El registro de una marca en Ecuador es un procedimiento administrativo y legal que exige precisión técnica. Un error en la búsqueda, en la clasificación o en la documentación puede traducirse en rechazos, oposiciones o pérdida de tiempo y recursos. Desde la práctica profesional en propiedad intelectual, este artículo explica de forma clara cómo registrar una marca en Ecuador, cuáles son los pasos oficiales, qué autoridad interviene y qué aspectos suelen generar más problemas en la práctica.
En Ecuador, el registro de marcas es administrado por la Servicio Nacional de Derechos Intelectuales (SENADI), entidad pública encargada de la recepción, examen, publicación y concesión de los derechos de propiedad industrial.
El procedimiento se rige por la Decisión 486 de la Comunidad Andina, normativa supranacional aplicable en Ecuador para marcas, patentes y otros signos distintivos; en concordancia con la normativa nacional en la materia, contenida en el Código Orgánico de la Economía Social de los Conocimientos, Creatividad e Innovación (Código Ingenios).
Antes de presentar la solicitud de registro de marca, es indispensable verificar su registrabilidad mediante una búsqueda de anterioridades. Este análisis permite identificar marcas idénticas o similares que ya hayan sido solicitadas o registradas con anterioridad.
Posteriormente, se recomienda realizar un análisis legal profesional, ya que el principal riesgo de rechazo u oposición no radica únicamente en la identidad exacta de las marcas, sino en su similitud fonética, gráfica o conceptual con signos distintivos preexistentes.
Para solicitar el registro de una marca se requiere:
La incorrecta selección de clases es uno de los errores más frecuentes y puede limitar gravemente la protección futura de la marca.
La tasa oficial para registrar una marca en una clase es de USD 208,00, conforme al tarifario vigente del SENADI.
El trámite se realiza exclusivamente en línea, mediante casillero virtual habilitado en la plataforma institucional.
Una vez presentada la solicitud, el SENADI realiza:
Si el examen de fondo es favorable, la solicitud avanza a publicación.
La marca se publica en la Gaceta de Propiedad Intelectual, abriendo un término de oposición de 30 días hábiles para que terceros puedan objetar el registro.
Las oposiciones son procedimientos administrativos, donde la estrategia legal resulta determinante.
Si no existen oposiciones, o si estas se resuelven favorablemente, el SENADI concede el registro. La marca queda protegida por 10 años, renovables indefinidamente.
Desde la experiencia profesional, los errores más frecuentes son:
El registro de marcas en Ecuador no es un trámite meramente administrativo, sino una decisión estratégica que impacta directamente en la seguridad jurídica y el valor comercial de una empresa. Contar con asesoría legal especializada en propiedad intelectual permite reducir riesgos, optimizar tiempos y proteger eficazmente los activos intangibles.
En un entorno cada vez más competitivo, registrar bien una marca es tan importante como crearla.
Una norma comunitaria mal aplicada en múltiples jurisdicciones. El sistema andino de propiedad industrial se diseñó sobre una premisa fundamental: el registro marcario no debe servir únicamente para organizar signos en un repositorio administrativo, sino para preservar la integridad del mercado. En ese contexto, el artículo 137 de la Decisión 486 cumple una función preventiva crítica al facultar a la autoridad nacional para denegar registros cuando existan indicios razonables de que la solicitud pretende facilitar o consolidar actos de competencia desleal.
Su formulación es deliberadamente anticipatoria. No exige la consumación del ilícito; basta la inferencia razonable basada en el contexto comercial. Sin embargo, en la práctica administrativa de diversas jurisdicciones andinas, Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia, la norma ha sido interpretada de forma restrictiva, desnaturalizando su alcance.
Tres patrones de aplicación errónea se repiten con notable consistencia:
El resultado es una paradoja institucional: una herramienta diseñada para prevenir distorsiones competitivas se transforma en una causal residual casi inoperante. Los casos que siguen ilustran cómo esta tensión se manifiesta en distintos escenarios de la Comunidad Andina.

En concordancia con el análisis desarrollado por José Roberto Herrera sobre la aplicación del artículo 137 de la Decisión 486, donde se enfatiza su naturaleza preventiva frente a solicitudes orientadas a obtener ventajas competitivas indebidas, resulta ilustrativo observar cómo este enfoque se proyecta en escenarios fácticos concretos dentro del mercado andino.
La solicitud de registro del signo EXPANPLUS para productos alimenticios en clase 30 confrontó a la autoridad con una situación particularmente reveladora. El solicitante comercializaba su producto utilizando simultáneamente la marca previamente registrada EXPANDEX, presentándolo como “EXPANDEX EXPANPLUS” en su propio canal comercial. Este comportamiento evidenciaba no solo conocimiento efectivo del signo anterior, sino indicios razonables de una estrategia dirigida al aprovechamiento reputacional y a la captación de clientela, precisamente el tipo de conducta que la causal del artículo 137 busca anticipar antes de que se consolide el daño competitivo.
No obstante, la autoridad administrativa descartó la aplicación del artículo 137 bajo dos argumentos recurrentes:
La consecuencia práctica fue la inversión del principio preventivo: en lugar de evaluar la solicitud como vehículo potencial de deslealtad, se exigió acreditar la deslealtad consumada. Así, el estándar probatorio desplazó el eje de análisis desde la inferencia administrativa hacia la litigación posterior, debilitando la capacidad del sistema de protección marcaria para intervenir tempranamente.
Este caso revela una falla estructural: cuando la autoridad ignora la evidencia contextual del mercado, el artículo 137 pierde su función higiénica y el registro puede convertirse en herramienta de apropiación reputacional.

Un precedente paradigmático analizado por el Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina examinó la solicitud de registro del signo DAPAC en el sector de electrodomésticos. La estrategia comercial del solicitante consistía en reproducir características visuales y canales de distribución asociados a productos de Electrolux, generando una apariencia de pertenencia a la misma esfera empresarial.
La autoridad nacional inicialmente concedió el registro, basando su análisis en la ausencia de similitud fonética directa. Esta aproximación, centrada exclusivamente en el signo aislado, ignoró el contexto competitivo.
El Tribunal Andino corrigió la interpretación al enfatizar un principio esencial:
La causal del artículo 137 se activa por indicios razonables de instrumentalización competitiva, incluso cuando las marcas no sean visualmente equivalentes.
Con ello estableció un estándar interpretativo que trasciende la comparación gráfica y exige examinar:
Este precedente reafirma que la función distintiva de la marca no se agota en el plano lingüístico; se materializa en la interacción económica real. Cuando el análisis administrativo ignora esa dimensión, la intervención supranacional se vuelve necesaria para restablecer coherencia jurídica.

El escenario ecuatoriano evidenció cómo el uso estratégico del artículo 137 puede revertir dinámicas especulativas en el registro marcario. Durante un periodo de alta presión registral en el sector cosmético, múltiples solicitantes intentaron inscribir variantes de marcas internacionales reconocidas sin actividad económica verificable en el sector.
El patrón indicaba un objetivo claro:
La autoridad nacional adoptó una postura preventiva, considerando que la ausencia de actividad comercial real combinada con la selección sistemática de signos notorios constituía un indicio suficiente de deslealtad potencial.
La denegación reiterada de estas solicitudes demostró que la aplicación coherente del artículo 137:
Este episodio confirma que la norma no requiere esperar la materialización del daño para cumplir su función regulatoria.
La jurisprudencia comunitaria ha sido clara al establecer que la autoridad administrativa debe evaluar indicios razonables sin exigir certeza probatoria plena. Entre las fuentes válidas de inferencia se reconocen:
Pese a su carácter vinculante, esta interpretación sigue enfrentando resistencias en la práctica administrativa nacional, lo que genera fragmentación en la aplicación del derecho comunitario y reduce previsibilidad en el sistema de registro de marcas.
Los escenarios examinados evidencian que la aplicación restrictiva del artículo 137 constituye un fenómeno transversal en la Comunidad Andina. No se trata de fallas aisladas, sino de una tensión estructural entre formalismo registral y análisis económico del mercado.
Cuando la norma se aplica conforme a su diseño, cumple funciones críticas:
La autoridad registral no es un custodio pasivo de expedientes, sino un actor clave en la arquitectura competitiva regional. Exigir prueba concluyente de deslealtad consumada equivale a renunciar a la función preventiva que justifica la existencia misma del artículo 137.
En última instancia, la verdadera fortaleza del sistema andino de propiedad industrial no radica en la acumulación de registros concedidos, sino en la capacidad institucional de impedir que la marca, instrumento de confianza económica, se transforme en una trampa estratégica para distorsionar el mercado.
INDECOPI. (2024). Resolución N° 1125-2024/CSD-PI. Sanción por competencia desleal en registro de marcas (caso Vistony/Viskosil). https://vlex.com.pe
INDECOPI. (2023). Resolución N° 145-2023/SDC-CND. Caso Nestlé Marcas Perú S.A.C. por actos de competencia desleal en publicidad.
INDECOPI. (2022). Lineamientos sobre Competencia Desleal y Publicidad Comercial. Lima: Comisión de Fiscalización de la Competencia Desleal.
SENADI. (2024). Resolución de nulidad por mala fe en registro marcario. Caso Trazano (OCPI 2025-385). https://www.abreuip.com/es/ecuador-nulidad-de-registro-marcario-por-mala-fe-del-registrante-caso-trazano-ocdi-2025-385/
Porque, pese a su impacto directo en competitividad, reputación y valor económico, aún se percibe como un trámite y no como una estrategia. En un entorno empresarial cada vez más expuesto a la copia, la informalidad y la competencia digital, la propiedad intelectual, en especial las marcas, se ha convertido en un factor decisivo para la sostenibilidad de los negocios.
En 2024, el Servicio Nacional de Derechos Intelectuales (SENADI) registró más de 13.000 solicitudes de registro de marca en Ecuador, una cifra que refleja un interés creciente, pero todavía insuficiente si se la compara con el número de empresas activas en el país. Esta brecha evidencia que una parte importante del tejido empresarial continúa operando sin protección formal de sus activos intangibles.
El SENADI es la única entidad pública competente en materia de propiedad intelectual en Ecuador y reemplazó definitivamente al antiguo IEPI. Su marco de actuación y servicios oficiales pueden consultarse en su portal institucional. A través de esta entidad se gestionan registros, renovaciones, oposiciones y acciones administrativas vinculadas a marcas, patentes, diseños industriales y derechos de autor.
Diversos estudios y análisis coinciden en que la propiedad intelectual es un eje clave para el desarrollo económico, la innovación y la atracción de inversión. En Ecuador, sin embargo, esta relación aún no se traduce de manera consistente en decisiones empresariales estratégicas, especialmente en pequeñas y medianas empresas.
Una marca registrada no es solo un signo distintivo. Es un activo jurídico que concentra reputación, confianza del consumidor y posicionamiento en el mercado. En términos prácticos, permite excluir legalmente a terceros, facilitar licenciamientos, respaldar procesos de expansión y fortalecer la valoración de la empresa ante inversionistas o entidades financieras.
La tasa oficial para solicitar el registro de una marca en una sola clase es de USD 208,00, conforme a las . Este costo resulta marginal si se lo compara con los gastos derivados de litigios, rebranding forzado o pérdida de mercado cuando una marca no registrada es apropiada por terceros.
En la práctica ecuatoriana, no son excepcionales los casos en los que empresas consolidadas descubren que su marca fue registrada por un tercero o que carecen de herramientas legales para frenar copias sistemáticas de sus productos. Estas situaciones suelen tener un denominador común: la ausencia de una estrategia temprana de protección marcaria.
En contraste, las empresas que incorporan la propiedad intelectual como parte de su planificación corporativa logran ventajas claras: mayor seguridad jurídica, mejores condiciones para alianzas comerciales y una posición más sólida para ingresar a mercados internacionales, donde la titularidad de derechos es un requisito básico.
Registrar una marca es solo el primer paso. La protección efectiva exige vigilancia, gestión activa del portafolio de derechos y capacidad de reacción frente a infracciones. En Ecuador, el SENADI no solo administra los registros, sino que también tramita procedimientos administrativos de observancia y sanción, conforme a la normativa vigente.
Comprender la propiedad intelectual como un activo estratégico, y no como un simple requisito formal, permite a las empresas transformar un costo inicial en una herramienta de crecimiento, diferenciación y protección a largo plazo.
¿Qué institución pública gestiona la propiedad intelectual en Ecuador? El Servicio Nacional de Derechos Intelectuales (SENADI), cuya información oficial está disponible en https://www.gob.ec/senadi
¿Cuánto cuesta registrar una marca en Ecuador? El arancel oficial para una clase es de USD 208,00, según las tasas vigentes publicadas por el SENADI.
¿Registrar una marca es suficiente para estar protegido? No. El registro debe complementarse con vigilancia y acciones legales oportunas frente a posibles infracciones.
Registrar una marca en Ecuador no es caro en términos absolutos: el costo oficial ante el Estado es de USD 208 por cada clase solicitada, según las tarifas vigentes del Servicio Nacional de Derechos Intelectuales (SENADI). Para emprendedores y empresas, el verdadero análisis no es si el trámite es “barato o caro”, sino qué riesgo asumen al no proteger su marca y qué valor jurídico obtienen al hacerlo.
El registro de marca es el procedimiento administrativo mediante el cual el Estado reconoce a una persona natural o jurídica el derecho exclusivo sobre un signo distintivo (nombre, logo, lema, etc.) para identificar productos o servicios en el mercado.
En Ecuador, esta competencia corresponde al Servicio Nacional de Derechos Intelectuales (SENADI).
Una marca registrada permite impedir legalmente el uso no autorizado por terceros, iniciar acciones administrativas o judiciales y convertir la marca en un activo empresarial.
El costo estatal base es claro y único:
Este valor cubre:
No existen “costos ocultos” impuestos por la autoridad.
El monto puede incrementarse en estos escenarios:
No es obligatorio, pero sí altamente recomendable.
Una búsqueda profesional (fonética y gráfica) reduce significativamente el riesgo de rechazo, que puede implicar perder tiempo y tasas pagadas.
El trámite puede realizarse directamente por el titular, sin abogado. Sin embargo, muchas empresas optan por asesoría especializada para:
En el mercado ecuatoriano, los honorarios profesionales suelen oscilar entre USD 300 y USD 600, dependiendo del alcance del servicio. Este valor no es una tasa pública, sino un costo privado opcional.
Desde una perspectiva empresarial, no.
Registrar una marca cuesta menos que una campaña publicitaria básica, pero:
No registrar una marca sale más caro cuando el negocio empieza a funcionar.
En condiciones normales, el trámite tarda entre 6 y 8 meses, siempre que:
El estado del trámite puede consultarse directamente en el sistema del SENADI.
Registrar una marca en Ecuador no es un lujo ni un trámite inaccesible. Con un costo oficial de USD 208 por clase, el registro representa una inversión mínima frente al riesgo de operar sin protección legal.
La innovación tecnológica atraviesa uno de los momentos más intensos de su historia reciente. El crecimiento sostenido de las patentes tecnológicas, impulsado por desarrollos en inteligencia artificial, nanotecnología, chips, software y biotecnología, refleja una carrera global por proteger el conocimiento aplicado y asegurar ventajas competitivas en mercados cada vez más sofisticados. En este escenario, la propiedad industrial se consolida como un instrumento estratégico para países, empresas y centros de investigación.
Sin embargo, este dinamismo contrasta con las tensiones que enfrenta el derecho de autor ante la irrupción de sistemas de IA generativa, capaces de aprender, combinar y producir contenidos a una escala sin precedentes. Mientras el sistema de patentes avanza con métricas claras, incentivos económicos y reglas relativamente estables, el régimen autoral se ve forzado a reinterpretar principios clásicos como la autoría humana, la originalidad y el uso justo.
Este artículo analiza esa paradoja: por un lado, el crecimiento acelerado de las patentes tecnológicas —con especial protagonismo de Asia y China— y, por otro, los desafíos estructurales que enfrenta el derecho de autor en un entorno creativo mediado por algoritmos. El objetivo es ofrecer una lectura accesible y estratégica para emprendedores, tecnólogos, empresas y creadores.

En la última década, Asia se ha consolidado como el epicentro del sistema global de patentes. Según datos recientes de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), las oficinas asiáticas reciben actualmente alrededor del 70 % de todas las solicitudes de patentes a nivel mundial, una cifra que refleja un cambio estructural en la geografía de la innovación.
El informe de la OMPI de 2024 muestra además que los inventores presentaron un récord de 3,7 millones de solicitudes de patentes, lo que representa un aumento del 4,9 % respecto de 2023 y el crecimiento más acelerado desde 2018. Este aumento está fuertemente vinculado a sectores como la tecnología informática, que ya concentra aproximadamente el 13 % de las solicitudes publicadas, con la tasa de crecimiento más rápida de la última década.
Este fenómeno no implica la desaparición del liderazgo tecnológico occidental, pero sí una redistribución del volumen. Mientras Asia domina en número de solicitudes, las grandes corporaciones tecnológicas de Estados Unidos, Europa y Japón siguen destacándose por la presentación proactiva de patentes de alto valor en áreas clave como software, chips y tecnología médica. El contraste revela una competencia compleja entre cantidad, calidad y alcance internacional.

Dentro del panorama asiático, China ocupa una posición claramente dominante. De acuerdo con un libro blanco reciente, el país concentra cerca del 43 % de todas las patentes de nanotecnología autorizadas a nivel global en los últimos 25 años, lo que equivale a aproximadamente 464.000 patentes de un total mundial que supera los 1,07 millones.
Este liderazgo no es casual. Las patentes chinas en nanotecnología se concentran en sectores estratégicos como dispositivos semiconductores, química catalítica, biomedicina y nuevos materiales. Ciudades como Beijing, Shanghai, Shenzhen y Suzhoufuncionan como polos de innovación, articulando universidades, centros de investigación y empresas tecnológicas con una fuerte orientación a la aplicación industrial.
Un dato especialmente relevante es la mejora en la comercialización de patentes. La tasa de transferencia y licenciamiento de patentes nanotecnológicas en China ya supera el 8 %, lo que evidencia un esfuerzo por transformar los registros en valor económico real. Este enfoque se complementa con un ecosistema empresarial que supera las 34.500 empresas nanotecnológicas, con casi 10 millones de empleos acumulados.

Mientras el sistema de patentes muestra capacidad de adaptación y expansión, el derecho de autor enfrenta una disrupción mucho más profunda. La llegada de la inteligencia artificial generativa no solo ha transformado la forma de distribuir contenidos, sino también la manera de producirlos, planteando interrogantes jurídicos sin precedentes.
Como señala un análisis reciente publicado en La Silla Vacía, la IA no se limita a copiar obras existentes: aprende de millones de textos, imágenes y sonidos, y genera contenidos nuevos, muchas veces indistinguibles de los creados por humanos. Esto introduce problemas de trazabilidad, atribución y licenciamiento que desbordan los mecanismos tradicionales del derecho de autor.
El desafío es también económico y cultural. A diferencia de la era de internet, donde el conflicto giraba en torno a la reproducción y distribución, hoy existe una competencia directa entre creadores humanos y sistemas automatizados. Además, persisten brechas globales: mientras algunos países avanzan en marcos regulatorios para la IA, gran parte de América Latina y el Sur Global carecen de reglas claras, quedando expuestos como proveedores de datos sin mecanismos efectivos de compensación.
El contraste entre el crecimiento acelerado de las patentes tecnológicas y las tensiones del derecho de autor frente a la IA revela una asimetría preocupante. Mientras algunos sistemas jurídicos logran acompañar la innovación con incentivos claros y reglas previsibles, otros permanecen anclados a categorías que ya no reflejan la realidad tecnológica.
En este contexto, el análisis jurídico informado y actualizado se vuelve una herramienta clave para empresas, startups y creadores que buscan innovar sin perder control sobre sus activos intangibles. Explorar estos temas con profundidad permite anticipar riesgos, identificar oportunidades y diseñar estrategias legales alineadas con un entorno tecnológico en constante transformación.
Para profundizar en estos temas o explorar más contenido jurídico actualizado sobre innovación, propiedad intelectual e inteligencia artificial, te invitamos a seguir nuestras publicaciones y mantenerte al día con los desafíos legales de la economía del conocimiento.
World Intellectual Property Organization. (2024). World Intellectual Property Indicators 2024. OMPI.
Centro de Comunicación de Ciencia y Tecnología. (2025, 16 de noviembre). Asia representa aproximadamente el 70 % de todas las solicitudes de patentes presentadas a nivel mundial.
Xinhua. (2025, 14 de septiembre). China ocupa el primer lugar mundial en patentes de nanotecnología al registrar casi la mitad del total autorizado. Mundo Global.
Izquierdo, A. (2024). El mundo cambió con un clic: el derecho de autor en la era de la IA. La Silla Vacía.
U.S. Copyright Office. (2025). Copyright and Artificial Intelligence: Part 1 – Digital Replicas.
El derecho de autor y la propiedad industrial atraviesan en uno de los momentos más complejos de su historia reciente. La digitalización global, la consolidación de plataformas de streaming, el comercio electrónico transfronterizo y, especialmente, la irrupción acelerada de la inteligencia artificial generativa (IA) han puesto en tensión los modelos clásicos de protección, gestión y monetización de los derechos intelectuales. Hoy, las obras y las creaciones industriales circulan sin fronteras, mientras las normas siguen ancladas —en muchos casos— a lógicas territoriales y analógicas.
En Europa, el debate se centra en cómo preservar el valor creativo frente a tecnologías que no solo distribuyen contenidos, sino que los replican, entrenan y transforman sin claridad sobre licencias, transparencia ni remuneración. En América Latina, el desafío es doble: adaptar sistemas normativos que aún no terminan de asimilar Internet y, al mismo tiempo, construir capacidades productivas e innovadoras propias en materia de propiedad industrial.
Este artículo ofrece un análisis crítico y actualizado del estado de los derechos de autor y la propiedad industrial en 2025, integrando datos recientes de CISAC, reflexiones académicas de la Universidad de San Andrés y un diagnóstico regional, con una mirada orientada a empresas, autores y profesionales del sector creativo y tecnológico.

El informe “CISAC: Los derechos de autor en 2025”, publicado por la SGAE, confirma que el sistema de derechos de autor sigue siendo un pilar económico relevante a escala global. En 2024, las recaudaciones mundiales alcanzaron un récord histórico de 13.970 millones de euros, con un crecimiento del 6,6 %, acumulando más de una década de expansión sostenida superior al 70 %. Este crecimiento estuvo impulsado principalmente por los ingresos digitales, que superaron por primera vez los 5.000 millones de euros, representando ya más del 37 % del total mundial.
Desde una perspectiva regional, Europa lidera la recaudación con 7.600 millones de euros, gracias al desempeño de países como Francia, Reino Unido y Alemania, mientras que América Latina y el Caribe registraron 786 millones de euros, mostrando una estabilización tras años de crecimiento excepcional. Estas cifras evidencian una brecha estructural entre regiones con sistemas de gestión colectiva consolidados y aquellas donde la monetización de los derechos sigue siendo frágil.
No obstante, el informe advierte sobre un riesgo sistémico: la expansión de la IA generativa sin licencia. Según CISAC, si no se implementan salvaguardias legales, obligaciones de licencia y transparencia en el uso de datos, los creadores podrían perder hasta el 25 % de sus ingresos, lo que equivale a 8.500 millones de euros anuales. La IA deja de ser un mero canal de difusión para convertirse en un actor que apropia valor creativo, reconfigurando el equilibrio tradicional entre autores, intermediarios y usuarios.
El diagnóstico elaborado por investigadores del Centro de Estudios en Tecnología y Sociedad (CETyS) de la Universidad de San Andrés revela una realidad preocupante en América Latina: los derechos de autor continúan operando bajo marcos normativos y prácticos diseñados para un entorno previo a Internet. A través del análisis comparado de seis países y más de 50 Sociedades de Gestión Colectiva (SGC), el estudio identifica una falta estructural de transparencia, supervisión estatal y acceso a información pública.
Casos como el de Argentina, donde SADAIC actúa como un monopolio legal en la gestión de derechos musicales, muestran cómo estos modelos pueden convertirse en barreras anacrónicas frente a nuevas formas de creación y distribución digital. La ausencia de datos claros sobre recaudación, tarifas y distribución impide evaluar si estas entidades protegen efectivamente a los autores o si, por el contrario, refuerzan asimetrías de poder en el ecosistema creativo.
El estudio destaca que las SGC suelen permanecer ajenas a fenómenos como la descentralización, el blockchain, los NFTs o los contratos inteligentes, herramientas que permiten a creadores y usuarios interactuar sin intermediarios tradicionales. En este contexto, el derecho de autor deja de ser solo un mecanismo de protección para convertirse en un factor de conflicto social y económico, afectando actividades cotidianas y modelos de negocio emergentes.

La propiedad industrial en Latinoamérica evidencia una debilidad estructural persistente: la región importa alrededor de ocho veces más propiedad industrial de la que exporta. América Latina representa menos del 2 % de las solicitudes de patentes a nivel mundial y, de estas, menos del 20 % son presentadas por residentes locales, lo que refleja una limitada capacidad de generación tecnológica propia.
Esta situación responde a múltiples factores interrelacionados, entre ellos la baja inversión en Investigación y Desarrollo (I+D), la dependencia tecnológica de economías desarrolladas y una estructura productiva centrada en materias primas y bienes de bajo valor agregado. Como consecuencia, las empresas latinoamericanas suelen ser licenciatarias de tecnología extranjera, generando una balanza de pagos negativa en materia de propiedad intelectual.
No obstante, el panorama no es homogéneo. Países como Brasil y México muestran mayores niveles de actividad en patentes y diseños industriales, mientras que, en el ámbito de las marcas, la región presenta un desempeño más dinámico. El desafío para 2025 no es solo incrementar registros, sino integrar la propiedad industrial como una herramienta estratégica de desarrollo económico, innovación y competitividad, especialmente frente al avance de tecnologías como la IA.

El escenario de 2025 muestra con claridad que los derechos de autor y la propiedad industrial ya no pueden gestionarse con enfoques fragmentados o reactivos. La presión de la inteligencia artificial, la economía digital y la globalización exige reformas normativas, mayor educación jurídica y modelos de gestión más transparentes y eficientes, tanto en Europa como en América Latina.
Para empresas, autores y emprendedores tecnológicos, comprender este nuevo entorno no es opcional: es una condición para proteger activos intangibles, asegurar ingresos sostenibles y evitar riesgos legales crecientes. La falta de adaptación normativa no solo afecta a los creadores, sino que limita el desarrollo económico y la innovación regional.
En este contexto, el rol de estudios especializados resulta clave. Acompañar a clientes en la protección estratégica de derechos de autor y propiedad industrial, anticipar riesgos asociados a la IA, y diseñar soluciones jurídicas alineadas con los desafíos actuales es parte esencial de construir un ecosistema creativo y tecnológico más justo, competitivo y sostenible en América Latina.
Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores (CISAC). (2025). Los derechos de autor en 2025: Informe sobre las recaudaciones mundiales 2024. Sociedad General de Autores y Editores (SGAE).
Cabello, S. M., Rivero, S., & Viecens, F. (2024). En América Latina, los derechos de autor siguen sin adaptarse a Internet. Centro de Estudios en Tecnología y Sociedad (CETyS), Universidad de San Andrés.
Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI). (2023). World Intellectual Property Indicators 2023.
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). (2023). Intellectual property, innovation and economic development.
A partir del 1 de enero, numerosas obras emblemáticas —como Betty Boop o la icónica Composition with Red, Blue and Yellow de Piet Mondrian— han pasado al dominio público, al cumplirse los plazos de protección previstos por la legislación aplicable. Este fenómeno, ampliamente cubierto por medios internacionales y centros académicos especializados, pone nuevamente en el centro del debate el rol del tiempo como eje estructural de los derechos intelectuales.
Si bien estas noticias se refieren al derecho de autor, su impacto trasciende ese ámbito. La lógica subyacente —la temporalidad de la exclusividad jurídica— es común a todo el sistema de propiedad intelectual, incluidas las patentes de invención. En ambos casos, el legislador establece un equilibrio entre incentivar la creación y la innovación, y permitir que, transcurrido un plazo razonable, el conocimiento pase a integrar el acervo común.
En un contexto de innovación acelerada, inteligencia artificial, biotecnología y transición energética, la discusión sobre qué se protege, por cuánto tiempo y con qué efectos económicos adquiere una renovada relevancia. Para empresas, universidades y centros de investigación, comprender estos ciclos no es una cuestión teórica, sino una decisión estratégica con impacto directo en competitividad y sostenibilidad.
Desde la perspectiva del estudio, analizar lo que ocurre con el dominio público en 2026 permite repensar el presente y el futuro del sistema de patentes, especialmente en América Latina, donde la protección eficaz de la innovación sigue siendo un desafío estructural.

El derecho de autor protege las obras literarias, artísticas y científicas como expresión de la creatividad humana, reconociendo a sus autores derechos morales y patrimoniales. A diferencia de la propiedad industrial, este régimen no protege soluciones técnicas ni invenciones, sino formas originales de expresión, independientemente de su soporte o valor económico.
Uno de los pilares del sistema es la limitación temporal de los derechos patrimoniales, que en la mayoría de legislaciones se extiende hasta 70 u 80 años después de la muerte del autor, según el país. Transcurrido ese plazo, la obra pasa al dominio público, permitiendo su uso libre, reproducción, adaptación y comunicación pública, sin necesidad de autorización ni pago, siempre que se respete la autoría.
El dominio público cumple una función esencial dentro del ecosistema cultural: garantiza el acceso colectivo al conocimiento, fomenta la creación derivada y evita la perpetuación artificial de monopolios culturales. Lejos de debilitar la protección autoral, este mecanismo la legitima, al equilibrar los intereses privados del creador con el interés general de la sociedad.
Las noticias sobre las obras que ingresan al dominio público en 2026 evidencian que este proceso no es una excepción, sino una fase natural del ciclo de protección del derecho de autor, con impactos directos en industrias creativas, editoriales, audiovisuales y educativas.

Entre los personajes y obras culturales más reconocibles, destaca la entrada al dominio público de Betty Boop, creada en 1930 por Grim Natwick. Junto a ella, se liberan otros personajes clásicos del cómic estadounidense como Pluto, así como los protagonistas de la tira cómica Blondie: Blondie y Dagwood Bumstead, cuyas primeras versiones originales pasan a formar parte del acervo común.
En el ámbito de las artes visuales, adquiere especial relevancia la liberación de la obra Composition with Red, Blue and Yellow, del pintor neerlandés Piet Mondrian, uno de los íconos del neoplasticismo y de la historia del arte moderno. A esta se suman otras obras plásticas de gran valor cultural, como Tier-freundschaft (Animal Friendship) del artista Paul Klee, y el mural Prometeo del mexicano José Clemente Orozco, pieza fundamental del muralismo latinoamericano y del arte público del siglo XX.
El campo literario también se ve ampliado con la incorporación al dominio público de obras de autores fundamentales del pensamiento y la narrativa contemporánea. Entre ellas se encuentran The Murder at the Vicarage, de Agatha Christie; Civilization and Its Discontents, de Sigmund Freud; y Ash Wednesday, del poeta T. S. Eliot. Estas obras podrán ser reproducidas, traducidas, adaptadas y difundidas libremente, lo que abre nuevas posibilidades editoriales, educativas y académicas.
En el ámbito musical, ingresan al dominio público composiciones que han marcado la historia del jazz y la música popular, como Dream a Little Dream of Me (Hoagy Carmichael / Stuart Gorrell), I Got Rhythm (George e Ira Gershwin) y Body and Soul (Johnny Green, Edward Heyman, Robert Sour y Frank Eyton). Estas piezas podrán ser interpretadas, grabadas y utilizadas sin restricciones patrimoniales, favoreciendo su reutilización en producciones culturales contemporáneas.
A este conjunto se suman, en Europa y el mundo hispano, las obras de autores fallecidos en 1945, cuyo catálogo ha sido identificado por instituciones culturales como la Biblioteca Nacional de España. Entre los nombres que pasan a dominio público en 2026 figuran artistas y escritores de gran influencia, como José Gutiérrez Solana, Ignacio Zuloaga, Manolo Hugué, José María Sert y Sileno, así como escritoras, científicas, músicos y pensadores cuyas obras integran hoy el patrimonio cultural común.
Este conjunto de obras confirma que el dominio público en 2026 no es abstracto ni marginal, sino un fenómeno concreto que impacta directamente en la industria cultural, el sector editorial, la educación, la creación artística y la economía creativa. Su correcta identificación y utilización representa una oportunidad legítima para crear, reinterpretar y difundir cultura, dentro de los márgenes que establece el derecho de autor.
El ingreso de obras al dominio público tiene un impacto directo en las industrias creativas, el sector editorial, audiovisual, musical, educativo y digital. La posibilidad de utilizar libremente obras protegidas durante décadas redefine catálogos, modelos de negocio y estrategias de contenido, especialmente en un entorno dominado por plataformas, streaming y reutilización digital.
Desde una perspectiva legal, el dominio público exige precisión técnica. No toda obra antigua es libre, ni todo uso está permitido sin límites. Es necesario distinguir entre versiones originales y adaptaciones posteriores, entre obras completas y elementos aún protegidos, así como respetar siempre los derechos morales, que subsisten incluso tras la expiración de los derechos patrimoniales.
Para empresas y creadores, una correcta gestión del dominio público puede convertirse en una ventaja competitiva: reduce costos de licenciamiento, minimiza riesgos legales y permite innovar dentro de los márgenes de la legalidad. A la inversa, una lectura superficial del concepto puede derivar en conflictos, reclamaciones o daños reputacionales.
En este escenario, el acompañamiento jurídico especializado resulta clave para identificar obras efectivamente en dominio público, delimitar usos legítimos y estructurar proyectos culturales o comerciales sólidos, alineados con la normativa vigente y las mejores prácticas internacionales.

El ingreso masivo de obras al dominio público en 2026 confirma la coherencia estructural del sistema de derecho de autor, basado en la temporalidad de los derechos patrimoniales y en su función social. Lejos de debilitar la protección de los autores, este mecanismo la legitima, al equilibrar creación, incentivo económico y acceso colectivo a la cultura.
De cara al futuro, es previsible que el dominio público adquiera aún mayor relevancia en debates sobre digitalización, inteligencia artificial generativa, preservación del patrimonio y reutilización cultural. En este contexto, la correcta comprensión de sus límites y alcances será determinante para evitar conflictos y fomentar usos responsables.
Proteger adecuadamente las obras durante su vigencia y facilitar su transición ordenada al dominio público forma parte de una visión jurídica equilibrada y moderna. Invitamos a autores, empresas, instituciones culturales y creativas a asesorarse adecuadamente antes de utilizar obras que se presumen libres, y a conocer más sobre nuestro enfoque en derechos de autor y gestión estratégica de activos culturales a través del sitio web del estudio.
CNN Español. (2026, 2 de enero). Betty Boop y el icónico cuadro de Piet Mondrian pasan a ser de dominio público en 2026.
Associated Press News. (2026, 1 de enero). Betty Boop, Blondie and other classics enter the public domain in 2026.
People Magazine. (2026, 1 de enero). Betty Boop, Nancy Drew and more characters enter the public domain in 2026.
The Center for the Study of the Public Domain, Duke University School of Law. (2026). Public Domain Day 2026.
The Public Domain Review. (2026). What will enter the public domain in 2026?
Biblioteca Nacional de España. (2025). La Biblioteca Nacional de España publica la relación de autores de su catálogo cuya obra pasa a ser de dominio público en 2026.
Safe Creative. (2026). El tesoro cultural que entra en dominio público en 2026.
La falsificación de marcas en Ecuador no es un simple problema comercial: es una infracción penal tipificada en él Artículo 208A del COIP, con sanciones que incluyen prisión y multas significativas. Para empresas, emprendedores y creadores, entender este marco legal es clave para proteger sus activos. Más aún, actuar a tiempo evita pérdidas económicas y reputacionales.
La falsificación distorsiona el mercado, pone en riesgo la confianza del consumidor y afecta directamente el valor de su marca registrada. Los productos ilegales circulan sin control de calidad, lo que puede ocasionar daños a la salud y demandas civiles complejas. En Luzuriaga & Castro Abogados, impulsamos estrategias integrales de protección marcaria que combinan acciones legales, prevención y acompañamiento estratégico.
Este delito, aunque común, tiene consecuencias severas que muchas empresas aún desconocen. La prevención, la vigilancia digital y territorial, y el acompañamiento jurídico adecuado marcan la diferencia entre una marca vulnerable y una marca blindada.
La ley es clara: quien fabrique, almacene o comercialice productos que hacen uso no autorizado de marcas registradas enfrenta penas privativas de libertad de 6 meses a 1 año. Esta sanción demuestra el compromiso estatal con la defensa de la propiedad intelectual y la formalidad del mercado.
Además de la prisión, la normativa establece multas de hasta 300 salarios básicos, el comiso obligatorio de la mercadería y la destrucción de los productos incautados. Estos procesos se ejecutan bajo supervisión de las autoridades y tienen un alto impacto disuasivo.
En casos de infracciones a escala comercial, el escenario es aún más contundente: cierre de establecimientos, suspensión de permisos y posibles investigaciones por delitos conexos como contrabando o evasión tributaria.
Para empresas que buscan proteger su reputación, actuar junto a un estudio especializado evita riesgos legales y acelera los procesos de respuesta ante infracciones.
En los últimos años, Ecuador ha fortalecido su capacidad de combate contra la falsificación. Un hito relevante es la primera sentencia condenatoria bajo el Art. 208A del COIP, que no solo incluyó prisión para los responsables, sino también la destrucción total de la mercadería falsificada.
Operativos recientes de la SENAE han decomisado miles de productos falsificados que ingresaban al país por vías terrestres y marítimas. Estas acciones revelan la magnitud del problema y evidencian la necesidad de fortalecer la respuesta legal.
Para las marcas afectadas, contar con evidencia, monitoreo y representación legal adecuada es clave. Un caso bien documentado puede transformarse no solo en una sanción ejemplar, sino en una estrategia efectiva para limpiar el mercado.
El primer paso es identificar la autoridad competente. El SENAE, mediante su canal oficial de denuncias, recibe reportes ciudadanos y empresariales sobre falsificación. La segunda vía es la Fiscalía General del Estado, donde se activan procesos penales cuando existen indicios suficientes.
Una denuncia efectiva debe incluir pruebas fotográficas, registros de compra, ubicación del establecimiento y copia del certificado marcario. La precisión de la información permite que las autoridades actúen rápidamente.
El procedimiento incluye la presentación de evidencia, allanamientos e incautaciones, decomisos y, cuando corresponde, la detención de los responsables. Todo el proceso se mantiene bajo reserva conforme a las disposiciones legales.
Nuestro equipo prepara denuncias estratégicas que maximizan resultados y facilitan la actuación inmediata de autoridades.
Denunciar no solo genera sanciones penales: recupera la confianza del mercado, refuerza la lealtad de los clientes y envía un mensaje claro a los infractores. Cada acción fortalece el ecosistema comercial y promueve la competencia leal.
La denuncia oportuna evita daños mayores: pérdida de ventas, riesgo sanitario, afectación de reputación y desgaste operativo. Muchas empresas llegan tarde; quienes actúan a tiempo protegen su crecimiento.
En Luzuriaga & Castro, transformamos cada caso en una estrategia sólida para preservar el valor de su marca y asegurar su continuidad en un mercado competitivo.
Preguntas simples de clientes:
La protección de propiedad intelectual para startups SaaS en Ecuador requiere un enfoque especializado que va más allá del registro tradicional de marcas. El modelo software as a service implica dinámicas tecnológicas y contractuales que demandan estrategias integrales, empezando por el registro del software como obra ante el SENADI, lo que otorga titularidad sobre el código fuente, arquitectura y elementos creativos del programa. Para más información sobre protección de software en Ecuador, puede revisarse esta guía oficial: Declaración de confidencialidad de datos de la OMPI.
Las licencias de uso se convierten en el núcleo jurídico de cualquier plataforma SaaS. Una licencia bien diseñada debe establecer los derechos y restricciones del usuario, incluyendo límites sobre la reproducción, modificación, ingeniería inversa y uso comercial del software. Su correcta redacción —alineada al marco legal ecuatoriano y a estándares internacionales— reduce riesgos operativos y fortalece la capacidad de la startup para actuar frente a infracciones. Ejemplos y buenas prácticas pueden encontrarse en: Propiedad intelectual para software y startups en Ecuador: protegiendo códigos y algoritmos.
Otro frente crítico es la protección de bases de datos, especialmente en modelos SaaS que dependen de la recopilación y organización de grandes volúmenes de información. Aunque los datos en bruto no siempre son protegibles, la estructura, selección y ordenamiento pueden generar derechos de base de datos. Esto exige cláusulas contractuales que limiten la extracción masiva de datos, así como mecanismos de monitoreo y restricciones técnicas dentro del propio servicio.
Los contratos de servicio constituyen un complemento esencial para blindar la operación. Estos deben incluir disposiciones detalladas sobre propiedad intelectual, tratamiento de datos, confidencialidad, responsabilidad por fallos, niveles de servicio (SLAs) y resolución de controversias. Para startups que aspiran a operar regional o globalmente, la coherencia entre estos contratos y las normativas de privacidad y comercio electrónico de otras jurisdicciones es indispensable.
Finalmente, la protección jurídica debe ir de la mano con medidas tecnológicas como cifrado, autenticación multifactor, protocolos de seguridad y monitoreo continuo. Una estrategia que combine protección legal y seguridad técnica fortalece la ventaja competitiva y reduce la exposición a terceros que intenten apropiarse del desarrollo tecnológico. Para profundizar en estrategias de protección y gestión, recomendamos leer: La Estrategia de PI para Startups: Diferenciación y Desarrollo.
Para conocer más sobre cómo proteger las innovaciones digitales de su empresa o recibir asesoría especializada, puede visitar nuestro sitio web o contactar al equipo de Luzuriaga & Castro Abogados: contactanos.
La temporada navideña no es solo un periodo de celebración y encuentro familiar: es también un espejo que revela nuestras tensiones económicas, culturales y sociales. En este tiempo de consumo acelerado, los mercados formales e informales se enfrentan en una lucha que excede lo comercial. Según datos del Ministerio del Interior de España, en 2024 se registraron más de 464.801 ciberdelitos, la mayoría vinculados a fraudes informáticos que encuentran terreno fértil durante las compras festivas. Para enfrentar esta realidad, se requiere no solo tecnología o legislación, sino una conciencia social transformadora, capaz de colocar la creatividad humana, la justicia económica y la educación en el centro del debate.
La piratería no es un accidente contemporáneo: es el resultado de desigualdades históricas, de sistemas económicos que han marginado la producción cultural y que han convertido el consumo en aspiración de identidad. En Navidad, cuando la publicidad impulsa el deseo y el mercado promete felicidad empaquetada, la piratería aprovecha esta grieta emocional para ofrecer imitaciones que se presentan como accesos alternativos a un bienestar limitado.
Más que situar la piratería únicamente como consecuencia de desigualdades globales, este fenómeno puede comprenderse —desde una lectura histórica y latinoamericana— como el resultado de una relación fracturada entre ciudadanía, institucionalidad y cultura productiva. La educación no debía ser un simple instrumento moralizante, sino una vía para que las personas comprendan el sentido profundo de la creación, del oficio y de la responsabilidad colectiva. En este marco, la piratería no es solo un ilícito comercial: es la expresión de una desconexión social respecto del valor que sostenemos entre todos cuando respetamos el trabajo intelectual y manual de quienes producen, innovan y arriesgan.
La magnitud del problema se evidencia en las 6.189.015 falsificaciones requisadas en España durante 2024. Pero el fenómeno no se limita a mercancía física: la expansión de la economía digital ha multiplicado la circulación de productos falsos, ofertas engañosas y campañas fraudulentas. La temporada navideña, caracterizada por compras masivas y urgentes, incrementa en más de un 50% los intentos de phishing, suplantación de identidad y fraudes que imitan a grandes cadenas comerciales.
El problema no es solo técnico, sino ético. Una ciudadanía sin herramientas educativas suficientes se convierte en terreno fértil para la manipulación. Los piratas digitales actúan bajo la sombra de un sistema que prioriza el consumo rápido sobre la reflexión. La transformación social exige romper este ciclo mediante educación crítica, alfabetización digital y responsabilidad colectiva.
Desde una perspectiva jurídico-política, evitar la piratería navideña implica fortalecer la propiedad intelectual como instrumento de justicia económica. El registro de marcas, la vigilancia activa en plataformas digitales y el uso de tecnologías como blockchain no solo protegen productos: democratizan la información y devuelven al consumidor el poder de distinguir lo auténtico de lo fraudulento.
Las empresas que incorporan sistemas de trazabilidad, códigos QR seguros y autenticadores digitales no solo protegen su inventario: educan a su comunidad. La tecnología, entendida desde una perspectiva pedagógica y social, debe contribuir a fortalecer la confianza, la transparencia y la participación informada. Cuando una empresa abre sus procesos, facilita la verificación del origen de sus productos y ofrece canales claros de autenticación, aporta generar una comunidad de consumidores más crítica y consciente. En este sentido, la trazabilidad digital deja de ser una herramienta técnica para convertirse en un mecanismo de diálogo entre marca y ciudadanía, donde la claridad y la evidencia fortalecen la lucha contra la piratería.
Ninguna estrategia corporativa ni herramienta tecnológica alcanza su potencial si el consumidor no cuenta con información clara y accesible para tomar decisiones seguras. En el contexto navideño, donde la presión comercial aumenta y las compras se aceleran, la adquisición de productos falsificados no solo expone a riesgos de calidad y seguridad, sino que también afecta directamente la reputación de las marcas, debilita sus inversiones en innovación y altera la confianza del mercado formal.
La Navidad es, además, un momento clave para reforzar mensajes corporativos sobre autenticidad, garantía y valor real del producto. Las empresas pueden aprovechar esta temporada para comunicar de forma estratégica los beneficios de elegir productos originales: acompañamiento postventa, soporte técnico, calidad certificada y respaldo legal. Comprar legal no es únicamente un acto de cumplimiento normativo: es una decisión que protege la experiencia del consumidor y fortalece la sostenibilidad de las marcas que invierten en calidad y desarrollo.
El consumidor emancipado es aquel que reconoce la importancia de la autenticidad, la seguridad y el valor del trabajo creativo. Verificar precios sospechosamente bajos, examinar empaques, revisar reseñas y desconfiar de enlaces no oficiales son prácticas esenciales. Pero más allá de ello, se requiere asumir una postura crítica ante la facilidad del mercado digital.
La protección contra robos de paquetes, fraudes internacionales y anuncios engañosos requiere organización comunitaria: hablar con vecinos, coordinar entregas, exigir garantías y promover comercios locales. La transformación social no nace en los grandes discursos, sino en los pequeños gestos cotidianos de responsabilidad.
Evitar la piratería en Navidad no es únicamente un desafío comercial: es una oportunidad estratégica para consolidar confianza, reputación y valor de marca. Optar por productos originales garantiza calidad, respaldo y seguridad para los consumidores, mientras protege las inversiones que las empresas realizan en innovación, desarrollo y experiencia de cliente.
En una temporada marcada por el incremento del comercio electrónico y la alta demanda, las organizaciones que comunican con claridad los beneficios de la autenticidad—como garantías reales, servicio postventa, soporte técnico y trazabilidad confiable—se posicionan como referentes de profesionalismo y transparencia.
La decisión de comprar legal no es solo un acto de cumplimiento: es una elección que fortalece la sostenibilidad de las marcas, protege al consumidor y contribuye a un entorno comercial más competitivo y seguro. Esta Navidad, construir valor comienza por elegir productos auténticos y respaldados, elevando la experiencia de compra y reforzando el compromiso con la excelencia corporativa.