico que hoy compiten, convergen y se corrigen mutuamente.
El liderazgo chino en volumen no admite dudas. WIPO reportó que, además de encabezar las solicitudes globales de patente en 2024, China volvió a ocupar el primer lugar en solicitudes internacionales vía PCT en 2025 con 73.718presentaciones, por encima de las 52.617 de Estados Unidos. Esa consistencia revela algo más profundo que una cultura registral expansiva: evidencia una política de Estado que ha convertido la propiedad intelectual en infraestructura de competitividad.
En el terreno específico de la IA generativa, la ventaja cuantitativa es todavía más marcada. WIPO identificó 38.210 invenciones de GenAI originadas en China entre 2014 y 2023, frente a 6.276 en Estados Unidos. Además, entre los principales solicitantes aparecen Tencent, Ping An, Baidu, Alibaba y ByteDance, lo que muestra que el esfuerzo patentario no depende de un único actor, sino de un ecosistema corporativo amplio y coordinado.
Ese volumen tiene consecuencias jurídicas y empresariales directas. Un mercado saturado de solicitudes y familias de patentes eleva el costo de entrada, multiplica las zonas grises de libertad de operación y obliga a sofisticar la vigilancia tecnológica. Para una empresa que desarrolla productos basados en IA, competir en un entorno así exige algo más que registrar sus propios activos: requiere mapear terceros, anticipar riesgos de bloqueo, diseñar rutas de protección internacional y asumir que la propiedad intelectual dejó de ser un componente defensivo para convertirse en una variable central de negocio. Esa es, precisamente, una de las lecciones más relevantes para cualquier actor latinoamericano que aspire a escalar.
Aunque Estados Unidos ya no domina por cantidad, conserva una ventaja decisiva en otra dimensión: su capacidad para traducir innovación patentable en valor económico verificable. Esa fortaleza no depende solo del sistema de patentes, sino de la relación entre propiedad intelectual, capital, investigación aplicada y expansión comercial. En 2024, la inversión privada en IA en Estados Unidos alcanzó USD 109,1 mil millones, casi doce veces la de China, que se ubicó en USD 9,3 mil millones, según el AI Index 2025 de Stanford.
Ese dato importa porque la valorización estratégica de una patente rara vez surge en abstracto. Una cartera gana densidad cuando se inserta en un ecosistema capaz de financiar desarrollo, acelerar adopción y sostener litigio o licenciamiento. En otras palabras, no toda patente relevante genera mercado, pero los mercados más robustos suelen concentrar los activos de PI con mayor capacidad de monetización. Por eso Estados Unidos sigue ocupando una posición singular, incluso en un escenario donde China lidera el conteo bruto.
A ello se suma un entorno regulatorio exigente. En julio de 2024, la USPTO emitió una actualización específica sobre patentabilidad de invenciones relacionadas con IA bajo el estándar de materia patentable del derecho estadounidense. La guía no relaja el examen; lo clarifica. El mensaje es relevante: la IA puede ser patentable, pero no por invocarse como etiqueta tecnológica, sino cuando las reivindicaciones muestran una aplicación concreta y jurídicamente defendible. Ese umbral no garantiza “mejores” patentes en términos absolutos, pero sí refuerza la percepción de que los activos concedidos en EE. UU. suelen atravesar un filtro técnico y legal más severo.
Desde la perspectiva de negocio, esto produce una consecuencia práctica: una patente estadounidense en IA no debe evaluarse solo por su texto o su fecha de concesión, sino por el ecosistema que la rodea. Cuando está acompañada de inversión, capacidad de despliegue y un mercado dispuesto a absorber esa tecnología, su valor estratégico puede ser muy superior al que su número sugeriría. Ahí reside una parte sustancial de la persistente ventaja norteamericana.
Sería un error, sin embargo, seguir leyendo el sistema chino con categorías de hace una década. El propio aparato institucional chino ha reconocido la necesidad de pasar de una lógica orientada al volumen a otra centrada en la calidad y el impacto económico. El cambio no es retórico. El gobierno anunció la eliminación progresiva de los subsidios a las patentes hasta 2025 para corregir incentivos que habían favorecido solicitudes de baja calidad.
Al mismo tiempo, CNIPA ha introducido métricas de “high-value invention patents”. A enero de 2026, China reportó 2,29 millones de patentes de invención de alto valor y un promedio de 16 patentes de alto valor por cada 10.000 personas, superando la meta de 12 prevista en su plan quinquenal. Además, alrededor del 70% de esas patentes se concentra en industrias estratégicas emergentes, entre ellas tecnologías ligadas a IA.
La mejora también alcanza la eficiencia del sistema. Según datos difundidos por CNIPA, el tiempo medio de examen de patentes de invención se redujo a 15,6 meses hacia fines de 2024, acercándose al objetivo de 15 meses. La velocidad, en sectores de ciclo tecnológico corto, no es un detalle administrativo: puede alterar calendarios de lanzamiento, ventanas de exclusividad y estrategias de entrada al mercado.
La lectura madura, entonces, no es que China “sigue ganando en cantidad pero pierde en calidad”. La lectura correcta es otra: China está intentando convertir su ventaja de escala en una ventaja de valor, y ya hay señales institucionales de esa transición. Para los titulares de derechos, esto cambia el análisis de riesgo. Las patentes chinas no pueden seguir tratándose como activos secundarios por defecto. Cada vez más, exigen revisión seria, due diligence robusta y decisiones de negocio menos intuitivas y más informadas.
Para empresarios, directivos e inversionistas, la pregunta no es quién “va ganando” la guerra simbólica entre China y Estados Unidos. La pregunta relevante es cómo esa competencia altera las decisiones concretas de protección, inversión y expansión.
La primera implicación es preventiva. Cualquier proyecto serio en IA necesita incorporar análisis de patent landscape y freedom to operate desde etapas tempranas. Cuando una tecnología se despliega en entornos con alta densidad de derechos, la omisión de esa revisión no es una falla jurídica menor; puede convertirse en una barrera material para comercializar, licenciar o escalar.
La segunda es de arquitectura de cartera. Una estrategia inteligente de propiedad intelectual ya no debería organizarse sobre la base de una sola jurisdicción “estrella”. En muchos casos, convendrá combinar la fortaleza de una solicitud o concesión en Estados Unidos, por su densidad estratégica y potencial de valorización, con protección en China por su escala, velocidad y centralidad industrial. No se trata de replicar registros indiscriminadamente, sino de alinear la cartera con mercados, socios, ciclos de producto y riesgos reales.
La tercera es interpretativa. Las cifras de patentes pueden seducir, pero también engañar. Un volumen extraordinario de solicitudes no siempre equivale a una cartera superior; del mismo modo, un portafolio más pequeño no necesariamente implica menor poder competitivo. Lo decisivo es la capacidad de esos derechos para ordenar una estrategia tecnológica y comercial sostenible.
La batalla por el dominio de la inteligencia artificial no se resolverá únicamente en laboratorios, rondas de inversión o centros de datos. También se definirá en oficinas de patentes, tribunales, negociaciones de licencia y decisiones corporativas sobre dónde proteger, cómo reivindicar y qué mercados priorizar.
China ha demostrado que la escala puede ser una forma de poder. Estados Unidos sigue mostrando que la selectividad, el capital y la capacidad de explotación también lo son. La tensión entre ambos modelos no desaparece; se vuelve más sofisticada. Y esa sofisticación deja una conclusión nítida: en IA, la propiedad intelectual ya no puede analizarse solo como registro, sino como estrategia. Quien confunda volumen con liderazgo automático, o calidad con inmunidad competitiva, llegará tarde a una conversación que ya cambió de nivel.
El valor de este debate no está en elegir un ganador retórico, sino en comprender cómo la propiedad intelectual redefine el margen de maniobra empresarial. En un entorno donde la tecnología avanza con rapidez, la diferencia real suele estar en quién interpreta mejor el riesgo, estructura mejor sus activos y entiende antes que los demás dónde se jugará la siguiente ventaja.
China National Intellectual Property Administration (CNIPA). (2024, diciembre 5). China accelerates patent review process to improve innovation protection.
China National Intellectual Property Administration (CNIPA). (2026, enero 27). Chinese mainland reaches 2.29 mln high-value invention patents in IP quality pursuit.
Stanford Institute for Human-Centered Artificial Intelligence. (2025). AI Index Report 2025.
United States Patent and Trademark Office (USPTO). (2024, julio 17). USPTO issues AI subject matter eligibility guidance.
World Intellectual Property Organization (WIPO). (2024, julio 3). China-based inventors filing most GenAI patents, WIPO data shows.
World Intellectual Property Organization (WIPO). (2025). PCT Highlights.
The State Council of the People’s Republic of China. (2022, enero 27). China to end patent subsidies by 2025.
El litigio iniciado por Joe Gibbs Racing (JGR) contra su exdirector de competición, Chris Gabehart, representa uno de los episodios más ilustrativos sobre la creciente relevancia de la propiedad intelectual, la información confidencial y los secretos comerciales dentro de las industrias deportivas altamente tecnológicas. Lo que en apariencia podría interpretarse como una disputa laboral entre un equipo y un exdirectivo se revela, tras un análisis jurídico más profundo, como un conflicto estructural sobre la protección del conocimiento estratégico como activo empresarial.
De acuerdo con los reportes del proceso judicial, JGR acusó a Gabehart de haber trasladado secretos comerciales y metodologías operativas al aceptar un nuevo cargo dentro de Spire Motorsports, uno de sus competidores directos dentro de la NASCAR. La demanda inicial, que ascendía aproximadamente a 8 millones de dólares, subraya el elevado valor económico que la organización atribuye a su capital intelectual y a la información técnica acumulada durante años de desarrollo competitivo.
Este caso refleja una tendencia cada vez más visible en sectores altamente especializados: la transición desde una economía basada en activos físicos hacia un modelo donde los activos intangibles —datos, algoritmos, procesos operativos y conocimiento técnico— constituyen la principal fuente de ventaja competitiva.
En el contexto de la NASCAR moderna, los secretos comerciales no se limitan a software propietario o listas de clientes. Por el contrario, abarcan un ecosistema complejo de información técnica y estratégica que incluye:
Estos elementos, considerados en conjunto, constituyen un patrimonio informacional acumulado cuya filtración o transferencia puede alterar significativamente el equilibrio competitivo entre equipos.
La propia documentación corporativa vinculada a JGR reconoce que la protección de su tecnología, propiedad intelectual y know-how confidencial es un componente esencial para mantener su posicionamiento competitivo dentro del automovilismo profesional.

Uno de los aspectos jurídicos más delicados del caso Gabehart radica en la distinción entre información documentada y conocimiento retenido mentalmente por un trabajador.
En su defensa, Gabehart argumentó que no había sustraído archivos, bases de datos ni documentos físicos del equipo. Según su posición, lo que trasladaba consigo era simplemente el conocimiento adquirido durante años de experiencia profesional.
Sin embargo, la doctrina jurídica sobre secretos comerciales ha reconocido reiteradamente que la apropiación indebida no requiere necesariamente la copia física de documentos. En determinados contextos, la reconstrucción de información confidencial mediante memoria o experiencia acumulada puede constituir igualmente una forma de uso indebido de secretos comerciales.
Diversos análisis doctrinales sobre el tema señalan que el uso de información estratégica adquirida bajo condiciones de confidencialidad puede configurar misappropriation incluso cuando la transferencia se produce únicamente a través del conocimiento humano.
Este principio obliga a las organizaciones a adoptar un enfoque más amplio respecto a la protección de sus activos intangibles. No basta con controlar el acceso a bases de datos o restringir la descarga de archivos; también resulta necesario:
En el caso de JGR, la empresa incluso había emitido previamente una amonestación formal por mal uso de información confidencial, lo que reforzó posteriormente su postura legal dentro del proceso judicial.

Desde una perspectiva estratégica, la actuación legal de Joe Gibbs Racing fue particularmente significativa.
En lugar de solicitar una prohibición permanente para impedir que Gabehart trabajara en el sector, la empresa optó por solicitar una orden de restricción temporal (Temporary Restraining Order – TRO) que limitara específicamente ciertas funciones consideradas sensibles.
Este enfoque presenta varias ventajas desde el punto de vista litigioso:
El juez federal de Carolina del Norte adoptó una solución intermedia: permitió que Gabehart continuara trabajando en Spire Motorsports, pero le prohibió participar en funciones que se superpusieran directamente con sus responsabilidades anteriores en JGR.
Esta decisión refleja un enfoque judicial cada vez más frecuente en litigios relacionados con propiedad intelectual y movilidad laboral: proteger los activos empresariales sin restringir excesivamente el derecho al trabajo.
El conflicto no debe analizarse de forma aislada. En otras industrias deportivas altamente tecnológicas, particularmente en la Fórmula 1, los conflictos relacionados con secretos comerciales y transferencia de ingenieros han sido frecuentes durante décadas.
Los equipos de Fórmula 1 gestionan estos riesgos mediante mecanismos institucionalizados como:
En contraste, la NASCAR ha operado históricamente con un marco institucional menos formalizado en materia de protección de conocimiento técnico.
Las ligas deportivas tradicionales estadounidenses, como la NFL, la NBA o la MLB, presentan dinámicas distintas. En estos entornos, los secretos comerciales suelen estar relacionados con:
En muchos casos, los convenios colectivos de negociación (CBAs) establecen reglas claras sobre la movilidad de jugadores y personal, reduciendo la necesidad de litigios basados exclusivamente en derecho civil.
En ausencia de estos mecanismos institucionales, la NASCAR se encuentra cada vez más expuesta a disputas judiciales basadas en legislación sobre secretos comerciales, lo que explica la creciente relevancia del caso Gabehart como precedente sectorial.

La decisión judicial en este caso probablemente tendrá consecuencias duraderas para la forma en que los equipos de NASCAR gestionan su capital humano y su información estratégica.
Entre las principales implicaciones se destacan:
Este escenario podría generar un incremento de litigios en el corto plazo, pero también podría acelerar la profesionalización jurídica del automovilismo deportivo, especialmente en lo que respecta a la gestión de información confidencial y propiedad intelectual.
El caso Gabehart marca un punto de inflexión en la evolución jurídica de la NASCAR.
Más allá de la disputa individual entre un equipo y un exdirectivo, el litigio revela una transformación estructural dentro del deporte profesional: el reconocimiento de que el conocimiento técnico, los datos y las metodologías operativas constituyen activos empresariales críticos.
La decisión judicial de permitir la movilidad laboral, pero restringir el uso de información sensible, refleja el intento del sistema jurídico de equilibrar dos principios fundamentales:
En última instancia, este caso demuestra que la gestión estratégica de la propiedad intelectual ya no es exclusiva de sectores tecnológicos tradicionales, sino que se ha convertido en un elemento esencial incluso en industrias deportivas donde la competencia se libra, aparentemente, únicamente en la pista.
Los eventos culturales de gran escala representan un punto de convergencia entre creatividad, industria cultural y propiedad intelectual. Cuando miles de espectadores presencian un concierto o festival, la experiencia artística visible sobre el escenario descansa, en realidad, sobre una compleja arquitectura de derechos que involucra compositores, intérpretes, productores fonográficos, editoriales musicales y organizaciones de gestión colectiva.
El incidente ocurrido durante la presentación del dúo británico Pet Shop Boys en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar constituye un ejemplo revelador de esta realidad. La decisión de excluir del repertorio la canción Go West, atribuida públicamente a “complejidades jurídicas”, expone las tensiones que pueden surgir cuando una obra musical se encuentra atravesada por múltiples capas de titularidad y licenciamiento.
En el ámbito del derecho de autor, la ejecución pública de una obra musical no se limita a una simple interpretación artística. Implica la autorización previa de los titulares de derechos sobre la obra original y, en determinados casos, sobre versiones posteriores que constituyen obras derivadas. Esta situación se vuelve particularmente relevante cuando una interpretación ampliamente conocida no corresponde a la versión original de la obra.
El caso de Go West ilustra este fenómeno. Aunque la versión popularizada por Pet Shop Boys en la década de 1990 es ampliamente reconocida por el público, la composición original pertenece a Jacques Morali, Henri Belolo y Victor Willis, miembros del proyecto musical Village People, quienes publicaron la obra en 1979. Desde la perspectiva del copyright, la versión de Pet Shop Boys constituye una adaptación musical de una obra preexistente, lo que introduce una doble cadena de derechos: por un lado, los derechos sobre la composición original y, por otro, los derechos sobre el fonograma y la adaptación posterior.
Este escenario refleja uno de los principios centrales del derecho de autor internacional: el titular de una obra tiene el derecho exclusivo de autorizar o prohibir la creación de adaptaciones o obras derivadas, así como su ejecución pública o reproducción. En consecuencia, la utilización de una versión adaptada puede requerir licencias adicionales respecto de la obra original y de la adaptación misma. Este principio se encuentra ampliamente reconocido en el marco del Convenio de Berna y en diversas legislaciones nacionales, así como en la doctrina internacional sobre gestión de derechos musicales.
En la práctica, la gestión de estas licencias suele realizarse a través de organizaciones de gestión colectiva, que administran repertorios musicales y otorgan autorizaciones para la comunicación pública de obras. Sin embargo, cuando existen múltiples titulares o acuerdos editoriales complejos, la obtención simultánea de todas las autorizaciones necesarias puede volverse un proceso altamente especializado y, en ocasiones, inviable dentro de los tiempos de producción de un espectáculo.
Desde la perspectiva de los organizadores de festivales, este tipo de incidentes pone de manifiesto la necesidad de implementar procesos rigurosos de due diligence en propiedad intelectual. La verificación previa del repertorio artístico, la identificación de posibles obras derivadas y la confirmación de licencias vigentes constituyen medidas esenciales para evitar contingencias legales que puedan afectar el desarrollo del evento.
Asimismo, este tipo de situaciones evidencia que la gestión de derechos de autor en la industria musical no es simplemente una cuestión administrativa, sino un elemento estructural en la planificación de eventos culturales. En ausencia de una gestión adecuada, incluso canciones emblemáticas pueden convertirse en fuentes de riesgo jurídico que obliguen a modificar un espectáculo en tiempo real.

En contraste con la naturaleza reactiva del incidente ocurrido en Viña del Mar, el sistema judicial español ha desarrollado un mecanismo institucional diseñado específicamente para gestionar conflictos de propiedad industrial en eventos comerciales de gran escala.
Los Juzgados Mercantiles de Barcelona implementaron un protocolo de actuación rápida inicialmente destinado a proteger los derechos de propiedad industrial durante el Mobile World Congress (MWC), una de las ferias tecnológicas más importantes del mundo. Con el tiempo, este mecanismo se ha extendido a otros eventos relevantes organizados por Fira Barcelona, como Alimentaria y Hostelco, consolidándose como una herramienta judicial especializada para la protección de activos intangibles en entornos de alta exposición comercial.
La lógica detrás de este protocolo responde a una realidad económica concreta: las ferias internacionales concentran en pocos días una gran cantidad de innovaciones tecnológicas, diseños industriales y nuevos productos. Este entorno incrementa significativamente el riesgo de infracciones relacionadas con marcas registradas, patentes o diseños industriales.
En ausencia de mecanismos judiciales ágiles, un conflicto de propiedad industrial podría prolongarse durante meses o años, generando daños económicos inmediatos para las empresas afectadas. Para mitigar este riesgo, el protocolo de Barcelona permite la adopción de medidas cautelares urgentes en un plazo aproximado de 48 horas, lo que facilita la resolución preliminar de disputas antes de que el evento concluya.
Este sistema judicial acelerado se basa en una coordinación previa entre los tribunales mercantiles, los organizadores de las ferias y los potenciales participantes. Las empresas pueden solicitar medidas cautelares si consideran que un producto expuesto infringe sus derechos de propiedad industrial, lo que permite a los jueces emitir órdenes inmediatas como la retirada de productos o la suspensión de su exhibición.
Desde una perspectiva institucional, este modelo representa una evolución significativa en la gestión judicial de la propiedad intelectual en eventos masivos. En lugar de reaccionar ante litigios posteriores al evento, el sistema se anticipa a posibles conflictos y establece mecanismos procesales que permiten una intervención rápida y efectiva.

La comparación entre ambos casos permite identificar una diferencia estructural entre dos ramas fundamentales de la propiedad intelectual.
El incidente de Viña del Mar se sitúa claramente dentro del ámbito del derecho de autor, cuyo objetivo principal es proteger la expresión creativa de los autores y garantizar su control sobre la utilización de obras literarias, artísticas y musicales.
Por el contrario, el protocolo judicial desarrollado en Barcelona se enfoca en la propiedad industrial, que protege los signos distintivos, las invenciones técnicas y los diseños utilizados en el comercio.
Esta distinción no es meramente conceptual. Determina los mecanismos de protección, los procedimientos de registro, la duración de los derechos y las estrategias jurídicas disponibles para su defensa.
Mientras el derecho de autor nace automáticamente con la creación de la obra y suele gestionarse a través de sistemas de licencias colectivas, la propiedad industrial requiere registros formales y litigios especializados ante tribunales competentes.
En consecuencia, los riesgos asociados a cada tipo de propiedad intelectual requieren estrategias de gestión completamente diferentes en el contexto de eventos masivos.

Los dos casos analizados ofrecen lecciones relevantes para distintos actores que participan en eventos culturales y comerciales.
Para los organizadores de festivales, la gestión de derechos de autor debe convertirse en un elemento central de la planificación del evento. La revisión anticipada del repertorio artístico y la verificación de licencias musicales constituyen medidas indispensables para evitar conflictos jurídicos.
Para los artistas y productores musicales, el caso evidencia la importancia de comprender las implicaciones legales de interpretar versiones adaptadas o derivadas de obras preexistentes. La verificación documental de licencias y la coordinación con organizaciones de gestión colectiva se vuelven prácticas esenciales para garantizar la viabilidad de una presentación internacional.
En el ámbito empresarial, las ferias comerciales plantean desafíos distintos. Para los expositores, la participación en eventos internacionales requiere una evaluación previa de posibles conflictos relacionados con marcas, patentes o diseños industriales. La existencia de mecanismos judiciales rápidos, como el protocolo de Barcelona, proporciona una herramienta adicional para proteger la innovación en entornos altamente competitivos.
La gestión de la propiedad intelectual en eventos masivos revela la coexistencia de dos enfoques complementarios. Por un lado, la diligencia preventiva en la gestión de derechos de autor resulta fundamental para evitar conflictos que puedan afectar la programación artística. Por otro, la creación de mecanismos judiciales ágiles demuestra cómo las instituciones pueden adaptarse para proteger los intereses económicos vinculados a la innovación.
El incidente de Viña del Mar y el protocolo de actuación rápida de Barcelona representan, en esencia, dos respuestas distintas frente a un mismo desafío: garantizar que la creatividad, la innovación y el comercio puedan desarrollarse en un entorno jurídico seguro.
En una economía global basada cada vez más en activos intangibles, la correcta gestión de la propiedad intelectual deja de ser un aspecto accesorio para convertirse en un componente estratégico de cualquier evento de alto impacto cultural o comercial.
El caso Microsoft Corporation v. Harold John (WIPO Case No. D2025-4870) constituye uno de los ejemplos más ilustrativos recientes sobre los límites de la protección marcaria en el entorno de los nombres de dominio. En este procedimiento administrativo ante la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), Microsoft solicitó la transferencia del dominio dataverse.com, argumentando que el registro del dominio violaba sus derechos sobre la marca DATAVERSE.
Sin embargo, el panel administrativo denegó la solicitud. El razonamiento central de la decisión no cuestionó la titularidad marcaria de Microsoft, sino que se concentró en un aspecto esencial del sistema UDRP: la obligación del demandante de demostrar que el dominio fue registrado y utilizado de mala fe.
La Política Uniforme de Resolución de Disputas de Nombres de Dominio (UDRP) establece tres requisitos acumulativos para que una demanda prospere:
Microsoft logró acreditar el primer elemento, y parcialmente el segundo. No obstante, falló en demostrar el tercero, lo que resultó determinante para la decisión final.
El panel consideró creíble la explicación presentada por Harold John, quien sostuvo que había adquirido el dominio en mayo de 2021 con la intención de desarrollar un proyecto de consultoría relacionado con datos e inteligencia artificial. Según su argumento, el término dataverse constituía una combinación descriptiva de “data” y “universe”, utilizada de forma general dentro del lenguaje tecnológico.
El panel respaldó esta interpretación señalando que el término había sido utilizado previamente en ámbitos académicos, incluyendo el Harvard Dataverse Project, lo que reforzaba la naturaleza descriptiva del concepto. Esta circunstancia debilitó significativamente la tesis de Microsoft de que el dominio había sido registrado con la intención específica de aprovechar su reputación comercial.
El análisis del panel concluyó que no existía evidencia suficiente de “targeting”, es decir, de que el registrante hubiese tenido como objetivo explotar la reputación de Microsoft al momento del registro del dominio.
En consecuencia, la demanda fue rechazada.

La decisión en Microsoft v. John no constituye un caso aislado, sino que se inserta en una línea jurisprudencial consolidada dentro de la OMPI: los términos descriptivos o genéricos difícilmente pueden monopolizarse mediante disputas UDRP.
Uno de los precedentes más citados en esta materia es Zaman Tours v. Laura Leader (WIPO Case No. D2021-3803). En ese caso, la empresa Zaman Tours reclamó el dominio petrabynight.com, alegando que el término estaba asociado a su evento turístico en Jordania.
El panel rechazó la demanda señalando que “Petra by Night” era una expresión descriptiva utilizada por múltiples operadores turísticos, lo que impedía atribuirle una exclusividad marcaria clara. El tribunal enfatizó que la empresa demandante no logró demostrar que el término hubiera adquirido distintividad secundaria antes del registro del dominio.
Otro precedente relevante es Dentless, LLC v. Dent Guys, Inc., donde se disputó el dominio dentless.com. El panel concluyó que la palabra “dentless” era ampliamente utilizada en el sector de reparación automotriz para describir técnicas sin deformación visible, por lo que no podía considerarse un término exclusivo de una sola empresa.
Estos casos evidencian un criterio consistente de los paneles UDRP:
la existencia de una marca registrada no implica automáticamente la mala fe del registrante del dominio, especialmente cuando el término posee un significado descriptivo dentro del sector económico correspondiente.
La jurisprudencia exige algo más: evidencia concreta de intención de aprovechar la reputación del titular marcario.
El caso Dataverse refuerza un principio cada vez más claro en el derecho de internet: la carga probatoria para demostrar mala fe se ha vuelto más exigente.
Los paneles de la OMPI analizan múltiples factores antes de concluir que existe mala fe, entre ellos:
En el caso Dataverse, el panel observó que el sitio web asociado al dominio era básico y en desarrollo, pero no contenía elementos que indicaran suplantación de Microsoft ni explotación de su reputación.
Esta conclusión refuerza un criterio recurrente en las decisiones UDRP: un sitio web poco desarrollado no constituye por sí mismo evidencia de cybersquatting.
Para que exista mala fe, deben existir indicios claros de intención de:

El fallo tiene implicaciones relevantes para la gestión estratégica de activos intangibles en la economía digital.
Durante años, muchas empresas tecnológicas adoptaron una estrategia relativamente sencilla: registrar la marca y, posteriormente, reclamar los dominios equivalentes mediante procedimientos UDRP.
La jurisprudencia reciente demuestra que esta estrategia ya no es suficiente.
Las empresas tecnológicas deben considerar al menos tres dimensiones estratégicas:
1. Construcción de marcas distintivas
Los nombres altamente descriptivos, como cloud storage, smart data o dataverse, son más vulnerables a disputas legales.
Por el contrario, marcas arbitrarias o sugestivas como Google, Apple o Xerox ofrecen un nivel de protección jurídica considerablemente mayor.
En términos de estrategia marcaria, esto implica que la creatividad en el branding se convierte en un elemento de protección jurídica.
2. Gestión estratégica del portafolio de dominios
Las compañías deben adoptar una política más proactiva de registro de dominios, incluyendo:
Esta práctica reduce significativamente el riesgo de disputas posteriores.
3. Documentación del reconocimiento de marca
Cuando se inicia un procedimiento UDRP, resulta crucial demostrar que la marca ya gozaba de reconocimiento significativo al momento del registro del dominio.
Esto puede acreditarse mediante:
Sin este tipo de evidencia, demostrar mala fe resulta considerablemente más difícil.

A pesar de la derrota jurídica, el impacto real sobre el capital intelectual de Microsoft probablemente sea limitado.
El valor de una marca tecnológica global no depende únicamente de la titularidad de un dominio específico, sino de un ecosistema mucho más amplio de:
Además, el respeto a las decisiones de organismos internacionales como la OMPI puede reforzar la imagen de la empresa como un actor responsable dentro del ecosistema digital.
Más importante aún, el caso contribuye a consolidar un principio fundamental del derecho de internet: la protección de marcas no debe convertirse en un mecanismo para monopolizar el lenguaje técnico común.
Este equilibrio entre derechos de propiedad intelectual y libertad de uso del lenguaje resulta esencial para preservar un entorno digital abierto y competitivo.
El caso Microsoft v. Harold John marca un punto de inflexión en la interpretación contemporánea de la UDRP y las disputas sobre nombres de dominio.
La decisión confirma que la titularidad de una marca registrada constituye apenas el primer paso en un procedimiento de este tipo. El verdadero desafío jurídico reside en demostrar que el dominio fue registrado con la intención específica de explotar o perjudicar la reputación del titular marcario.
Para las empresas tecnológicas, la lección es clara: la protección de los activos digitales ya no puede depender exclusivamente del registro de marcas. Debe integrarse dentro de una estrategia más amplia que combine branding distintivo, gestión activa de dominios y evidencia sólida de reconocimiento de marca.
En un ecosistema digital donde el lenguaje técnico es cada vez más compartido, la fortaleza de una marca dependerá tanto de su estrategia jurídica como de su capacidad real de generar valor e innovación en el mercado.
El análisis contemporáneo de la participación femenina en el sistema global de propiedad intelectual evidencia una paradoja persistente: mientras los indicadores muestran avances graduales hacia una mayor inclusión, las mujeres continúan estando significativamente subrepresentadas en los mecanismos formales de protección de la innovación. Esta tensión entre progreso estadístico y desigualdad estructural constituye uno de los desafíos más relevantes en la gobernanza internacional del conocimiento.
Los datos más consistentes provienen del ámbito de las patentes, donde la brecha de género es más visible. De acuerdo con estadísticas recientes de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), aproximadamente el 18% de los inventores listados en solicitudes internacionales bajo el Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT) en 2024 eran mujeres, lo que representa un incremento respecto al 11,6% registrado una década atrás (WIPO, 2023). Aunque esta evolución refleja una tendencia positiva, también confirma que el acceso de las mujeres a los sistemas formales de innovación continúa siendo limitado.
Un indicador complementario muestra que cerca del 34,7% de las solicitudes de patente incluyen al menos una inventora, lo que evidencia que la participación femenina se incrementa especialmente en contextos de investigación colaborativa. Sin embargo, la brecha persiste cuando se analizan las titularidades individuales o los liderazgos de proyectos de innovación (Sugimoto et al., 2015).
Las diferencias regionales también resultan significativas. En Europa, por ejemplo, solo una de cada siete solicitudes de patente incluye a una mujer inventora, lo que refleja la persistencia de desigualdades estructurales dentro de los ecosistemas científicos y tecnológicos (WorldEconomic Forum, 2023). En contraste, ciertos países han logrado avances más rápidos mediante políticas específicas de apoyo a la innovación femenina.
El ámbito académico constituye una excepción relativa dentro de este panorama. Diversos estudios muestran que la participación de investigadoras en procesos de patentamiento ha aumentado de manera sostenida durante las últimas décadas. No obstante, incluso en este entorno institucional, las académicas patentan aproximadamente al 40% de la tasa observada entre sus colegas masculinos, lo que demuestra que la brecha no desaparece completamente ni siquiera en contextos donde la investigación es el eje central de la actividad profesional (Ding, Murray & Stuart, 2006).
En contraste con el ámbito de las patentes, la información sobre participación femenina en marcas comerciales, diseños industriales o indicaciones geográficas presenta una limitación metodológica relevante: la ausencia de datos sistemáticamente desagregados por género. Los informes globales de actividad marcaria elaborados por la OMPI no suelen distinguir el sexo de los solicitantes, lo que dificulta el análisis preciso de la participación femenina en estos instrumentos de propiedad intelectual (WIPO, 2023).
Esta ausencia de información constituye, en sí misma, un obstáculo estructural. Sin métricas adecuadas resulta difícil diseñar políticas públicas efectivas o medir el impacto de programas destinados a promover el emprendimiento femenino dentro de la economía del conocimiento.
Por otra parte, el ecosistema global de innovación —particularmente en sectores como inteligencia artificial, computación cuántica, biotecnología o ciberseguridad— continúa estando dominado por disciplinas STEM, ámbitos donde la participación femenina sigue siendo comparativamente menor (UNESCO, 2022). Dado que muchas estrategias de protección marcaria y desarrollo de activos intangibles surgen precisamente de innovaciones tecnológicas, esta desigualdad estructural termina replicándose indirectamente dentro del sistema de marcas.
En definitiva, el análisis cuantitativo muestra que el talento innovador femenino existe y crece de manera sostenida. Sin embargo, el sistema global de propiedad intelectual aún no refleja plenamente esa realidad, lo que evidencia la necesidad de desarrollar mecanismos más inclusivos para medir, proteger y promover la innovación.

Las barreras económicas constituyen uno de los factores más determinantes en la persistencia de la brecha de género dentro del sistema de innovación. La evidencia internacional demuestra que las mujeres enfrentan dificultades estructurales para acceder a capital, crédito y financiamiento estratégico, elementos fundamentales para transformar ideas en activos protegibles de propiedad intelectual.
En economías emergentes y en desarrollo, se estima que existe una brecha de financiamiento cercana a los 1,9 billones de dólares para empresas propiedad de mujeres, lo que limita significativamente su capacidad para iniciar o expandir proyectos empresariales (World Bank, 2020). Esta restricción de capital impacta directamente en la capacidad de las emprendedoras para invertir en investigación y desarrollo, protección de patentes o estrategias de registro de marca.
Incluso en economías desarrolladas, la desigualdad persiste. Las mujeres tienen aproximadamente la mitad de probabilidades que los hombres de obtener financiamiento bancario para iniciar o expandir un negocio, lo que evidencia la existencia de barreras sistémicas dentro de los sistemas financieros (OECD, 2022).
La situación es aún más desigual en el ámbito del capital de riesgo, principal motor de innovación tecnológica a escala global. Diversos informes indican que solo alrededor del 2% del capital de riesgo global se dirige a startups fundadas exclusivamente por mujeres, y que, cuando reciben financiamiento, los montos suelen ser significativamente menores que los asignados a equipos masculinos (WIPO, 2022).
Este fenómeno genera un círculo estructural de exclusión. La falta de financiamiento limita la posibilidad de proteger la innovación mediante patentes, marcas o diseños industriales, lo que a su vez reduce el atractivo de los proyectos frente a potenciales inversionistas. De esta manera, las innovaciones lideradas por mujeres enfrentan mayores dificultades para escalar dentro del mercado.
La OMPI ha reconocido que esta exclusión financiera tiene consecuencias directas sobre la participación femenina en el sistema de propiedad intelectual, afectando tanto la generación de activos intangibles como su posterior comercialización (WIPO, 2023).
Superar esta barrera requiere no solo ampliar el acceso al crédito, sino también desarrollar mecanismos específicos de apoyo a emprendimientos liderados por mujeres, incluyendo fondos especializados, programas de mentoría y herramientas de capacitación financiera.

Más allá de las barreras económicas, la brecha de género en la innovación también responde a factores culturales profundamente arraigados. Durante gran parte de la historia moderna, las mujeres enfrentaron limitaciones legales que restringían su capacidad para poseer bienes o registrar invenciones.
Hasta finales del siglo XIX, en jurisdicciones como el Reino Unido o Estados Unidos, las mujeres casadas no podían poseer legalmente propiedad intelectual, lo que implicaba que muchas de sus invenciones debían registrarse a nombre de sus esposos o tutores masculinos (WIPO, 2023).
Este legado histórico ha influido en la construcción cultural de la figura del inventor, tradicionalmente asociada a perfiles masculinos. Casos emblemáticos como el de Margaret Knight, quien tuvo que litigar para demostrar la autoría de su máquina para fabricar bolsas de papel, ilustran la resistencia histórica a reconocer la innovación femenina.
Aunque el marco jurídico actual ha evolucionado significativamente, diversos estudios demuestran que persisten sesgos inconscientes en los sistemas de atribución científica y tecnológica, donde las contribuciones de las mujeres tienden a recibir menor reconocimiento o visibilidad (Sugimoto et al., 2015).
Estos sesgos influyen no solo en el reconocimiento académico, sino también en el acceso a oportunidades de financiamiento, liderazgo de proyectos e incorporación en redes de innovación.

Incluso cuando las mujeres logran superar las barreras económicas y culturales, el propio sistema de propiedad intelectual puede presentar obstáculos adicionales. Investigaciones recientes sugieren que las solicitudes de patente presentadas por inventoras pueden enfrentar mayores tasas de rechazo durante el proceso de examen, lo que plantea interrogantes sobre posibles sesgos estructurales dentro de los sistemas de evaluación técnica.
Un estudio publicado en Scientific Reports encontró que las inventoras presentan mayores probabilidades de recibir objeciones iniciales durante la tramitación de patentes, lo que podría estar relacionado con factores como menor acceso a asesoría especializada o menor experiencia previa en procesos de patentamiento (Jensen et al., 2018).
Asimismo, la complejidad técnica y jurídica de los procedimientos de registro puede generar tasas de abandono más elevadas entre solicitantes con menos experiencia en el sistema.
Por esta razón, diversos organismos internacionales han comenzado a promover programas de mentoría y acompañamiento dirigidos específicamente a mujeres innovadoras.
Frente a estas desigualdades, diversas instituciones internacionales han desarrollado iniciativas orientadas a promover una mayor participación femenina en el sistema de propiedad intelectual.
Uno de los esfuerzos más relevantes es el Plan de Acción sobre Propiedad Intelectual y Género (IPGAP) impulsado por la OMPI en 2023, cuyo objetivo es fortalecer la inclusión de mujeres innovadoras a través de políticas de capacitación, recolección de datos y promoción institucional (WIPO, 2023).
A nivel nacional, diversos países han implementado programas específicos para apoyar a mujeres emprendedoras en el registro y gestión de activos de propiedad intelectual. Entre ellos destacan programas de mentoría en oficinas de propiedad industrial, incentivos financieros para solicitudes de patente y plataformas de apoyo para startups lideradas por mujeres.
Estas iniciativas reflejan una creciente comprensión de que la equidad de género no es únicamente un objetivo social, sino también una condición necesaria para el desarrollo sostenible de los ecosistemas de innovación.
Ding, W., Murray, F., & Stuart, T. (2006). Gender differences in patenting in the academic life sciences. Science, 313(5787).
https://www.science.org/doi/10.1126/science.1124832
Sugimoto, C., Ni, C., West, J., & Larivière, V. (2015). The academic advantage: Gender disparities in patenting. PLoS ONE.
https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0128000
UNESCO. (2022). Cracking the Code: Girls’ and Women’s Education in STEM.
https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000366649
World Bank. (2020). Women, Business and the Law.
https://wbl.worldbank.org/en/wbl
World Economic Forum. (2023). Global Gender Gap Report.
https://www.weforum.org/reports/global-gender-gap-report-2023/
WIPO. (2023). World Intellectual Property Indicators.
https://www.wipo.int/publications/en/details.jsp?id=4654
WIPO. Women and Intellectual Property Initiative.
https://www.wipo.int/women-and-ip/en/
La Clasificación de Niza constituye el sistema internacional estandarizado para la organización de productos y servicios con fines de registro marcario, estructurado en 45 clases: las clases 1 a 34 destinadas a productos y las clases 35 a 45 a servicios. Este sistema, ampliamente utilizado por oficinas de propiedad intelectual y titulares de derechos a nivel global, permite una identificación uniforme del alcance de la protección marcaria.
El sistema fue establecido mediante el Arreglo de Niza, adoptado el 15 de junio de 1957 en la ciudad francesa de Niza, posteriormente revisado en Estocolmo (1967) y modificado en 1979. Su administración y actualización corresponden a la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI/WIPO), como parte de su mandato de armonización internacional de los sistemas de propiedad industrial.
Es importante aclarar que la 13.ª edición de la Clasificación de Niza (NCL 13-2026) entró en vigor el 1 de enero de 2026, a nivel internacional. A diferencia de lo que suele asumirse, la Clasificación no se modifica anualmente en su estructura base, sino que se organiza en ediciones principales que se actualizan periódicamente, complementadas por versiones anualesdestinadas a ajustes terminológicos y técnicos.
La NCL 13-2026 marca así un hito relevante en la evolución del sistema, introduciendo cambios conceptuales que impactan directamente en la estrategia de protección de marcas.

Un cambio paradigmático: el criterio funcional
La principal innovación de la edición 13 es la consolidación de un criterio funcional como eje central de la clasificación. Este enfoque prioriza el uso, finalidad o función principal del producto o servicio, por encima de descripciones basadas únicamente en su composición material o en elementos tecnológicos accesorios.
El objetivo es reducir ambigüedades históricas, mejorar la coherencia del sistema y alinear la clasificación con las dinámicas reales del mercado, facilitando tanto el examen de fondo por parte de las oficinas de marcas como la previsibilidad para los titulares de derechos.
Principales reclasificaciones estructurales
Los cambios más visibles se concentran en la Clase 9, tradicionalmente utilizada de forma expansiva para productos tecnológicos. La NCL 13-2026 introduce una reorganización significativa, redistribuyendo ciertos bienes conforme a su función principal:
| Producto / Servicio | Clasificación anterior | Nueva clasificación (NCL 13-2026) | Fundamento funcional |
| Gafas y lentes ópticos (incl. gafas de sol) | Clase 9 | Clase 10 | Uso vinculado a la salud visual |
| Vehículos de rescate y emergencia | Clase 9 | Clase 12 | Función primaria de transporte |
| Luces de buceo | Clase 9 | Clase 11 | Finalidad lumínica específica |
| Ropa calefactada | Clase 9 | Clase 25 | Naturaleza de prenda de vestir |
Estas reclasificaciones responden a una lógica de función predominante, evitando que la mera incorporación de tecnología determine la clase aplicable.
Incorporación de bienes y servicios emergentes
La edición 13 integra de forma expresa nuevas categorías alineadas con la economía digital y sostenible, entre ellas:
Esta incorporación reduce la necesidad de interpretaciones forzadas y mejora la seguridad jurídica para modelos de negocio innovadores.
Actualización terminológica y técnica
La NCL 13-2026 incluye una revisión integral de notas explicativas y encabezados de clase, orientada a:

Marco normativo nacional
Ecuador, como Estado parte del Arreglo de Niza, está obligado a adoptar las actualizaciones de la Clasificación conforme a sus compromisos internacionales. La autoridad competente es el Servicio Nacional de Derechos Intelectuales(SENADI), entidad adscrita al Ministerio de Producción, Comercio Exterior, Inversiones y Pesca.
Comunicación oficial y Boletín de Prensa No. 38
El 27 de enero de 2026, el SENADI emitió el Boletín de Prensa No. 38, confirmando la vigencia de la Clasificación de Niza, edición 13, a partir del 1 de enero de 2026. El comunicado:
Esta información ha sido difundida a través del portal institucional, redes sociales oficiales y la Gaceta de Propiedad Intelectual correspondiente a 2026.
Procedimiento de registro bajo NCL 13-2026
El procedimiento de registro de marcas en Ecuador mantiene su estructura general, con ajustes relevantes en materia clasificatoria:

Nuevas solicitudes (desde el 1 de enero de 2026)
Registros existentes (anteriores al 1 de enero de 2026)
Riesgos de una incorrecta adaptación
Perspectivas futuras
La NCL 13-2026 consolida una clasificación más dinámica y alineada con la economía digital. Es previsible que futuras versiones profundicen la regulación de:
La adopción oportuna de esta edición posiciona a Ecuador dentro de los estándares internacionales más avanzados en materia de propiedad industrial, fortaleciendo la protección de innovaciones locales y la atracción de inversión extranjera.
OMPI/WIPO – NCLPUB (versión interactiva): https://nclpub.wipo.int/esen/
SENADI Ecuador: https://www.derechosintelectuales.gob.ec/
Clasificación de Niza 13-2026 (PDF completo): disponible en el portal WIPO
La conversación global sobre propiedad intelectual suele estar dominada por litigios en Estados Unidos, pronunciamientos regulatorios de alto perfil y debates académicos sobre inteligencia artificial. Sin embargo, cuando esas tendencias se miran desde América Latina —y particularmente desde mercados como Ecuador— el orden de prioridades cambia.
No todo lo que es jurídicamente disruptivo en el norte es lo más urgente en nuestra región. En 2026, la pregunta relevante no es solo qué está pasando, sino qué nos expone hoy a mayor riesgo legal, reputacional y económico. Bajo esa lógica, estas son las siete tendencias clave, reorganizadas desde una perspectiva latinoamericana.
Para América Latina, la publicidad es el primer frente de riesgo real en propiedad intelectual y competencia desleal. No por sofisticación técnica, sino por volumen, visibilidad y facilidad de fiscalización.
Autoridades, competidores y consumidores exigen cada vez más que los reclamos publicitarios —especialmente los vinculados a rendimiento, salud y tecnología— estén respaldados por evidencia sólida y verificable. En Estados Unidos, la Federal Trade Commission ha sido clara: toda afirmación debe contar con competent and reliable evidence. Esa lógica se está trasladando progresivamente a otros sistemas regulatorios.
En la práctica, esto implica:
Para empresas ecuatorianas, esta tendencia es crítica: la publicidad suele ser el primer punto de ataque en disputas de PI, tanto por autoridades como por competidores. En 2026, la coherencia entre mensaje, evidencia y percepción del consumidor será clave para evitar sanciones y litigios.

En América Latina, la batalla contra las imitaciones no ocurre tanto en patentes complejas, sino en la apariencia del producto. Empaques, colores, formas y “sensación general” siguen siendo uno de los activos más copiados.
La llamada dupe culture continuará intensificándose. Tribunales en distintas jurisdicciones han dejado claro que el análisis no se limita a logotipos, sino al look and feel global del producto. Casos recientes en EE. UU. —como los litigios que involucran a grandes marcas de consumo— muestran que incluso cuando el consumidor sabe que compra una versión más barata, puede existir aprovechamiento indebido de reputación.
Desde la óptica latinoamericana:
En 2026, el diseño seguirá siendo uno de los frentes más activos de enforcement en la región.
A diferencia del copyright, los secretos comerciales suelen ser el activo intangible más valioso —y más frágil— para empresas latinoamericanas. La irrupción de la IA ha reducido drásticamente las barreras para descubrir información estratégica mediante ingeniería inversa avanzada.
Modelos entrenados con información pública pueden inferir procesos, fórmulas o estrategias que antes se consideraban razonablemente protegidas. Esto obliga a replantear una decisión clásica: ¿conviene seguir guardando un know-how como secreto o es preferible patentar antes de que sea inferible?
El riesgo se agrava con el uso cotidiano de herramientas de IA por empleados. Prompts, resultados y archivos cargados en plataformas públicas pueden destruir la confidencialidad sin intención alguna. Ya se discute en tribunales si esos datos pertenecen a la empresa o al proveedor del sistema de IA.
Para 2026, las empresas deberán:

La United States Patent and Trademark Office ha anunciado una modernización profunda del sistema marcario. Desde enero de 2026 entra en vigor una nueva edición de la Clasificación de Niza, con ajustes relevantes para software, productos digitales y activos virtuales.
Para empresas latinoamericanas con estrategias de marca internacional, esto implica:
Al mismo tiempo, la USPTO ha intensificado su lucha contra solicitudes fraudulentas, cancelando decenas de miles de registros presentados con pruebas falsas. El mensaje es claro: la velocidad no reemplaza la precisión técnica.
Aunque el debate sobre IA y copyright domina titulares, desde América Latina su impacto es relevante pero no prioritario frente a otros riesgos más inmediatos.
Los tribunales estadounidenses han emitido decisiones contradictorias sobre el uso de obras protegidas para entrenar modelos de IA. Paralelamente, la Oficina de Copyright de EE. UU. ha advertido que este uso puede implicar infracción si no existe licencia o defensa legal sólida.
Para 2026 se espera mayor claridad jurisprudencial, especialmente en instancias de apelación. Mientras tanto, la tendencia apunta a:
Para empresas ecuatorianas que consumen IA más que desarrollarla, el riesgo es indirecto pero creciente.
Cambios regulatorios en Estados Unidos han endurecido el control sobre sorteos, fantasy sports y mercados de predicción, extendiendo la responsabilidad no solo a operadores, sino también a quienes facilitan o promocionan estas actividades.
Aunque Ecuador no replica este marco normativo, la señal es clara: modelos promocionales que antes parecían inocuos pueden ser considerados ilegales. Para 2026, cualquier campaña con premios, dinámicas de azar o mecánicas híbridas deberá revisarse con lupa desde el cumplimiento normativo local.

Finalmente, una tendencia más técnica pero relevante para operaciones transfronterizas: la divergencia en tribunales estadounidenses sobre cuán detallado debe ser un secreto comercial al iniciar una demanda.
Algunos tribunales exigen precisión absoluta desde el inicio; otros permiten definiciones más generales que se afinan durante el proceso. Esta disparidad afecta costos, viabilidad del reclamo y elección del foro.
Para empresas latinoamericanas que litigan o cooperan con socios en EE. UU., la preparación previa y la definición interna de los secretos será determinante.
Visto desde América Latina, el mapa de prioridades en propiedad intelectual para 2026 es claro: primero publicidad, diseño y secretos comerciales; luego marcas y tecnología; y finalmente los grandes debates estructurales sobre IA y copyright.
La PI ya no es solo un asunto de registro o litigio: es una herramienta estratégica que atraviesa marketing, innovación, cumplimiento y reputación. Anticiparse a estas tendencias no es una opción defensiva, sino una ventaja competitiva en mercados cada vez más expuestos y vigilados.
Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI/WIPO). Clasificación de Niza – Edición 13, versión 2026 (NCL 13-2026). Entrada en vigor: 1 de enero de 2026. https://www.wipo.int/es/web/classification-nice
Servicio Nacional de Derechos Intelectuales (SENADI) – Ecuador. Boletín de Prensa No. 38: "Nueva clasificación de Niza entra en vigencia en 2026 y moderniza los criterios para registrar marcas". 27 de enero de 2026. https://www.derechosintelectuales.gob.ec/nueva-clasificacion-de-niza-entra-en-vigencia-en-2026-y-moderniza-los-criterios-para-registrar-marcas/
Corsearch. "Clasificación de Niza 2026: La guía esencial para profesionales de marcas". Diciembre de 2025. https://corsearch.com/es/content-library/blog/the-essential-guide-for-trademark-professionals/
Comunidad Andina. Manual de Marcas – Primera edición. Agosto de 2023. https://www.comunidadandina.org/wp-content/uploads/2023/08/MANUAL-DE-MARCAS-COMPLETO-.pdf
A inicios de 2026, una notificación emitida por la autoridad aduanera en Guayaquil activó uno de los mecanismos más relevantes en la protección de derechos de propiedad industrial. El trámite de nacionalización de un cargamento fue suspendido tras identificarse indicios de posible vulneración a marcas protegidas, en aplicación de las disposiciones legales que regulan las medidas en frontera.
Lo que inicialmente era un proceso regular de importación se transformó en un escenario jurídico complejo. La intervención no respondía a una infracción confirmada, sino a algo más significativo: la presunción fundada de que el valor intangible de múltiples marcas podría verse afectado si las mercancías ingresaban al mercado.

La revisión preliminar permitió identificar una amplia variedad de productos, principalmente accesorios y artículos de uso personal, incluyendo bolsos, billeteras y gorras, todos portadores de signos distintivos asociados a marcas reconocidas internacionalmente.
Entre los productos identificados se encontraban:
Estas mercancías tenían como origen declarado el comercio internacional, lo que reforzó la necesidad de una evaluación técnica rigurosa sobre su legitimidad y su correspondencia con los derechos registrados en el país.
Los productos evidenciaban la presencia sistemática de signos distintivos incorporados en los productos, lo que convirtió el caso en un ejemplo claro de cómo la propiedad intelectual puede verse comprometida a través de canales comerciales transfronterizos.
La intervención jurídica en estos casos exige algo más que observar el producto. Requiere interpretar el contexto completo: la forma en que el signo se presenta, su correspondencia con derechos previamente protegidos y el impacto que su circulación tendría sobre la exclusividad del titular.
Cada elemento es evaluado no solo como un objeto físico, sino como un portador de significado comercial. La similitud no es únicamente visual, es funcional. Lo que está en juego no es el objeto, sino el valor que representa. El análisis transforma la sospecha en certeza jurídica, y la certeza en acción.

El mecanismo de suspensión en frontera constituye una de las herramientas más eficaces dentro del sistema de protección de marcas. Su relevancia radica en que permite intervenir antes de que la mercancía alcance al consumidor.
Una vez que un producto ingresa al mercado, el daño se multiplica y su contención se vuelve más compleja. La intervención en frontera, en cambio, preserva la integridad del sistema antes de que la vulneración se materialice plenamente. Este punto de control no es solo geográfico, es jurídico. Es el lugar donde el derecho se vuelve operativo.
La participación del estudio jurídico en este tipo de casos no se limita a responder a una notificación. Implica activar un proceso que conecta la marca con su defensa efectiva en el mercado. El registro otorga el derecho. La intervención lo protege. ›
Cada actuación fortalece la posición del titular, no solo en ese procedimiento específico, sino en el ecosistema comercial donde la marca existe. La defensa no es una reacción aislada, sino parte de una estrategia continua de preservación del valor intangible.
La protección de una marca no termina cuando se concede su registro. Ese acto representa el inicio de una responsabilidad permanente: asegurar que el derecho exista también en la realidad comercial.
La intervención en frontera representa el momento en que el sistema jurídico confirma que la protección no es simbólica, sino efectiva. Es ahí, en el punto donde una mercancía es detenida, donde la marca deja de ser un signo en un registro y se convierte en un derecho defendido en acción.
La reciente sanción impuesta por la Superintendencia de Protección de Datos Personales (SPDP) de Ecuador a LIGAPRO, una multa de USD 95,502.63 y la obligación de rediseñar su aplicación FAN ID en un plazo de 30 días, no es simplemente una noticia regulatoria. Es una señal de alerta contundente para todo el tejido empresarial del país: la protección de datos personales dejó de ser un tema técnico para convertirse en un imperativo estratégico.
Y los casos recientes van mucho más allá: la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF) enfrentó una multa de casi USD 200,000 por deficiencias en su gestión de riesgos, mientras que ambas entidades ya habían recibido sanciones previas superiores a los USD 250,000 por fallas estructurales en el tratamiento de datos biométricos.
¿Qué nos enseñan estos precedentes? Que el cumplimiento normativo no es opcional, ni tampoco un trámite burocrático. Es el cimiento sobre el cual se construye la confianza digital, la sostenibilidad operativa y la reputación corporativa en un mercado cada vez más exigente.

El corazón de la sanción a LIGAPRO radica en un concepto fundamental: la protección de datos debe integrarse desde el diseño y por defecto (Privacy by Design & by Default). La SPDP no sancionó un error puntual, sino la ausencia de una arquitectura preventiva. La aplicación FAN ID manejaba datos biométricos, considerados datos sensibles según la Ley Orgánica de Protección de Datos Personales (LOPDP), sin garantizar, de forma verificable, el cumplimiento de principios esenciales como la minimización, la pertinencia y la finalidad.
Para las empresas, esto implica un cambio de paradigma:
Ignorar este principio no solo expone a multas, que pueden alcanzar hasta el 2% del volumen de negocio según la gravedad, sino a la obligación de reconstruir sistemas enteros bajo presión regulatoria, con el consiguiente impacto operativo y financiero.

El caso de la FEF revela otra brecha: tener una metodología de gestión de riesgos no equivale a gestionar riesgos efectivamente. La institución presentó evaluaciones de impacto que concluyeron erróneamente en "riesgo cero", evidenciando una aplicación mecánica y descontextualizada de herramientas que deberían ser dinámicas y realistas.
Las empresas deben entender que:
Las sanciones económicas, aunque significativas, representan solo una fracción del costo total del incumplimiento:
| Componente | Impacto |
| Multas regulatorias | Desde el 0,1% hasta el 2% del volumen de negocio (infracciones leves a graves) |
| Costos correctivos | Rediseño de sistemas, eliminación de datos, notificaciones masivas a titulares |
| Daño reputacional | Pérdida de confianza de clientes, patrocinadores y socios estratégicos |
| Riesgo legal | Demandas individuales o colectivas por vulneración de derechos fundamentales |
| Paralización operativa | Medidas cautelares que pueden suspender servicios críticos para el negocio |
En el caso de LIGAPRO, además de pagar una multa, debió notificar a más de 14,000 usuarios que su consentimiento era inválido y eliminar sus datos. Esta operación masiva, además de costosa, erosionó la base de usuarios de su aplicación y generó titulares negativos en medios nacionales.

La SPDP está enviando un mensaje inequívoco: el derecho a la protección de datos personales es fundamental, no negociable, y su tutela es una prioridad institucional. Pero más allá de la coerción regulatoria, existe una oportunidad estratégica: las empresas que adopten la privacidad como valor diferencial ganarán la confianza de consumidores cada vez más conscientes de sus derechos digitales.
En un entorno donde los datos son el nuevo petróleo, quien los gestione con rigor, transparencia y respeto no solo evitará sanciones. Construirá ventaja competitiva sostenible, fidelizará clientes y posicionará su marca como referente de responsabilidad digital. La protección de datos ya no es un costo operativo: es una inversión en confianza, y la confianza es el activo más valioso de cualquier empresa en el siglo XXI.
Superintendencia de Protección de Datos Personales del Ecuador (SPDP), Boletines de Prensa Nros. 1 al 5, 2025-2026. Ley Orgánica de Protección de Datos Personales (LOPDP), Ecuador.
Una norma comunitaria mal aplicada en múltiples jurisdicciones. El sistema andino de propiedad industrial se diseñó sobre una premisa fundamental: el registro marcario no debe servir únicamente para organizar signos en un repositorio administrativo, sino para preservar la integridad del mercado. En ese contexto, el artículo 137 de la Decisión 486 cumple una función preventiva crítica al facultar a la autoridad nacional para denegar registros cuando existan indicios razonables de que la solicitud pretende facilitar o consolidar actos de competencia desleal.
Su formulación es deliberadamente anticipatoria. No exige la consumación del ilícito; basta la inferencia razonable basada en el contexto comercial. Sin embargo, en la práctica administrativa de diversas jurisdicciones andinas, Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia, la norma ha sido interpretada de forma restrictiva, desnaturalizando su alcance.
Tres patrones de aplicación errónea se repiten con notable consistencia:
El resultado es una paradoja institucional: una herramienta diseñada para prevenir distorsiones competitivas se transforma en una causal residual casi inoperante. Los casos que siguen ilustran cómo esta tensión se manifiesta en distintos escenarios de la Comunidad Andina.

En concordancia con el análisis desarrollado por José Roberto Herrera sobre la aplicación del artículo 137 de la Decisión 486, donde se enfatiza su naturaleza preventiva frente a solicitudes orientadas a obtener ventajas competitivas indebidas, resulta ilustrativo observar cómo este enfoque se proyecta en escenarios fácticos concretos dentro del mercado andino.
La solicitud de registro del signo EXPANPLUS para productos alimenticios en clase 30 confrontó a la autoridad con una situación particularmente reveladora. El solicitante comercializaba su producto utilizando simultáneamente la marca previamente registrada EXPANDEX, presentándolo como “EXPANDEX EXPANPLUS” en su propio canal comercial. Este comportamiento evidenciaba no solo conocimiento efectivo del signo anterior, sino indicios razonables de una estrategia dirigida al aprovechamiento reputacional y a la captación de clientela, precisamente el tipo de conducta que la causal del artículo 137 busca anticipar antes de que se consolide el daño competitivo.
No obstante, la autoridad administrativa descartó la aplicación del artículo 137 bajo dos argumentos recurrentes:
La consecuencia práctica fue la inversión del principio preventivo: en lugar de evaluar la solicitud como vehículo potencial de deslealtad, se exigió acreditar la deslealtad consumada. Así, el estándar probatorio desplazó el eje de análisis desde la inferencia administrativa hacia la litigación posterior, debilitando la capacidad del sistema de protección marcaria para intervenir tempranamente.
Este caso revela una falla estructural: cuando la autoridad ignora la evidencia contextual del mercado, el artículo 137 pierde su función higiénica y el registro puede convertirse en herramienta de apropiación reputacional.

Un precedente paradigmático analizado por el Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina examinó la solicitud de registro del signo DAPAC en el sector de electrodomésticos. La estrategia comercial del solicitante consistía en reproducir características visuales y canales de distribución asociados a productos de Electrolux, generando una apariencia de pertenencia a la misma esfera empresarial.
La autoridad nacional inicialmente concedió el registro, basando su análisis en la ausencia de similitud fonética directa. Esta aproximación, centrada exclusivamente en el signo aislado, ignoró el contexto competitivo.
El Tribunal Andino corrigió la interpretación al enfatizar un principio esencial:
La causal del artículo 137 se activa por indicios razonables de instrumentalización competitiva, incluso cuando las marcas no sean visualmente equivalentes.
Con ello estableció un estándar interpretativo que trasciende la comparación gráfica y exige examinar:
Este precedente reafirma que la función distintiva de la marca no se agota en el plano lingüístico; se materializa en la interacción económica real. Cuando el análisis administrativo ignora esa dimensión, la intervención supranacional se vuelve necesaria para restablecer coherencia jurídica.

El escenario ecuatoriano evidenció cómo el uso estratégico del artículo 137 puede revertir dinámicas especulativas en el registro marcario. Durante un periodo de alta presión registral en el sector cosmético, múltiples solicitantes intentaron inscribir variantes de marcas internacionales reconocidas sin actividad económica verificable en el sector.
El patrón indicaba un objetivo claro:
La autoridad nacional adoptó una postura preventiva, considerando que la ausencia de actividad comercial real combinada con la selección sistemática de signos notorios constituía un indicio suficiente de deslealtad potencial.
La denegación reiterada de estas solicitudes demostró que la aplicación coherente del artículo 137:
Este episodio confirma que la norma no requiere esperar la materialización del daño para cumplir su función regulatoria.
La jurisprudencia comunitaria ha sido clara al establecer que la autoridad administrativa debe evaluar indicios razonables sin exigir certeza probatoria plena. Entre las fuentes válidas de inferencia se reconocen:
Pese a su carácter vinculante, esta interpretación sigue enfrentando resistencias en la práctica administrativa nacional, lo que genera fragmentación en la aplicación del derecho comunitario y reduce previsibilidad en el sistema de registro de marcas.
Los escenarios examinados evidencian que la aplicación restrictiva del artículo 137 constituye un fenómeno transversal en la Comunidad Andina. No se trata de fallas aisladas, sino de una tensión estructural entre formalismo registral y análisis económico del mercado.
Cuando la norma se aplica conforme a su diseño, cumple funciones críticas:
La autoridad registral no es un custodio pasivo de expedientes, sino un actor clave en la arquitectura competitiva regional. Exigir prueba concluyente de deslealtad consumada equivale a renunciar a la función preventiva que justifica la existencia misma del artículo 137.
En última instancia, la verdadera fortaleza del sistema andino de propiedad industrial no radica en la acumulación de registros concedidos, sino en la capacidad institucional de impedir que la marca, instrumento de confianza económica, se transforme en una trampa estratégica para distorsionar el mercado.
INDECOPI. (2024). Resolución N° 1125-2024/CSD-PI. Sanción por competencia desleal en registro de marcas (caso Vistony/Viskosil). https://vlex.com.pe
INDECOPI. (2023). Resolución N° 145-2023/SDC-CND. Caso Nestlé Marcas Perú S.A.C. por actos de competencia desleal en publicidad.
INDECOPI. (2022). Lineamientos sobre Competencia Desleal y Publicidad Comercial. Lima: Comisión de Fiscalización de la Competencia Desleal.
SENADI. (2024). Resolución de nulidad por mala fe en registro marcario. Caso Trazano (OCPI 2025-385). https://www.abreuip.com/es/ecuador-nulidad-de-registro-marcario-por-mala-fe-del-registrante-caso-trazano-ocdi-2025-385/