En la vorágine digital de TikTok, donde un meme puede cruzar fronteras en cuestión de horas, los logotipos y marcas registradas han dejado de ser simples símbolos corporativos para convertirse en piezas centrales de la cultura viral. Entre challenges, parodias y vídeos espontáneos, los usuarios recrean, reinterpretan e incluso se apropian visualmente de elementos protegidos, sin detenerse a pensar en el impacto legal que esto conlleva. Esta dinámica ha convertido a TikTok en un espacio donde la cultura digital y el marketing convergen; marcas de todo el mundo observan cómo sus productos aparecen en vídeos virales y, en muchos casos, disfrutan de una publicidad gratuita. Sin embargo, este auge también ha expuesto un nuevo riesgo: la infracción de marcas en redes sociales. La popularidad de un vídeo puede diluir la distintividad de un logo o asociar una marca con mensajes que no controla.
Este fenómeno ha generado un conflicto legal creciente. Usuarios de la plataforma incorporan logotipos, eslóganes o diseños protegidos en montajes humorísticos, desafíos o “duetos” sin autorización. Las grandes compañías, por su parte, consideran que este uso no autorizado de marcas afecta la reputación y la capacidad de identificar sus productos. Abogados especializados destacan que cuando un logo se convierte en un elemento habitual de memes, puede debilitar la asociación del público con la marca. Los casos van desde parodias benignas hasta usos comerciales encubiertos, y las redes sociales han multiplicado su alcance y velocidad.
Las primeras demandas públicas reflejan el choque entre la libertad creativa y la protección de la propiedad industrial en TikTok. En 2022 la empresa Nike envió una carta de “cease and desist” a la pequeña empresa californiana Just Succ It por su nombre satírico; la dueña utilizó TikTok para denunciar la situación y su serie de vídeos superó los dos millones de visualizaciones. En 2023 la influencer Cierra Mistt fue señalada por PepsiCo; la compañía detrás de la bebida Sierra Mist alegó que su alias generaba confusión, mientras la creadora respondió que el registro había caducado y reclamó derechos de uso previos. Este tipo de litigios muestra que la viralidad puede convertirse en un problema legal incluso cuando las empresas llevan años sin usar activamente sus marcas.
La tensión no solo afecta a usuarios y marcas, sino también a las propias plataformas. TikTok actualizó su política de propiedad intelectual en 2025 y advirtió que cualquier contenido que infrinja derechos de marca –es decir, que use signos idénticos o similares de forma que cause confusión sobre el origen o patrocinio– será eliminado. Al mismo tiempo, reconoce excepciones para referencias precisas, críticas o parodias cuando no se pretende designar productos propios. La compañía implementa mecanismos de denuncia y recurre a tecnologías de inteligencia artificial para localizar contenidos infractores, lo que genera un nuevo escenario de cuidado automatizado donde los algoritmos participan activamente en la moderación.
La controversia por el uso de marcas registradas en contenido generado por usuarios no comenzó en TikTok. Plataformas como YouTube ya habían provocado debates sobre “fair use” y parodia durante la década de 2010. Sin embargo, la brevedad y el formato audiovisual de TikTok han cambiado la naturaleza de estos conflictos. En esta red los vídeos se crean y comparten a un ritmo vertiginoso, y los usuarios mezclan logos, música y efectos en cuestión de segundos. Las empresas perciben que sus marcas aparecen en contextos impredecibles: un logotipo de lujo puede combinarse con una cadena de comida rápida en un “collab” ficticio, diluyendo su prestigio; o un símbolo deportivo puede aparecer como parte de un reto humorístico y perder su carácter distintivo.
La velocidad con la que se propagan los memes y la capacidad de los usuarios para modificar logos –cambiando colores, tipografía o añadiendo elementos– dificultan la vigilancia tradicional. Antes, la detección de infracciones se hacía mediante búsquedas de texto; hoy, la mayoría de las imágenes y vídeos no incluyen menciones escritas. Según un informe de VISUA, más de tres mil millones de imágenes se comparten diariamente en redes sociales y el 80 % de ellas no contiene referencias textuales a marcas. Esto ha llevado a las empresas a invertir en tecnologías de reconocimiento visual para identificar sus logos en tiempo real y evitar la dilución de sus marcas.
El fenómeno también ha generado nuevos modelos de negocio: creadores que utilizan personajes y marcas para contar historias. Un ejemplo notable es la serie “Sylvanian Drama” creada por la irlandesa Thea von Engelbrechten. Sus vídeos, protagonizados por figuras de la línea de juguetes Sylvanian Families, se volvieron virales y atrajeron colaboraciones con Netflix y Burberry. Estas colaboraciones mostraban personajes junto a logos o productos sin permiso del fabricante, lo que llevó a la empresa Epoch a demandarla en 2025 por infracción de derechos de autor y de marca. El caso se convirtió en un símbolo de cómo la creatividad y el marketing viral pueden chocar con la propiedad intelectual.
La explosión de TikTok también ha incentivado a las marcas a interactuar con los usuarios. Algunas compañías aprovechan la viralidad y participan en desafíos, mientras otras adoptan posturas estrictas y responden con demandas o advertencias legales. Este equilibrio entre participación y protección es complejo: actuar con excesiva dureza puede resultar en un efecto Streisand, generando mayor visibilidad al contenido criticado; no actuar puede debilitar la marca. La evolución de estos conflictos evidencia que la regulación legal no siempre acompaña el ritmo de la cultura digital, generando lagunas y zonas grises que se exploran caso por caso.
La intersección entre TikTok y las marcas registradas se ha materializado en diversos litigios. El caso Nike vs. Just Succ It es ilustrativo: la gigante deportiva envió una advertencia legal a Andrea Galbreath, dueña de un negocio de suculentas, alegando que el nombre de su tienda y su logo (una parodia de “Just Do It”) podían causar confusión. Galbreath respondió creando una serie de vídeos en TikTok donde narraba la disputa; su historia se viralizó y obtuvo apoyo público, pero evidenció cómo las grandes marcas vigilan constantemente registros y envían cartas de cese para evitar la dilución de su eslogan.
Un conflicto más reciente es la demanda de PepsiCo contra la creadora Cierra Mistt. La compañía sostuvo que su nombre artístico se asemejaba demasiado al de la antigua bebida Sierra Mist y presentó una queja formal. La influencer alegó que la marca había expirado y que ella tenía uso previo; además, acusó a la empresa de intimidarla. Este caso, aún en litigio, plantea preguntas sobre la vigencia de derechos cuando un registro caduca y sobre la existencia de derechos de “common law” basados en el uso continuado. La disputa demuestra que en la era de los influencers, la línea entre nombre personal y marca comercial se difumina.
Otros litigios ilustran las limitaciones de la parodia. En 2023 el Tribunal Supremo estadounidense resolvió que un juguete para perros denominado “Bad Spaniels” infringía la marca de Jack Daniel’s porque utilizaba su botella como identificador de origen, a pesar de ser una parodia. Esta sentencia sugiere que, aunque la parodia esté protegida por la libertad de expresión, el uso de un logotipo para vender un producto puede constituir infracción. En Europa, la legislación también exige que las parodias no dañen la función distintiva de la marca.
El caso Sylvanian Drama mencionado antes se convirtió en símbolo de la tensión entre creatividad y derechos comerciales. La demanda de Epoch acusaba a la creadora de usar las figuras y la marca en contenidos patrocinados por terceros, lo que supuestamente generaba una falsa idea de respaldo. Aun así, muchos expertos consideran que su obra es transformativa y que su uso de productos comprados no compite con el mercado principal de Epoch. La resolución del caso puede sentar precedentes sobre el alcance de la parodia y la primera venta en el contexto de las redes sociales.
Las demandas no solo provienen de Estados Unidos. En 2023 un artículo de PuroMarketing señaló que compañías como Nike, CocaCola, Starbucks, Apple y Chanel han enfrentado numerosas batallas legales por el uso no autorizado de logotipos y la similitud de marcas. Estos antecedentes muestran que la reacción de las grandes empresas ante la apropiación cultural de sus signos distintivos no es nueva; la novedad es la velocidad y el alcance que ofrecen las redes actuales.
El volumen de contenido publicado en TikTok ha obligado a las marcas a adoptar sistemas de vigilancia más sofisticados. Los métodos tradicionales de búsqueda por texto son insuficientes; las empresas necesitan herramientas capaces de identificar un logotipo aunque esté distorsionado, ubicado en un rincón del vídeo o aparezca por milisegundos. Para ello se recurre a la inteligencia artificial para protección de marcas, que combina análisis de datos, reconocimiento de imágenes y procesamiento del lenguaje natural.
Las plataformas de vigilancia usan algoritmos de visión computacional que detectan similitudes visuales entre logos y productos. Una guía de Cimphony explica que los modelos de IA pueden escanear continuamente plataformas en línea, mercados y redes sociales para detectar infracciones, recopilar pruebas, priorizar los casos de mayor riesgo y generar automáticamente avisos legales o solicitudes de retirada. Estas herramientas reducen el tiempo de respuesta y permiten un enforcement automatizado que envía notificaciones en tiempo real cuando se detecta un uso indebido. No obstante, el informe subraya que la supervisión humana sigue siendo esencial para interpretar los resultados y aplicar matices legales.
Los sistemas de monitorización abarcan desde programas de reconocimiento de imagen hasta servicios de auditoría digital. La consultora Page Vault señala que las firmas de abogados utilizan tecnologías que generan alertas automáticas y capturas de pantalla para documentar infracciones; estas herramientas incluyen motores de búsqueda de marcas, detección mediante OCR y redes neuronales que identifican productos falsificados. Además, hay plataformas especializadas –como BrandShield, Corsearch o Red Points– que rastrean registros de dominios, ventas en comercio electrónico y contenido social para anticipar fraudes.
La necesidad de monitorización visual también se refleja en los servicios de visual listening. VISUA destaca que la mayoría de imágenes compartidas en redes no contienen referencias textuales; por ello, los monitores de redes deben integrar reconocimiento de logotipos para detectar cuándo y dónde aparecen las marcas. Este enfoque proporciona a las empresas información sobre el contexto en el que se usan sus productos, identifica oportunidades de marketing y previene la falsificación. La automatización es clave: con miles de millones de imágenes diarias, solo la IA puede analizar los datos a escala.
Estas tecnologías no solo sirven a las empresas; las plataformas también las emplean para moderar contenido. TikTok, por ejemplo, ofrece a los titulares de marcas un formulario de denuncia y utiliza algoritmos para detectar infracciones y limitar el acceso a la función LIVE cuando hay violaciones graves. Su política de repetidores establece que una cuenta puede ser suspendida tras varias advertencias. Así, el monitoreo automatizado no es solo una herramienta empresarial, sino parte integral de la gobernanza de la plataforma.
A nivel internacional, la protección de las marcas se rige por tratados como el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC). El artículo 17 de este acuerdo permite a los Estados establecer excepciones limitadas a los derechos conferidos por una marca, como el uso descriptivo, siempre que se respeten los intereses legítimos del titular y de terceros. Sin embargo, el tratado no define con claridad cómo deben aplicarse estas excepciones en el contexto de parodias o contenidos virales; eso se deja a las legislaciones nacionales.
Las diferencias entre países son significativas. En Estados Unidos, la doctrina del fair use se divide en “uso descriptivo” y “uso nominativo”. Este último permite mencionar marcas para identificar productos o compararlos, siempre que no se utilice más de lo necesario ni se sugiera patrocinio. En el Reino Unido no existe un equivalente directo: el uso sin permiso se evalúa bajo el estándar de prácticas comerciales honestas y las excepciones se limitan a descripciones y publicidad comparativa. Canadá tampoco reconoce una doctrina de fair use para marcas; el criterio se centra en si el uso crea confusión o diluye la distintividad. En la Unión Europea, la normativa admite ciertas menciones cuando son necesarias para indicar la finalidad de un producto y no se aprovecha indebidamente la reputación de la marca.
En América Latina, muchos países siguen los principios del ADPIC y del Convenio de París, pero la jurisprudencia sobre redes sociales es incipiente. La doctrina del derecho de cita y parodia reconoce cierta libertad creativa, pero la mayoría de legislaciones otorgan preferencia a la protección de la marca cuando hay riesgo de confusión o dilución. Las diferencias regulatorias generan incertidumbre para los creadores que publican contenido a escala global: un vídeo que parodia un logo puede ser lícito en Estados Unidos pero problemático en Europa o viceversa. Esta fragmentación abre espacio para litigios estratégicos y shopping jurisdiccional.
La tecnología añade otra capa de complejidad. Los algoritmos de reconocimiento no distinguen entre usos paródicos y comerciales, por lo que pueden eliminar vídeos que, en algunos países, estarían protegidos por la libertad de expresión. La ausencia de criterios uniformes sobre la información que debe considerarse “transformativa” o “descriptiva” dificulta automatizar la moderación sin falsear resultados. Además, los marcos normativos deben actualizarse para abordar la vigilancia masiva: la privacidad de los usuarios y la transparencia de los sistemas de IA son temas cruciales que aún carecen de regulación específica.
Para los creadores, TikTok es un espacio de experimentación donde se mezclan humor, crítica social y publicidad. La presencia de marcas en vídeos virales puede ser un homenaje, una sátira o simplemente un elemento más de la narrativa. Sin embargo, el incremento de demandas y la aplicación de algoritmos de protección automatizado han generado preocupación por la censura y el impacto en la creatividad. Cuando una empresa denuncia un vídeo, TikTok puede eliminarlo y enviar advertencias que, acumuladas, llevan al cierre de la cuenta. Las apelaciones son posibles, pero el usuario debe demostrar que tiene permiso o derecho a usar la marca; alegar ignorancia o libertad de expresión no es suficiente.
Las políticas de TikTok contemplan excepciones: es lícito referenciar, criticar o parodiar una marca sin autorización siempre que no se cause confusión sobre el origen de los productos o se utilice el logo para designar bienes propios. No obstante, la aplicación práctica de estas reglas es dispar. Muchas denuncias se resuelven mediante sistemas automatizados que no distinguen contextos, y los creadores suelen desconocer los procedimientos para apelar o demostrar su derecho. Esto genera un ambiente donde la autocensura aparece como estrategia de supervivencia para evitar la pérdida de cuentas.
El uso de IA por parte de las marcas también plantea dilemas éticos. Los sistemas de monitoreo pueden capturar y analizar grandes volúmenes de datos de usuarios, generando inquietudes sobre privacidad y vigilancia. Además, la clasificación de contenido como infractor o no infractor puede reproducir sesgos y perjudicar a comunidades que recurren a la parodia para denunciar injusticias. Abogados y académicos advierten que el equilibrio entre proteger la propiedad industrial en TikTok y preservar la libertad creativa debe incluir transparencia y supervisión humana.
Finalmente, el conflicto afecta la dinámica cultural de las redes sociales. La viralidad y la comunidad se construyen a través de remixar, parodiar y recontextualizar símbolos, una práctica que enriquece la cultura digital. Si la aplicación de algoritmos de vigilancia se vuelve excesivamente estricta, podría empobrecer el ecosistema creativo y limitar la evolución del lenguaje visual. Es necesario debatir cómo se pueden proteger las marcas sin sofocar la innovación y la crítica.
El conflicto entre TikTok y las marcas registradas evidencia una transformación profunda en el derecho y la cultura digital. La difusión masiva de vídeos virales ha ampliado las posibilidades de expresión, pero también ha multiplicado los riesgos de infracción de marcas en redes sociales. Las empresas han respondido con demandas, cartas de cese y tecnología de vigilancia que detecta logos en tiempo real, mientras que los creadores buscan equilibrios entre creatividad y cumplimiento legal. Las implicaciones van más allá de lo jurídico: afectan la reputación de las marcas, la libertad artística y la percepción pública de la justicia.
Para los usuarios, la recomendación principal es informarse. Conocer qué usos constituyen uso no autorizado de marcas y cuáles son aceptados –como reseñas, comparaciones o parodias no comerciales– puede evitar conflictos con grandes compañías. También es aconsejable registrar los nombres o logos propios y consultar a especialistas antes de utilizar signos protegidos. Para las marcas, se sugiere adoptar estrategias equilibradas: vigilar y denunciar cuando exista riesgo real de confusión o dilución, pero también aprovechar oportunidades de interacción con la comunidad y ser conscientes del efecto que una demanda puede tener en su imagen.
Las plataformas deben asumir un rol activo en la educación digital. Esto implica ofrecer herramientas claras para denunciar y apelar, y transparentar cómo funcionan los algoritmos que identifican infracciones. La colaboración con expertos en propiedad intelectual y derechos humanos puede ayudar a afinar los sistemas de moderación y evitar bloqueos indiscriminados. Asimismo, se requiere trabajar en la legislación sobre marcas registradas para incorporar criterios que reconozcan la especificidad de los contenidos virales y la naturaleza transformativa del arte digital.
De cara al futuro, es probable que la protección de marcas en redes sociales se base en un equilibrio entre regulación, tecnología y cultura. Veremos un aumento de sistemas de IA que combinen reconocimiento de logos con análisis de contexto, permitiendo distinguir parodias de usos comerciales. Las leyes deberán adaptarse para brindar excepciones claras y predecibles, y para establecer límites a la vigilancia masiva. Solo así se podrá fomentar un ecosistema donde la creatividad florezca y las marcas se protejan de manera justa.
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En el panorama contemporáneo de la propiedad intelectual, las patentes se han convertido en un pilar estratégico para la innovación y la competitividad global. Su función trasciende la mera protección de invenciones: son una herramienta de control de mercado, una carta de negociación geopolítica y un catalizador para el desarrollo tecnológico. En el entorno digital y físico, las disputas y acuerdos en torno a ellas definen la dirección de industrias enteras.
En los últimos años, la aceleración de la tecnología ha tensionado los marcos regulatorios existentes. El diseño y la funcionalidad de productos, desde dispositivos médicos portátiles hasta consolas de videojuegos, están sujetos a reclamaciones que pueden frenar lanzamientos, modificar características o incluso forzar cambios en modelos de negocio. Casos recientes como el litigio entre Apple y Masimo por la medición de oxígeno en sangre, o las nuevas patentes de Nintendo para accesorios de la Switch 2, demuestran cómo el diseño se entrelaza con las estrategias legales y comerciales.
La relevancia económica de las patentes es incuestionable. En sectores como el farmacéutico, la expiración de derechos exclusivos puede transformar radicalmente el acceso a medicamentos, reduciendo precios y ampliando opciones para los pacientes, como ha ocurrido en México con la liberación de 386 patentes anunciada por el gobierno federal. Estos movimientos no solo afectan a empresas y consumidores, sino que impactan en la planificación de políticas públicas de salud, comercio e innovación.
En este artículo se explorarán cinco ejes clave: la evolución reciente de las patentes y su relación con el diseño; ejemplos recientes que ilustran el impacto económico y social de su gestión; el papel de la tecnología y la ingeniería inversa; los retos regulatorios y geopolíticos; y finalmente, las perspectivas y posibles soluciones para armonizar la protección de la innovación con el acceso justo a sus beneficios.
En su concepción original, las patentes fueron diseñadas para incentivar la innovación, otorgando a los inventores un monopolio temporal a cambio de divulgar públicamente su invención. Esta lógica buscaba premiar el esfuerzo creativo y, al mismo tiempo, enriquecer el acervo tecnológico global. No obstante, en la actualidad este equilibrio se enfrenta a tensiones inéditas generadas por la aceleración tecnológica, la complejidad de los mercados globalizados y la sofisticación de las estrategias legales.
El caso de Apple contra Masimo ilustra una de las tendencias más visibles: el uso de patentes como arma de control en mercados de alto valor tecnológico. En este litigio, la Comisión de Comercio Internacional de Estados Unidos (ITC)impuso restricciones que obligaron a Apple a modificar el diseño funcional de su Apple Watch para continuar su comercialización. La solución adoptada —trasladar el cálculo de datos al iPhone— no solo demuestra cómo el diseño de producto se convierte en una herramienta legal para sortear prohibiciones, sino que evidencia la capacidad de las empresas para reconfigurar sus procesos técnicos con rapidez y precisión.
En este escenario, la interacción entre ingeniería y derecho cobra un papel central. No es nueva la relación entre el diseño y las estrategias de protección, pero la velocidad con la que las empresas deben adaptarse ha aumentado de forma exponencial. La estrategia de Apple no consistió en abandonar la funcionalidad patentada, sino en rediseñar el flujo de datos para evitar infracciones, práctica conocida como design around, que implica un profundo análisis técnico-jurídico para garantizar que cada modificación cumpla con las normativas vigentes.
Este tipo de adaptaciones no solo son reactivas. Muchas compañías, especialmente en sectores de alta tecnología, integran en sus procesos de I+D simulaciones jurídicas y escenarios de riesgo que les permiten anticipar posibles conflictos. Esto incluye el mapeo de patentes de competidores, el análisis de tendencias en litigios y la incorporación de equipos multidisciplinarios que combinan ingenieros, abogados y especialistas en propiedad intelectual. Así, el diseño deja de ser únicamente un factor estético o funcional para convertirse en un escudo estratégico frente a eventuales disputas legales y barreras de entrada en mercados clave.
Cuando una patente expira o es liberada, el impacto económico suele ser inmediato y de gran magnitud. En el sector farmacéutico, por ejemplo, la expiración abre la puerta a la entrada de medicamentos genéricos, lo que incrementa la competencia, reduce los precios y, en muchos casos, genera un efecto dominó en toda la cadena de suministro. La liberación de 386 patentes en México en 2024 es un ejemplo claro y reciente: según Antonio Pascual Feria, presidente de Anafarmex, esta medida abrirá el mercado a más opciones, diversificará la oferta y reducirá costes para millones de pacientes, además de generar presión competitiva que incentiva la innovación en nuevas áreas terapéuticas.
Este fenómeno también redistribuye poder en la cadena de valor. Las grandes farmacéuticas ven cómo sus márgenes se reducen al perder la exclusividad de comercialización, mientras que los fabricantes de genéricos ganan terreno, capacidad de producción y acceso a nuevos mercados. Desde un punto de vista de salud pública, esta dinámica permite ampliar el acceso a tratamientos antes inaccesibles para ciertos segmentos de la población, contribuyendo a cerrar brechas sanitarias y a mejorar indicadores de salud a nivel nacional.
No obstante, la liberación de patentes también plantea desafíos complejos. Es necesario garantizar la calidad de los productos genéricos mediante procesos estrictos de certificación, evitar falsificaciones que puedan poner en riesgo la seguridad de los pacientes y asegurar que el marco regulatorio —como el Reglamento de Insumos para la Salud en México— se cumpla estrictamente. Esto implica fortalecer la capacidad de las agencias regulatorias, mejorar la trazabilidad de los medicamentos y promover la educación del consumidor para diferenciar productos legítimos de copias ilegales. En este sentido, las patentes no solo protegen la innovación, sino que también contribuyen indirectamente al control de calidad y seguridad en sectores sensibles.
Este tipo de decisiones tiene además un componente de diplomacia comercial. Países con producción farmacéutica robusta pueden aprovechar la expiración de patentes para firmar acuerdos que les permitan exportar genéricos a mercados donde aún rigen protecciones, generando oportunidades económicas, pero también tensiones en foros multilaterales como la OMPI o la OMC. Estas tensiones pueden derivar en negociaciones bilaterales, demandas ante organismos internacionales o incluso en la revisión de tratados de libre comercio que incluyen capítulos específicos sobre propiedad intelectual.
La industria del videojuego ofrece un laboratorio fascinante y dinámico para observar cómo las patentes se cruzan con el diseño y modelan la experiencia de los usuarios. El reciente registro de patentes por parte de Nintendo para accesorios de la Switch 2 revela una estrategia híbrida que combina protección jurídica con exploración creativa: se trata de blindar ideas innovadoras que podrían llegar o no al mercado, pero que cumplen la función de marcar territorio frente a competidores y posibles imitadores, así como abrir líneas de investigación tecnológica internas.
Estos accesorios —como una manivela acoplable o una rueda clicable— no solo añaden funciones, sino que amplían las posibilidades de interacción y juego, creando oportunidades para licencias exclusivas, colaboraciones con desarrolladores externos y experiencias únicas que refuercen la fidelidad de los usuarios. Aunque muchas patentes no se materializan en productos finales, su mera existencia puede disuadir a competidores de desarrollar conceptos similares, servir como moneda de negociación en acuerdos comerciales o establecer una posición de liderazgo tecnológico en segmentos muy específicos.
En términos de modelos de negocio, las patentes permiten a las compañías crear ecosistemas cerrados y altamente controlados donde el hardware, el software y los accesorios se retroalimentan entre sí, protegiendo la inversión creativa y manteniendo un control estricto de la calidad y compatibilidad. Este enfoque es especialmente relevante en un mercado donde la experiencia de usuario y la diferenciación de marca son elementos decisivos para la preferencia del consumidor. Además, estas estrategias facilitan el desarrollo de líneas de producto complementarias y fomentan la recurrencia de compra, algo crucial en la industria del entretenimiento interactivo.
Sin embargo, este control también enfrenta críticas y genera debates. Desde la perspectiva del consumidor, las patentes pueden limitar la interoperabilidad con dispositivos de terceros, encarecer accesorios por la falta de competencia y restringir la creatividad de desarrolladores independientes que podrían aportar ideas valiosas. Asimismo, existe el riesgo de que la protección excesiva frene la innovación abierta y reduzca la diversidad de propuestas en el mercado, afectando en última instancia a la evolución del medio y a la libertad creativa de la comunidad de jugadores.
Las patentes en la actualidad ya no son simples títulos de propiedad sobre una invención: son piezas clave en el tablero global donde el diseño, la tecnología, la economía y la política se entrelazan. Casos como el de Apple, la liberación de patentes farmacéuticas en México y las innovaciones registradas por Nintendo muestran que su gestión tiene consecuencias inmediatas en la vida de los consumidores, en la competitividad empresarial y en el acceso a bienes esenciales.
El desafío radica en encontrar un equilibrio entre incentivar la innovación y garantizar un acceso justo y asequible a sus beneficios. Esto implica marcos legales más dinámicos, reguladores especializados y una cooperación internacional efectiva.
En el futuro, la presión de las tecnologías disruptivas y los retos globales como el cambio climático o las pandemias obligará a replantear los modelos actuales de propiedad intelectual. Es probable que surjan nuevas formas de licenciamiento, de titularidad compartida y de explotación colectiva de patentes. La idea fuerza es clara: las patentes, bien gestionadas, pueden ser motor de desarrollo y no barrera; el diseño inteligente, respaldado por una estrategia legal sólida, es la llave para que la innovación llegue más lejos y beneficie a más personas.
En la economía digital y globalizada, la propiedad intelectual se ha convertido en uno de los activos más estratégicos para las empresas. Las marcas registradas, más allá de ser signos distintivos, encapsulan identidad, confianza y reputación. No obstante, cuando estas marcas se ven inmersas en controversias públicas, el impacto trasciende lo jurídico: afecta directamente la percepción del consumidor, la imagen corporativa y la narrativa institucional.
Los litigios de propiedad intelectual ya no se limitan a tribunales especializados. Hoy se libran también en medios de comunicación, redes sociales y foros internacionales, donde las marcas se ven forzadas a defender no solo sus derechos, sino también su prestigio. La forma en que una empresa enfrenta un conflicto legal corporativo puede consolidar o erosionar años de construcción de marca.
Tres casos recientes y emblemáticos —McDonald’s vs Supermac’s, Bacardí vs Pernod Ricard, y Carbonell vs La Española— ilustran cómo la disputa de marcas puede derivar en escenarios complejos donde la estrategia legal y la reputacional deben marchar juntas. Estos conflictos no solo redefinen el alcance de los derechos de marca, sino también marcan nuevas fronteras en el enforcement de marcas en contextos globales.
Este artículo analiza cómo los litigios de alto perfil están configurando nuevas reglas del juego para las empresas en términos de protección de activos intangibles, legitimidad ante los consumidores y gestión de crisis reputacional.
En enero de 2019 y ratificado parcialmente en 2024, el Tribunal General de la Unión Europea (TGUE) dictaminó la revocación del registro de marca "Big Mac" de McDonald’s para diversas clases de productos, principalmente aquellos relacionados con alimentos avícolas y servicios de restaurante. La resolución se sustentó en la falta de "uso genuino", según lo establecido en el artículo 58(1)(a) del Reglamento (UE) 2017/1001, que obliga a las empresas titulares de marcas a demostrar un uso efectivo y continuo de las mismas en un período de cinco años.
La demanda fue promovida por Supermac’s, una cadena irlandesa de comida rápida con fuerte presencia nacional, que enfrentaba barreras para expandirse en la Unión Europea debido a los extensos registros marcarios de McDonald’s. La empresa denunció un caso de trademark bullying, al argumentar que McDonald’s utilizaba sus registros como una herramienta de bloqueo comercial, sin intención real de explotación de la marca en ciertas categorías. Esta estrategia, aunque legalmente posible, fue puesta en entredicho tanto en tribunales como en la opinión pública.
El fallo generó un impacto significativo en dos planos. Desde el punto de vista legal, McDonald’s vio reducida su capacidad de enforcement sobre la marca "Big Mac" en el mercado europeo. Pero más allá del plano técnico, el efecto más inmediato fue de carácter reputacional: medios internacionales presentaron a McDonald’s como una corporación que abusa de su poder de mercado, mientras que Supermac’s fue retratada como una empresa local valiente que se enfrentó a un gigante y triunfó. Esta narrativa de "David contra Goliat" fue especialmente poderosa y se viralizó rápidamente en redes sociales, otorgando a Supermac’s una visibilidad global inédita.
El caso también desencadenó un debate más amplio sobre el equilibrio entre el derecho exclusivo otorgado por el registro de marca y el uso efectivo de dicho derecho en beneficio del consumidor. Se intensificaron las discusiones sobre la necesidad de reforzar los controles sobre el uso real de las marcas para evitar que se conviertan en meros obstáculos estratégicos al crecimiento empresarial de terceros.
Desde la perspectiva estratégica, este episodio se convirtió en un referente para muchas pequeñas y medianas empresas (pymes) que buscan disputar espacios comerciales frente a grandes conglomerados. La victoria de Supermac’s no solo demostró que el sistema jurídico europeo ofrece mecanismos efectivos de defensa frente al acaparamiento de signos distintivos, sino que también puso de relieve la importancia de combinar argumentos legales sólidos con una estrategia de comunicación coherente y empática ante la opinión pública.
Este caso no solo sentó un precedente en cuanto al "uso genuino" como requisito de mantenimiento de derechos, sino que también provocó una reflexión profunda en torno al rol ético de las marcas globales en mercados diversos. A partir de esta resolución, muchas empresas han revisado sus portafolios de marca, adaptando sus estrategias para documentar de forma continua el uso real y evitar quedar expuestas a cancelaciones por falta de uso.
El conflicto por la marca Havana Club es uno de los litigios de marcas más complejos, prolongados y simbólicamente cargados de las últimas décadas. Su origen se remonta a la expropiación, por parte del gobierno cubano en 1960, de la empresa ronera perteneciente a la familia Arechabala, quienes habían fundado originalmente la marca en 1934 y la habían posicionado como uno de los rones más reconocidos de la isla. Tras el exilio forzado, la familia perdió todo control sobre su marca, lo que abrió la puerta a múltiples reclamos internacionales. Décadas más tarde, Bacardí adquirió los derechos de la familia en el exilio, argumentando que la transferencia había sido legítima y que, por tanto, era la verdadera heredera del legado de Havana Club.
Simultáneamente, en 1993, el gobierno cubano selló una alianza estratégica con Pernod Ricard, una multinacional francesa especializada en bebidas alcohólicas, con el objetivo de relanzar y exportar el ron Havana Club bajo la égida del Estado cubano. Esta colaboración consolidó una disputa transfronteriza que involucró no solo aspectos comerciales y de enforcement de marcas, sino también tensiones diplomáticas, ideológicas e históricas. Mientras Bacardí ostenta derechos sobre la marca en Estados Unidos, Pernod Ricard controla su uso en la Unión Europea y otros mercados globales, generando un raro fenómeno de doble titularidad que coexiste en tensión permanente.
Ambas empresas han desarrollado estrategias de enforcement extraordinariamente elaboradas, combinando acciones legales con campañas de comunicación que apelan directamente a las emociones, la identidad cultural y la historia. En 2016, Bacardí impulsó la obra teatral "Amparo", una experiencia inmersiva que relataba el drama de los Arechabala y su exilio. La pieza fue exhibida en ciudades como Miami, donde reside una numerosa comunidad cubana en el exilio, logrando gran impacto mediático. Con ello, Bacardí no solo defendía su derecho legal, sino que tejía una narrativa de justicia histórica, autenticidad exiliada y legado familiar arrebatado.
Pernod Ricard, por su lado, ha insistido en la legitimidad de su producción en Cuba, resaltando que su Havana Club se elabora íntegramente en la isla con caña de azúcar local, empleando métodos tradicionales y con el respaldo institucional del gobierno cubano. Su estrategia de comunicación ha girado en torno a la noción de "verdadera cubanía", incorporando elementos como la protección de denominaciones de origen y la sostenibilidad cultural como ejes de autenticidad. De este modo, ha posicionado su producto no solo como una bebida espirituosa, sino como una expresión del patrimonio cubano vivo y en ejercicio.
Este litigio representa mucho más que una disputa por derechos de marca: es una confrontación de narrativas en torno a la legitimidad, la historia y la identidad nacional. El caso Havana Club encarna la colisión entre el relato del exilio y el de la soberanía estatal, entre la autenticidad reivindicada desde fuera y la continuidad institucional desde dentro. Las implicaciones reputacionales son evidentes: cada empresa ha moldeado una historia que conecta con públicos específicos, apelando a emociones, lealtades y memorias profundas.
En definitiva, el caso ilustra cómo el valor simbólico de una marca puede ir más allá del producto en sí. Havana Club se ha convertido en una arena donde se debaten el sentido de pertenencia, los efectos del desarraigo, la fuerza del branding cultural y la capacidad de las empresas para construir legitimidad no solo a través de registros marcarios, sino mediante discursos que conectan con el alma de una nación.
En 2009, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) dictó una sentencia clave que definió con mayor precisión los límites de la protección visual de las marcas, abordando un aspecto que hasta entonces había sido menos desarrollado en la jurisprudencia europea: el valor distintivo de los elementos gráficos en el punto de venta. El conflicto legal enfrentó a Grupo SOS, propietario de la marca Carbonell, contra Aceites del Sur-Coosur, titular de La Española, dos actores principales en el competitivo mercado de aceites de oliva de España. El litigio se centró en las similitudes entre los envases de ambas marcas, particularmente en la representación de figuras femeninas andaluzas que evocaban elementos culturales y visuales similares.
Las etiquetas de ambos productos mostraban a una mujer vestida con traje tradicional andaluz, sentada en un entorno rural con olivos, en actitudes casi idénticas. El TJUE, considerando el conjunto de la imagen y no solo los elementos textuales, concluyó que existía un claro "riesgo de confusión" entre ambas presentaciones, especialmente para el consumidor promedio, que en el entorno acelerado de compra de un supermercado no realiza un análisis comparativo exhaustivo, sino que se guía por impresiones generales y asociaciones visuales rápidas.
El fallo resultó ser un hito, ya que reafirmó que los elementos gráficos como ilustraciones, colores y disposición visual, forman parte integral del signo distintivo de una marca, y por tanto, deben ser protegidos al mismo nivel que los nombres y logotipos. La decisión impulsó una revisión crítica en múltiples sectores sobre el diseño y la originalidad en el packaging, enfatizando que el envoltorio es, en muchos casos, el primer contacto entre el producto y el consumidor, y como tal, constituye una parte esencial de la propuesta de valor de marca.
Además de sus efectos legales, la decisión tuvo un notable impacto en la reputación corporativa de ambas compañías. Carbonell fue percibida por el público y por expertos del sector como una marca que defendía su legado y estética tradicional frente a un intento de imitación. Por su parte, La Española enfrentó cuestionamientos en medios especializados y foros de consumidores por su estrategia de branding, considerada por algunos como demasiado próxima a la de su competidor. Esta percepción pública obligó a la empresa a reevaluar su identidad visual y distanciarse estéticamente de su rival, para evitar futuros problemas de percepción o sanciones regulatorias.
Como resultado, este caso motivó a numerosos actores del mercado alimentario europeo a implementar auditorías visuales preventivas, con el fin de evitar similitudes con marcas preexistentes y proteger su reputación. También impulsó la aparición de herramientas tecnológicas para el análisis comparativo de elementos visuales, así como la asesoría legal especializada en identidad gráfica y distintividad visual. En definitiva, este litigio subrayó la creciente importancia de la estética visual como activo intangible protegido por el derecho marcario y su rol estratégico en la competencia empresarial.
Los tres casos analizados reflejan una verdad esencial: en la actualidad, defender una marca registrada implica mucho más que ganar en los tribunales. La reputación de una empresa se juega en la percepción pública, y un litigio mal gestionado puede convertirse en una amenaza directa a la lealtad del consumidor y al valor de la marca.
Primero, el litigation PR (relaciones públicas para litigios) debe incorporarse como parte de toda estrategia de enforcement. Las campañas comunicacionales en torno a los litigios pueden humanizar una causa legal o, por el contrario, intensificar la percepción de abuso o falta de ética.
Segundo, el cumplimiento de normas como el “uso genuino” en la UE obliga a las empresas a mantener una actividad comercial documentada y real sobre sus marcas. No basta con registrar: hay que demostrar uso. Esto se vuelve crítico en contextos donde los litigios pueden derivar en la pérdida de derechos adquiridos.
Tercero, la tecnología aplicada a la propiedad intelectual ofrece nuevas herramientas para evitar conflictos. El uso de blockchain para registrar el uso de marcas y de inteligencia artificial para detectar similitudes visuales son ya parte del arsenal preventivo de las empresas más innovadoras.
Finalmente, en el contexto actual de creciente regulación y mayor conciencia social, el valor intangible de una marca depende también de su comportamiento ético, su narrativa pública y su capacidad de adaptación ante desafíos legales. Las empresas que comprendan esta dinámica estarán mejor preparadas para afrontar los litigios de PI que definirán la reputación corporativa en la próxima década.
María, una empresaria ambateña de calzado artesanal, descubrió en 2022 que su marca 'Andes Shoes' era vendida en Facebook Marketplace… por alguien que jamás había pisado los Andes. Las imitaciones, un 40% más baratas pero un 80% menos duraderas, le hicieron perder contratos en Quito y Guayaquil. Este caso, aunque singular, ilustra un problema generalizado: de acuerdo con la Cámara de Industrias de Guayaquil, la piratería representa para Ecuador pérdidas cercanas a los 900 millones de dólares anuales.
En la actualidad, la piratería trasciende los mercados informales y llega a los algoritmos, redes sociales y contenedores transnacionales. El presente artículo explora la forma en que Ecuador combate este flagelo en tres frentes: lo físico, lo fronterizo y lo digital, en un contexto donde el derecho y la tecnología se han convertido en aliados imprescindibles.
Según el informe “Trade in Counterfeit Goods and the Italian Economy” de la OCDE de 2023, el 3,3 % del comercio mundial corresponde a productos falsificados, con un valor récord de 464 mil millones de dólares[1]. Entre 2020 y 2023, las falsificaciones en entornos virtuales crecieron un 154 %, impulsadas por plataformas como Amazon o Facebook Marketplace, que se han convertido en canales de distribución clave para la comercialización de imitaciones que desafían las legislaciones nacionales.
En América Latina, Ecuador figura como uno de los países más afectados. Según la Cámara de Industrias de Guayaquil, la piratería equivale a un 1,5 % de su PIB ecuatoriano. A nivel regional, la Comunidad Andina (CAN) reporta que el 22 % de las incautaciones aduaneras están vinculadas a infracciones de marcas, mientras que el Servicio Nacional de Derechos Intelectuales del Ecuador (SENADI), reporta un 18 % de efectividad en casos de medidas en frontera, según datos de su Memoria Anual 2023[2].
Estas cifras revelan una paradoja: aunque Ecuador cuenta con legislación en materia de propiedad intelectual -la Decisión 486, el Código Orgánico de la Economía Social de los Conocimiento e Innovación (COESCCI) y el Código Orgánico Integral Penal (COIP)-, su capacidad para frenar la piratería está limitada por la asimetría entre normas escritas y recursos operativos. Mientras el comercio digital crece a un ritmo del 12 % anual en el país según cifras del Banco Central del Ecuador, los controles en redes sociales y aduanas siguen dependiendo de protocolos manuales y denuncias reactivas. Para subsanar esta brecha, se hace imprescindible una defensa multinivel que abarque lo físico, lo fronterizo y lo digital.
Aunque el debate global se centre en algoritmos y large language models (LLMS), gran parte de la lucha contra la piratería aún se libra entre puestos callejeros y bodegas clandestinas. En el comercio informal, que representa el 35 % de la economía del Ecuador según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), los operativos contra falsificaciones físicas siguen siendo la primera trinchera. Tan solo en el último año, agentes aduaneros incautaron 50000 productos falsos valorados en 6,5 millones de dólares y de ellos, los zapatos (45 %) y ropa deportiva (30 %), lideran las incautaciones.
Pero ¿qué hace posible desmantelar estas redes? La respuesta está en dos herramientas jurídicas: la Decisión 486 de la Comunidad Andina, y el Código Orgánico Integral Penal (COIP). Sin embargo, ni las leyes más rigurosas son inmunes al fenómeno sistémico de corrupción. En 2023, Transparencia Internacional reveló que el 23 % de los casos de piratería en Ecuador involucran sobornos a funcionarios, un fenómeno que va desde la "autorización" para ingresar contenedores hasta la desaparición de evidencias.
Sin embargo, los allanamientos e incautaciones resultan ineficaces si los casos se diluyen en procesos judiciales prolongados. En Ecuador, el promedio de tiempo para concluir una investigación preprocesal penal por infracción a derechos de propiedad intelectual es de 18 meses, según estadisticas de la Fiscalía General del Estado del Ecuador.
En un hito jurídico para Ecuador, en 2024 se dictó la primera sentencia por asociación ilícita en un caso de falsificación marcaria. Esta decisión refuerza el combate contra la piratería al vincular la falsificación con estructuras criminales organizadas, elevando su gravedad legal. El fallo sienta un precedente clave para fortalecer la protección de marcas en un mercado donde la infracción digital y física coexisten.
Al final, cada allanamiento exitoso es una batalla ganada, pero la guerra exige más. Por cada bodega allanada, hay diez cuentas falsas en Instagram y TikTok vendiendo productos falsificados; por cada infractor sancionado, surge un influencer promocionando imitaciones. La lección es clara: en el siglo XXI, proteger una marca requiere tanta pericia para rastrear un hashtag en redes sociales como para rastrear una etiqueta en el mercado.
En un escenario de creciente globalización, las fronteras ya no son simples líneas geográficas, sino puntos críticos donde convergen flujos de comercio lícito e ilícito. Los aeropuertos, puertos marítimos y pasos terrestres de Ecuador se han transformado en campos de batalla donde la propiedad intelectual se juega su última carta antes de que los productos falsificados lleguen al consumidor final. En este frente, las medidas en frontera se convierten en herramientas estratégicas que requieren una combinación de normativa, cooperación internacional y tecnología.
La Decisión 486 de la Comunidad Andina, en su artículo 243, establece la base legal para la retención de mercancías sospechosas de infringir derechos de propiedad industrial. Este mecanismo legal ha demostrado su eficacia: según datos del Servicio Nacional de Aduana del Ecuador (SENAE), en 2023 se aplicaron medidas de este tipo en el 67 % de los casos detectados en el Aeropuerto Internacional Mariscal Sucre de Quito, con resultados significativos en la incautación de productos falsificados.
Un ejemplo ilustrativo sucedió recientemente, en febrero de 2025, donde se incautaron cientos de miles de tintas para impresora falsificadas que ingresaban por el puerto de Guayaquil. Lo notable de esta operación no fue solo la cantidad de productos retenidos, sino el uso de algoritmos de reconocimiento de patrones. Estos algoritmos analizaron documentos de embarque, detectando inconsistencias en códigos de barras y etiquetas, e información de envío. La acción oportuna conjunta evitó que estos productos ingresaran al mercado ecuatoriano, protegiendo tanto a consumidores como a los titulares de los derechos de las marcas originales.
A pesar de los avances normativos y tecnológicos, la implementación efectiva de medidas en frontera enfrenta obstáculos significativos. Para afrontar estos desafíos, Ecuador debe apostar por una estrategia fronteriza integral que combine legislación, cooperación internacional y tecnología. En la actualidad, el desafío no es solo detener un contenedor sospechoso en Guayaquil, sino anticiparse a su llegada mediante el análisis predictivo de datos. La defensa de las marcas en las fronteras exige, por tanto, un enfoque que trascienda lo físico y abrace lo digital, en una sinergia donde el derecho y la tecnología actúan como aliados inseparables.
El auge del comercio electrónico y las redes sociales ha redefinido el panorama de la piratería, convirtiendo plataformas como Instagram, Facebook Marketplace y TikTok en los nuevos centros para la comercialización de productos falsificados. En Ecuador, la falta de una regulación específica para el comercio digital ha permitido la proliferación de infracciones de marca en estos entornos.
Si bien la legislación ecuatoriana regula ciertos aspectos de los contenidos en línea, no aborda de manera específica la responsabilidad de los influencers en la promoción de productos falsificados. En el ámbito jurisprudencial internacional, se han sentado precedentes que establecen la corresponsabilidad de las plataformas de comercio electrónico cuando no retiran productos piratas tras recibir notificaciones formales. Esta tendencia podría servir de guía para futuras reformas andinas, dado que la Decisión 486 no contempla, de forma explícita, un deber de vigilancia activa en entornos digitales.
Por su parte, tecnologías como el web scraping y el monitoreo automatizado han demostrado eficacia en la detección de infracciones, mientras que la inteligencia artificial aplicada al análisis de patrones sospechosos podría optimizar la respuesta de las autoridades.
Un reto persistente es la demora de las plataformas digitales en retirar publicaciones ilegales, lo que prolonga la circulación de productos falsificados antes de que se tomen medidas efectivas. Esta lentitud afecta tanto a los titulares de derechos de propiedad intelectual como a los consumidores, quienes terminan expuestos a productos de baja calidad o riesgosos. Superar esta barrera implica establecer lineamientos claros de responsabilidad y protocolos de reacción más ágiles, fortaleciendo la articulación entre actores públicos y privados.
Las soluciones tecnológicas han demostrado ser clave en la lucha contra la piratería. Una de las innovaciones más prometedoras es el uso de blockchain para garantizar la trazabilidad en la cadena de custodia de productos incautados. Esta tecnología permite registrar cada etapa de una incautación, desde la identificación del producto hasta su almacenamiento en bodegas de evidencia, asegurando la integridad de la prueba ante posibles litigios.
Paralelamente, los algoritmos de inteligencia artificial (IA) han comenzado a desempeñar un rol crucial en la detección de patrones de comercio ilegal. En Ecuador, se han desarrollado pruebas piloto con machine learning para analizar guías de carga y detectar inconsistencias en códigos de barras, direcciones sospechosas o discrepancias en facturación, lo que permite anticiparse al ingreso de productos falsificados al país.
Para consolidar una defensa efectiva de las marcas, es necesario implementar medidas en tres niveles:
En definitiva, la lucha contra la piratería trasciende el ámbito estrictamente legal y se configura como un ecosistema donde convergen las normas legales y tecnologías como la inteligencia artificial. El éxito no dependerá únicamente de reformas normativas o de acciones aisladas en mercados informales, aduanas o redes sociales, sino de la integración constante de herramientas digitales y modelos de cooperación internacional en un enfoque estratégico.
En un mundo sin barreras físicas ni digitales, la defensa de las marcas deja de ser competencia exclusiva de abogados, fiscales y jueces, y se convierte en una alianza entre el derecho y la tecnología. La tecnología de cadena de bloques, al servicio de la normativa vigente, se perfila como la principal arma para salvaguardar la autenticidad y el valor de las marcas en el siglo XXI.
[2] https://www.derechosintelectuales.gob.ec/
La globalización y la expansión de los mercados han convertido a América Latina en un destino clave para las marcas europeas que buscan diversificar sus operaciones y aumentar su presencia internacional. Sin embargo, a medida que las empresas europeas ingresan a estos mercados emergentes, también enfrentan desafíos importantes relacionados con la protección de su propiedad intelectual (PI). La infracción de marcas, la falsificación y la competencia desleal son riesgos comunes en muchas economías de la región, donde las leyes de PI suelen ser insuficientes o mal aplicadas, lo que dificulta la protección efectiva de las marcas.
Una adecuada protección de marcas es esencial para salvaguardar los activos intangibles de una empresa y mantener la confianza de los consumidores, lo cual es crucial para asegurar una ventaja competitiva en un mercado extranjero. En este contexto, es fundamental que las marcas europeas comprendan las diversas opciones legales disponibles y adapten sus estrategias de protección a las particularidades de cada país en la región.
América Latina presenta un panorama diverso en términos de protección de la propiedad intelectual, con avances significativos en la implementación de marcos legales modernos y en la adhesión a tratados internacionales. Sin embargo, aún existen desafíos considerables, especialmente en los mercados emergentes. Aunque muchos países latinoamericanos han adoptado leyes de PI alineadas con los estándares internacionales, gracias a su participación en tratados como el Acuerdo de la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Convenio de París para la Protección de la Propiedad Industrial y el Protocolo relativo al Arreglo de Madrid, las dificultades en la aplicación y ejecución de estas leyes persisten.
En algunos países, la piratería y la falsificación siguen siendo problemas persistentes, exacerbados por la falta de recursos y la escasa coordinación entre las autoridades. Estas problemáticas se reflejan en prácticas ilegales como el contrabando y la fabricación de productos falsificados, que afectan principalmente a las marcas internacionales.
Entre los mercados emergentes más relevantes de la región se encuentran Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú, cuyo crecimiento económico los ha convertido en destinos atractivos para la inversión extranjera. Estos países se han destacado por su relevancia económica y han logrado ser reconocidos en índices internacionales, como él Dow Jones de mercados emergentes.
Sin embargo, también existen elementos normativos que representan una ventaja para los inversionistas europeos interesados en estos mercados. Un ejemplo clave es el Régimen Común de Propiedad Industrial de la Comunidad Andina, establecido por la Decisión 486, que agrupa a Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú. Este régimen ofrece beneficios, como la posibilidad de ejercer derechos de prioridad, presentar oposiciones andinas y probar el uso de marcas solo en uno de los países miembros para defenderse de posibles acciones de cancelación.
Además, varios países de América Latina, como Brasil, Chile, Colombia y México, forman parte del Protocolo de Madrid, lo que permite a las marcas europeas registrar sus marcas en estos países mediante una solicitud internacional, facilitando su protección de marcas en la región de manera eficiente en términos de tiempo y costos.
Aparte de las herramientas legales relacionadas con los tratados internacionales, otra de las opciones más directas para proteger una marca en América Latina es el registro nacional de marcas en cada país. Este proceso varía según la legislación de cada nación, pero incluye estos pasos: primero, realizar una búsqueda de disponibilidad de la marca para asegurarse de que no exista un registro previo de marcas similares; luego, presentar la solicitud de registro, con detalles sobre la marca y los productos o servicios a los que se aplica, según los requisitos nacionales.
Los plazos de respuesta y los costos asociados con el registro de marcas varían considerablemente en la región. Por ejemplo, el registro en Brasil puede demorar hasta 18 meses, mientras que en otros países como Colombia y Ecuador los plazos son más cortos. Los costos también son variables, por lo que es recomendable que las empresas se asesoren sobre las tarifas y la estructura de costos antes de iniciar el proceso. Además, uno de los principales desafíos del registro nacional es la existencia de marcas conflictivas. Las marcas similares o idénticas pueden generar disputas legales, y el proceso de oposición puede ser largo y costoso.
Para las marcas europeas que buscan expandirse en América Latina, es esencial elegir el mecanismo adecuado de protección. Las opciones incluyen el registro nacional, el aprovechamiento del Régimen Común de Propiedad Industrial de la Comunidad Andina o el uso del Sistema de Madrid para una cobertura más amplia. Hay que evaluar cuidadosamente las necesidades comerciales y legales antes de decidir.
Una vez obtenidos los derechos marcarios tras el registro de marcas, otro aspecto que deben considerar los inversionistas es la infracción de marcas, la cual representa un riesgo significativo en América Latina, donde la falsificación y el contrabando de productos son comunes. Las marcas europeas deben implementar estrategias legales tanto proactivas como reactivas para defender sus derechos de propiedad intelectual de manera efectiva. Entre las estrategias más efectivas se incluye la vigilancia constante del mercado, que implica monitorear el uso no autorizado de la marca tanto en línea como fuera de línea, y la vigilancia de solicitudes de registro de signos similares para identificar productos similares o idénticos a los suyos. Las empresas pueden contratar servicios de monitoreo para detectar productos falsificados en el comercio electrónico y otros indicios de infracción. Es fundamental que estas empresas cuenten con asesoría confiable y que se ajuste a sus necesidades específicas.
Cuando se detecta una infracción, es crucial que las empresas actúen rápidamente. Tras la identificación de la infracción y una vez determinada la magnitud de esta, para minimizar los costos iniciales y alcanzar una solución a corto plazo, se pueden plantear mecanismos extrajudiciales como las cartas de cese y desistimiento, así como los compromisos de cesación de la infracción. Si estas herramientas no resuelven los conflictos, se plantea la opción de iniciar acciones legales que contemplen medidas cautelares para cesar la conducta infractora, que, dependiendo de la legislación local del país donde se desenvuelva el conflicto, pueden ser de orden judicial o administrativo. Además, si la infracción persiste, se puede obtener una resolución o sentencia que declare la infracción y establezca medidas correctivas, como la cesación del uso no autorizado de la marca y la destrucción de productos falsificados.
Junto con las herramientas para obtener los derechos y las acciones legales para garantizar su protección, es fundamental que los titulares de los derechos colaboren estrechamente con las autoridades locales. Esto permitirá mantener una comunicación coordinada, tanto con autoridades aduaneras como con fiscalías, para abordar los problemas de falsificación y contrabando. El fortalecimiento de esta colaboración a través de la capacitación de las autoridades locales sobre los productos y marcas a proteger puede resultar en incautaciones preventivas y una respuesta más rápida ante infracciones.
Por su parte, los acuerdos comerciales entre la Unión Europea y varios países latinoamericanos, como el Tratado de Libre Comercio con México y el Acuerdo entre la UE y Mercosur, también ofrecen beneficios adicionales para la protección de marcas, mejorando la cooperación en la lucha contra la piratería y la falsificación y facilitando los procedimientos legales.
En resumen, las marcas europeas que buscan protegerse en los mercados emergentes de América Latina deben adoptar una estrategia integral que combine el registro adecuado de sus derechos de propiedad intelectual, el monitoreo constante del mercado y medidas legales efectivas para abordar las infracciones. Aunque la región presenta desafíos, existen herramientas y mecanismos que, si se emplean correctamente, pueden ofrecer una protección eficaz frente a los riesgos de infracción.
¿Tu empresa busca proteger su marca en América Latina? En Luzuriaga & Castro Abogados podemos ayudarte a construir una estrategia eficaz, con enfoque regional y experiencia en enforcement.
EAE Programas. (s.f.). Principales mercados emergentes en Latinoamérica.
Biz Latin Hub. (s.f.). Resumen sobre la regulación de propiedad intelectual en América Latina.
OMPI. (s.f.). Convenio de París para la Protección de la Propiedad Industrial. Organización Mundial de la Propiedad Intelectual.
OMPI. (s.f.). Protocolo relativo al Arreglo de Madrid. Organización Mundial de la Propiedad Intelectual.
Mark D. Martin. (2025). Intellectual Property in Brazil: 2025 Outlook.
LexLatin. (2024). Evolución de la propiedad intelectual en México: servicios legales e impulso al crecimiento.
Harris Sliwoski. (s.f.). Registering Trademarks in Brazil: What You Need to Know.
En el corazón de la economía del conocimiento, las patentes funcionan como instrumentos jurídicos esenciales para proteger la innovación. Se trata de derechos exclusivos otorgados a los inventores sobre sus invenciones, permitiéndoles impedir temporalmente que terceros fabriquen, utilicen o comercialicen el invento sin su consentimiento. Esta protección tiene un doble propósito: fomentar la inversión en investigación y desarrollo (I+D) y promover la divulgación tecnológica como parte del progreso colectivo.
En un entorno donde la tecnología avanza a una velocidad sin precedentes, las patentes no han perdido vigencia; al contrario, se han vuelto aún más críticas. Desde medicamentos revolucionarios hasta innovaciones biomédicas o sistemas de telecomunicación, las patentes permiten consolidar ventajas competitivas, monetizar desarrollos técnicos y proyectar la propiedad intelectual como un activo estratégico en las economías modernas.
No obstante, la protección de patentes enfrenta nuevos retos: el surgimiento de biosimilares, la interoperabilidad tecnológica, la fragmentación regulatoria global y el enforcement efectivo en mercados digitales. A esto se suma la dificultad de balancear el interés privado del titular con el interés público de acceso al conocimiento, particularmente en sectores sensibles como la salud.
Este artículo propone un análisis concreto y actual de estos desafíos a través de tres casos reales: la estrategia de MSDante la expiración de la patente de Keytruda, la nueva patente biomédica desarrollada en Costa Rica por el TEC, y el reciente litigio entre TOT Power Control y Apple. Cada caso ilustra diferentes aspectos del ecosistema de patentes: desde la defensa estratégica frente a la expiración, hasta el reconocimiento internacional de innovaciones emergentes y la resolución de disputas transnacionales por infracción de patentes
El medicamento Keytruda, desarrollado por la farmacéutica estadounidense MSD, es uno de los tratamientos oncológicos más rentables del mundo. Su principio activo, el pembrolizumab, ha sido clave para tratar diversos tipos de cáncer, como el de pulmón, vejiga y melanoma. Sin embargo, la patente de este blockbuster farmacéutico está próxima a expirar a finales de esta década, abriendo el camino para la entrada de biosimilares que amenazan con erosionar su cuota de mercado.
Ante la inminente expiración, MSD ha optado por una estrategia que combina innovación incremental con estrategia comercial: el desarrollo de una nueva versión subcutánea del medicamento, denominada MK-3475A Subcutaneus Keytruda. Esta modificación no solo mejora la experiencia del paciente, al reducir el tiempo de administración, sino que también permite proteger el nuevo formato mediante una nueva patente.
Este caso representa un excelente ejemplo de cómo las empresas adaptan su portafolio de propiedad intelectual para preservar su posición competitiva más allá del vencimiento de las patentes originales. Según Evaluate Pharma, las ventas de Keytruda caerán de 25.450 millones de euros en 2024 a 14.580 millones en 2030, pero la nueva versión subcutánea compensaría el 60% de esta caída con ingresos de más de 6.500 millones. Para saber más puedes consultar: MSD limitará al 40% el golpe en ventas por el fin de la patente de su antitumoral estrella.
La estrategia de MSD se conoce como evergreening, una práctica que, aunque controvertida, es legal si cumple con los requisitos de novedad, nivel inventivo y aplicación industrial. La evolución del medicamento hacia nuevas formas de administración puede generar nuevas patentes que prolonguen su exclusividad comercial. Este enfoque evidencia cómo el registro de invenciones se convierte en una herramienta de defensa comercial ante la competencia de genéricos y biosimilares, especialmente en un sector como el farmacéutico, donde los márgenes de innovación son estrechos y la inversión en I+D es intensiva.
En un contexto muy distinto al anterior, la Dra. Rojas, investigadora del Tecnológico de Costa Rica (TEC), desarrolló un dispositivo que permite realizar pruebas mecánicas en células óseas y musculares dentro de un solo aparato. Este avance mejora los procesos de regeneración de tejidos y representa una herramienta única en el mercado biomédico de América Latina.
El dispositivo, que mantiene condiciones estériles y de temperatura controlada, ha sido protegido por una patente de invención registrada en Costa Rica con vigencia hasta el año 2041. Esta protección fue gestionada con apoyo del Centro de Vinculación Universidad-Empresa del TEC, asegurando el cumplimiento de los tres requisitos fundamentales: novedad, nivel inventivo y aplicación industrial, para saber más lee nueva patente del TEC crea tecnología para la investigación médica de recuperación de huesos y músculo.
El caso del TEC demuestra que la protección de patentes no solo está al alcance de grandes farmacéuticas, sino que también puede ser una herramienta clave para centros académicos y científicos de países en desarrollo. La visibilidad que otorga una patente internacional puede abrir oportunidades de colaboración con universidades extranjeras, centros de investigación o incluso con fabricantes de dispositivos médicos.
Este caso destaca la necesidad de políticas públicas y marcos institucionales sólidos para acompañar a los investigadores en el proceso de registro de invenciones. También subraya el valor estratégico de la propiedad intelectual en la transferencia tecnológica universitaria. La protección de la patente no solo resguarda los derechos de la inventora, sino que proyecta al TEC como actor relevante en la innovación biomédica de la región.
La empresa española TOT Power Control, dedicada a la gestión de licencias tecnológicas, denunció en 2021 a Apple Inc. por usar sin autorización sus patentes en dispositivos móviles. El pleito, llevado ante un tribunal de Delaware, concluyó en julio de 2025 con un fallo a favor de la firma española, obligando a Apple a pagar 94 millones de euros por infracción de patentes, para saber más puedes ver apple tendrá que pagar 94 millones a la empresa madrileña TOT Power Control por infringir una patente.
La disputa se centró en dos patentes vinculadas a procesos de control de energía utilizados por los procesadores de banda inalámbrica. El jurado determinó que al menos una de las patentes fue infringida, aunque Apple sostiene que apelará el veredicto. Este tipo de litigios es frecuente en el ámbito de las telecomunicaciones y subraya la complejidad de proteger derechos en entornos de alta interoperabilidad tecnológica.
El caso ilustra cómo las empresas que gestionan portafolios de patentes pueden enfrentarse legalmente a gigantes tecnológicos mediante litigios bien documentados. Es también un recordatorio de que el sistema de patentes en EE.UU., con sus tribunales especializados y reglas de indemnización, continúa siendo una jurisdicción clave para la defensa de los derechos de propiedad intelectual.
Más allá del monto de la multa, el caso destaca el papel de los litigios de patentes como mecanismo de enforcement y disuasión. Además, abre la puerta para que TOT Power Control busque indemnizaciones similares contra otros fabricantes como LG y Samsung. El sistema de patentes, al otorgar derechos territoriales, obliga a las empresas tecnológicas a cuidar el cumplimiento normativo en múltiples jurisdicciones, lo cual implica un esfuerzo jurídico, financiero y estratégico considerable.
Los tres casos analizados muestran las múltiples dimensiones que adopta hoy en día el mundo de las patentes: defensa comercial frente a la expiración, valorización de invenciones académicas, y resolución judicial de controversias internacionales. Aunque provienen de sectores y geografías distintas, todos reflejan la vigencia del sistema de patentes como pilar de la innovación global.
Desde la perspectiva legal, observamos cómo el marco de protección de patentes se adapta a diferentes estrategias: el evergreening para prolongar exclusividad, el registro nacional como herramienta de proyección internacional, y el litigio transfronterizo como medio de enforcement. Sin embargo, estos casos también evidencian la necesidad de fortalecer la cooperación internacional, los sistemas de resolución alternativa de conflictos y los mecanismos de armonización regulatoria.
En la economía digital, donde la innovación se acelera y las fronteras tecnológicas se difuminan, los desafíos para proteger las invenciones patentables son cada vez mayores. Las empresas deben anticiparse al vencimiento de patentes clave, los centros de investigación deben construir estrategias de transferencia tecnológica, y los sistemas judiciales deben responder con eficiencia a disputas técnicas complejas.
Mirando hacia el futuro, se vislumbra una tendencia creciente hacia la digitalización del registro de patentes, el uso de blockchain para trazabilidad de invenciones, y una creciente presión por equilibrar la protección con el acceso justo a tecnologías esenciales. En este escenario, la propiedad intelectual seguirá siendo un terreno clave donde se negocia el equilibrio entre innovación, competencia y desarrollo.
Cada año, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) publica el Informe Especial 301, un instrumento estratégico que evalúa el estado de la protección de la propiedad intelectual (PI) en más de un centenar de países. Su objetivo: identificar aquellas jurisdicciones que presentan deficiencias graves en sus sistemas de enforcement (es decir, la aplicación efectiva de la normativa de propiedad intelectual), legislación o cooperación internacional. El informe clasifica a los países en dos listas: la “Watch List” y la más severa “Priority Watch List”.
La inclusión en estas listas no es simbólica: puede influir directamente en la relación comercial con Estados Unidos, afectar la inversión extranjera y generar sanciones o represalias diplomáticas. En muchos casos, estos reportes son el punto de partida para la presión bilateral o la activación de mecanismos de solución de controversias en tratados como el T-MEC.
La edición 2025 ha llegado en un momento crítico, marcado por el aumento de la piratería digital, la sofisticación de las redes de falsificación internacional y el uso de tecnologías como la IA generativa para reproducir contenidos protegidos. En este contexto, México ha sido incluido por primera vez en la Priority Watch List, junto a países como China, Vietnam e Indonesia, encendiendo las alertas sobre el futuro del enforcement internacional.
Este artículo analiza los hallazgos más relevantes del Informe 301 de 2025, con foco en los nuevos países designados como prioritarios, las razones detrás de esta designación y las implicaciones legales, comerciales y diplomáticas que conlleva. Asimismo, se exploran las tendencias emergentes, como la piratería digital y la tensión entre acceso a medicamentos y protección de patentes.
El Informe Especial 301 de 2025, emitido por la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR), ha marcado un giro significativo al incluir nuevamente a México como “país prioritario”. Esta designación refleja tensiones crecientes entre el cumplimiento formal de tratados comerciales como el T-MEC y la ausencia de resultados tangibles en enforcement. México, China y varios países del Sudeste Asiático se perfilan como los principales focos de preocupación para la comunidad internacional en materia de piratería digital, falsificación de marcas y protección de derechos de propiedad intelectual.
México: entre el T-MEC y la falta de implementación
La situación mexicana ha llamado particularmente la atención por representar una contradicción entre el compromiso asumido en el marco del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y la débil implementación interna. La USTR identifica tres fallas estructurales clave:
A pesar de medidas recientes como el Portal de Transparencia Farmacéutica o la llamada Operación Limpieza, el informe concluye que las acciones gubernamentales aún son insuficientes frente a la magnitud del problema.
China: falsificaciones estructurales y piratería digital sofisticada
China se mantiene como el epicentro global de las falsificaciones y la piratería digital. La USTR señala que el 75% de las incautaciones de productos falsificados a nivel mundial provienen de China, lo que revela un problema profundamente arraigado en las cadenas de producción y distribución del país.
Además, persisten serias preocupaciones sobre el incumplimiento del Acuerdo Fase 1 con EE.UU., especialmente en lo referente a la transferencia tecnológica forzada y la protección de secretos comerciales.
Plataformas de e-commerce como Alibaba y Pinduoduo son mencionadas específicamente por albergar redes altamente sofisticadas que emplean algoritmos de machine learning para evadir los mecanismos de control interno y dificultar el rastreo de productos falsificados. Esta sofisticación tecnológica plantea nuevos desafíos para los sistemas tradicionales de enforcement.
En el Sudeste Asiático, el crecimiento económico y digital no ha ido acompañado de sistemas robustos de protección a la propiedad intelectual. Países como Vietnam e Indonesia emergen como polos activos de piratería y falsificación, con consecuencias internacionales:
Ambos países han sido llamados a fortalecer sus marcos legales y operativos, especialmente en el contexto de su creciente integración al comercio global.
La digitalización de la piratería
El Informe 301 revela un patrón de crecimiento sostenido de las infracciones en entornos digitales. Las técnicas se han sofisticado:
Las PYMEs son las principales víctimas: carecen de capacidad para denunciar internacionalmente, mientras ven sus productos replicados sin control. Un informe de BrandShield revela que más del 80% de las marcas medianas sufren afectaciones en redes sociales y plataformas de comercio electrónico.
El conflicto farmacéutico: acceso vs. protección
El enforcement de patentes médicas genera tensión entre derechos de PI y necesidades de salud pública. La USTR reclama a países como Chile, Brasil e India por permitir demoras en la entrada de medicamentos genéricos tras la expiración de patentes. Sin embargo, estos gobiernos argumentan que imponer un “plazo cero” puede encarecer tratamientos esenciales.
México también es criticado por la débil coordinación entre el IMPI y la COFEPRIS. Si bien se han creado nuevas herramientas, la implementación efectiva aún está en desarrollo, a menos de un año del fin del periodo de gracia establecido por el T-MEC.
Indicaciones geográficas: una batalla global
El informe denuncia los efectos del sistema de indicaciones geográficas (GI) impulsado por la Unión Europea, que limita el uso de ciertos nombres considerados genéricos por EE.UU. (ej. “Feta”, “Parmesano”, “Champaña”). Estas restricciones, según la USTR, afectan derechos adquiridos por empresas estadounidenses, particularmente en países con acuerdos de libre comercio con la UE.
En México, la presión por adaptar su legislación a modelos europeos ha generado tensiones internas, sobre todo en industrias alimentarias tradicionales y marcas registradas previamente.
Ante los cuestionamientos internacionales reflejados en el Informe Especial 301, el gobierno de México ha empezado a tomar medidas con el objetivo de fortalecer su sistema de protección de propiedad intelectual, evitar represalias comerciales y recuperar la confianza de los mercados internacionales. Estas iniciativas se enmarcan en tres ejes clave: reformas normativas, adopción tecnológica y articulación regional.
Reformas legislativas y cooperación bilateral
Como respuesta directa al señalamiento de la USTR, México anunció una serie de medidas que buscan cerrar las brechas normativas y operativas que han limitado la implementación efectiva de su legislación en propiedad intelectual:
Estas acciones no solo pretenden mitigar los efectos de los nuevos aranceles del 25% impuestos por EE.UU. sobre ciertos productos mexicanos, sino también posicionar al país de cara a la revisión del T-MEC prevista para 2026, donde la eficacia del enforcement será un eje de evaluación crucial.
Tecnología y monitoreo inteligente: el nuevo enforcement
La transformación digital también está remodelando el paradigma del enforcement. La irrupción de tecnologías como la inteligencia artificial y la blockchain ha permitido el desarrollo de sistemas de monitoreo más precisos, automatizados y escalables. Empresas especializadas como Smart Protection y BrandShield han implementado soluciones que ofrecen:
Estas herramientas son especialmente útiles en industrias vulnerables a la piratería como la moda, los productos electrónicos, el software y el entretenimiento, permitiendo a las marcas responder de forma más ágil y estratégica frente a las infracciones.
Cooperación regional: una estrategia necesaria
El fortalecimiento del enforcement en economías emergentes también depende de una respuesta coordinada a nivel regional. Organizaciones como la ASEAN están discutiendo la adopción de protocolos conjuntos contra la piratería digital, en un esfuerzo por homogeneizar estándares técnicos y jurídicos entre países miembros.
En América Latina, iniciativas recientes lideradas por Colombia, Chile y Perú apuntan a:
Esta articulación será clave no solo para mejorar el enforcement, sino también para garantizar un acceso justo al conocimiento y a los mercados, equilibrando protección y desarrollo.
El Informe Especial 301 de 2025 no solo es un listado técnico: es una herramienta geopolítica que refleja las prioridades de Estados Unidos en materia de propiedad intelectual, comercio e innovación. Su impacto va más allá de la reputación: puede redefinir relaciones comerciales, incentivar reformas legales y movilizar inversiones o sanciones.
México, al entrar en la lista prioritaria, enfrenta una ventana crítica de oportunidad. El cumplimiento de sus obligaciones en el T-MEC, la modernización institucional, la aplicación de nuevas tecnologías y la cooperación con sus principales socios comerciales serán determinantes para evitar consecuencias económicas y jurídicas de mayor escala.
En el panorama global, la tensión entre enforcement y acceso seguirá marcando el debate. Mientras EE.UU. insiste en elevar los estándares de protección, países emergentes reclaman flexibilidad para fomentar la innovación local, proteger la salud pública y competir en igualdad de condiciones.
El verdadero reto será encontrar un punto de equilibrio que reconozca la importancia de proteger la propiedad intelectual sin excluir a quienes más necesitan acceso a tecnología, cultura y medicamentos. La gobernanza de la PI en el siglo XXI dependerá de la capacidad de los países para diseñar sistemas justos, adaptativos y sostenibles.
El reloj corre: para los nuevos países designados como prioritarios, como México, el año 2026 marcará no solo una evaluación técnica, sino el resultado político de sus decisiones presentes.
La irrupción de la inteligencia artificial generativa (IA generativa) ha desencadenado una crisis estructural en el sistema global de propiedad intelectual, cuestionando los pilares tradicionales del derecho de auto. Modelos como GPT, Stable Diffusion o Sora pueden producir obras con un grado de sofisticación que rivaliza con la creación humana. Sin embargo, esta aparente democratización de la creatividad ha sido posible, en muchos casos, mediante el uso no autorizado de obras protegidas, alimentando modelos con datos sin licencia ni consentimiento.
El impacto disruptivo de esta tecnología no solo afecta al marco jurídico, sino también a la sostenibilidad económica de las industrias creativas, la confianza de los autores en el ecosistema digital y los mecanismos tradicionales de enforcement. De acuerdo con el análisis de Lex Machina (2024), los litigios tecnológicos relacionados con entrenamiento de modelos aumentaron un 200% en solo un año, evidenciando el inicio de una nueva era de disputas judiciales y éticas.
Esta transformación está ocurriendo en un contexto de vacío normativo. Normas como el Acuerdo sobre los ADPIC o las disposiciones de la OMPI fueron concebidas para un mundo analógico, sin prever el uso masivo de datos creativos por sistemas automatizados. La falta de una definición globalmente armonizada sobre el estatus legal de las obras generadas por IA, el uso justo (fair use) en contextos transnacionales, o la posibilidad de compensación a titulares por entrenamiento con sus obras, ha fragmentado las respuestas legales.
Este artículo propone una lectura sobre la problemática, combinando una visión jurídica, tecnológica, social y económica, a partir de cinco bloques temáticos que analizan casos relevantes, dilemas conceptuales, modelos regulatorios emergentes, impactos industriales y propuestas innovadoras para repensar el equilibrio entre creación y tecnología.
El caso iniciado por Getty Images contra Stability AI representa una de las demandas más significativas en torno al uso no autorizado de datos para entrenamiento de modelos. Getty alega que la empresa utilizó más de 12 millones de imágenes sin licencia para entrenar el modelo Stable Diffusion, generando resultados que replican marcas de agua y composiciones protegidas, lo que constituye una infracción directa a sus derechos de autor (Financial Times).
La defensa de Stability AI se basa en tres pilares: (1) que las imágenes generadas son "pastiche", protegidas por la excepción al copyright del Reino Unido; (2) que el entrenamiento se realizó fuera del territorio británico, por lo tanto fuera de jurisdicción; y (3) que la responsabilidad legal debe recaer sobre los usuarios, no sobre el proveedor de IA. Este argumento tensiona los límites del enforcement internacional, abriendo la posibilidad de que se consoliden "paraísos de entrenamiento" en países con normas laxas.
En una demanda sin precedentes, The New York Times denunció a OpenAI y Microsoft por reproducción literal de más de 100 artículos mediante ChatGPT, evadiendo muros de pago y comprometiendo su modelo de negocio basado en suscripciones. El medio sostiene que esta conducta vulnera los derechos patrimoniales, pero también representa una forma de competencia desleal (Reuters).
En abril de 2025, el juez Lewis Stein rechazó el intento de desestimiento de OpenAI, avalando la teoría de que inducir a los usuarios a generar respuestas infractoras puede constituir una forma activa de violación. Este caso podría redefinir los límites del uso justo y establecer precedentes sobre la responsabilidad indirecta de las plataformas.
La IA generativa es simultáneamente una herramienta transformadora y una fuerza disruptiva. Por un lado, permite a creadores acceder a nuevas formas de expresión. Por otro, se construye sobre bases de datos que contienen obras sin licencia, generando lo que muchos denominan una "expropiación creativa" masiva.
La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) estima que más del 87% de los modelos actuales fueron entrenados con contenido sin licencia, lo que plantea serias dudas sobre la legalidad de su operación y la justicia de sus beneficios.
Impacto por sectores:
a) Modelo europeo: El AI Act como respuesta integral
El AI Act aprobado por la Unión Europea propone medidas como:
Aunque esta normativa ha sido celebrada como pionera, grandes plataformas tecnológicas sostienen que aplicar marcas de agua es inviable en modelos multimodales o de lenguaje natural, argumentando complejidades técnicas.
b) Compensación colectiva e innovación en licencias
c) Reformas legales por países
Si no se implementan mecanismos claros y efectivos de protección, la IA generativa podría desencadenar un colapso del ecosistema creativo. Las consecuencias potenciales incluyen:
Frente a este panorama, emergen soluciones propositivas:
La crisis provocada por la IA generativa no es exclusivamente técnica ni legal: es una cuestión cultural y ética sobre qué valor asignamos a la creatividad humana frente a la automatización.
Casos como Getty y NYT marcarán las líneas jurisprudenciales de la próxima década, pero el verdadero reto radica en construir un modelo de convivencia donde la innovación tecnológica se base en principios de transparencia, equidad y respeto por los creadores.
Hacia 2030, nos enfrentamos a una disyuntiva: permitir el colapso de la creatividad profesional por falta de protección efectiva, o fomentar una reinventación colectiva, con nuevos contratos sociales, regulaciones inteligentes y tecnologías al servicio de la justicia cultural.
Como estableció la Corte de Delaware en el caso 2023-Art-IA, "la ley debe proteger tanto la innovación como el sudor creativo que la hace posible". La decisión está en manos de reguladores, plataformas, autores y consumidores: ¿perpetuamos el modelo extractivo o damos paso a una era de inteligencia artificial con conciencia de autoría?
Las denominaciones de origen (DO) e indicaciones geográficas (IG) han sido durante décadas pilares de la propiedad intelectual (PI), reconociendo el vínculo esencial entre productos únicos, su origen geográfico y las condiciones humanas y naturales que les otorgan identidad. Este sistema protege no solo la calidad y reputación de productos emblemáticos como el Champagne, el Tequila o el Café Colombiano, sino también la riqueza cultural de regiones enteras.
En el contexto actual, marcado por la globalización, el comercio electrónico, la piratería digital y la demanda creciente de sostenibilidad, las DO enfrentan nuevos retos que requieren una modernización sin perder su esencia. Las tecnologías emergentes, los conflictos geopolíticos y los cambios en los hábitos de consumo configuran un entorno complejo donde la PI busca innovar.
Este artículo analiza el papel de las DO en este nuevo escenario, integrando enfoques de innovación,tecnologías emergentes y desarrollo sostenible, con ejemplos concretos, herramientas actuales y propuestas de futuro.
Las DO no solo son herramientas legales; también representan un activo estratégico para el comercio internacional. Según datos de la Comisión Europea - GI in Trade Agreements, los productos con DO generan precios hasta un 30% más altos que sus equivalentes genéricos.
Más allá del valor comercial, las DO son expresión de identidad cultural. Proteger el "terroir" significa salvaguardar saberes tradicionales, ecosistemas locales y economías rurales. Su vigencia contribuye al arraigo y orgullo regional, al tiempo que refuerza la diversidad cultural en el mercado global.
Casos como el del Café en Colombia, gestionado por la Federación Nacional de Cafeteros, demuestran que una DO bien administrada puede integrarse exitosamente con estrategias de sostenibilidad y marketing global.
La fragmentación legal es uno de los mayores retos para la protección efectiva de las DO. Existen modelos divergentes: el sistema sui generis en la Unión Europea o la India, versus la protección como marca certificativa en Estados Unidos o Canadá (USPTO - Certification Marks). Esta disparidad genera incertidumbre y dificulta acciones conjuntas.
El Acuerdo ADPIC de la OMC establece estándares mínimos de protección, pero su aplicación sigue siendo dispareja, especialmente en productos no vinícolas. Las tensiones en negociaciones como el TLC UE-Mercosur revelan la fricción entre sistemas de protección y los intereses comerciales.
Además, el Acuerdo de Lisboa de la OMPI y su Acta de Ginebra modernizan el sistema de protección internacional, pero requieren adhesión y adecuación nacional efectiva para generar impacto real.
Ejemplos recientes ilustran los conflictos por DO en el mercado global:
Estos casos evidencian la urgencia de reforzar los sistemas de protección, armonizar normas y fomentar la cooperación internacional.
La tecnología está transformando la defensa de las DO. Destacan:
Estas herramientas permiten una protección más efectiva, integrando datos en tiempo real, registros inmutables y colaboración entre productores, plataformas digitales y autoridades.
Las DO también deben ser vistas como motores de sostenibilidad. Iniciativas como las promovidas por la FAO demuestran que los pliegos de condiciones pueden incluir criterios ambientales y sociales (uso del agua, biodiversidad, trabajo justo) que potencien el valor agregado y el acceso a mercados verdes.
En este sentido, las DO son clave en el cumplimiento de la Agenda 2030 y pueden integrarse a marcos como el Green Deal Europeo, promoviendo economías circulares y resilientes. La experiencia del Café de Colombia, con certificaciones de comercio justo y carbono neutro, marca una ruta a seguir.
Por otro lado, estas figuras refuerzan la identidad regional, posicionando territorios como referentes de calidad, tradición e innovación. ¡Una DO bien gestionada es también una marca-país!
Las denominaciones de origen enfrentan una encrucijada histórica: adaptarse a la era digital y sostenible sin perder su esencia. La incorporación de blockchain, IA, IoT y criterios de sostenibilidad certificada es vital para su pervivencia y relevancia.
Sin embargo, esta evolución debe ser inclusiva. Es imprescindible apoyar a pequeños productores con capacitación, financiamiento y herramientas legales que les permitan competir y proteger su legado en el entorno global.
Asimismo, es urgente avanzar en la armonización normativa, promover la protección colaborativa y sensibilizar a los consumidores sobre la autenticidad y el valor de lo local.
En suma, las denominaciones de origen no son una nostalgia del pasado, sino una apuesta inteligente por un futuro más justo, sostenible y conectado. Su defensa e innovación no solo son una tarea legal, sino una responsabilidad colectiva.
Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. (s.f.). OMPI.
Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea. (s.f.). EUIPO.
Comisión Europea. (s.f.). Geographical Indications (GI) in Trade Agreements. Dirección General de Agricultura y Desarrollo Rural.
Organización Mundial del Comercio. (s.f.). Acuerdo sobre los ADPIC.
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. (s.f.). GIs and Sustainability.
Organization for an International Geographical Indications Network. (s.f.). ORIGIN - GI Network.
Journal of World Intellectual Property. (2023). The Future of Geographical Indications. Disponible en bases académicas.
Queen Mary University of London. (2022). Blockchain Technology for Geographical Indications Protection.
ICTSD. (2024). Geographical Indications and Sustainable Development.
Comité Champagne. (s.f.). Protecting the Name.
Consejo Regulador del Tequila (CRT). (s.f.). Estadísticas de Protección.
Federación Nacional de Cafeteros de Colombia. (s.f.). Denominación de Origen Café de Colombia.
En la última década, la piratería digital ha dejado de ser una simple infracción de derechos de autor para convertirse en un fenómeno complejo y tecnológicamente sofisticado. Lo que en los años 2000 se asociaba con la descarga directa de archivos en sitios web rudimentarios, hoy opera en un entorno de criptomercados, plataformas descentralizadas, canales cifrados y redes sociales que permiten una distribución masiva, anónima y en tiempo real de contenidos protegidos.
En la última década, la piratería digital ha dejado de ser una simple infracción de derechos de autor para convertirse en un fenómeno complejo y tecnológicamente sofisticado. Lo que en los años 2000 se asociaba con la descarga directa de archivos en sitios web rudimentarios, hoy opera en un entorno de criptomercados, plataformas descentralizadas, canales cifrados y redes sociales que permiten una distribución masiva, anónima y en tiempo real de contenidos protegidos.
Este giro no solo ha ampliado el alcance del comercio ilícito de contenidos culturales y software, sino que ha desafiado los marcos tradicionales de protección de la propiedad intelectual. La industria musical, cinematográfica, editorial y de software se enfrenta ahora a una nueva era de evasión digital, donde los infractores ya no necesitan esconderse en la dark web: operan abiertamente en plataformas como Telegram, TikTok o servidores P2P anónimos.
De acuerdo con la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI), el stream-ripping representa ya más del 60% de la piratería musical mundial (Global Music Report 2024). En paralelo, la distribución ilegal de software y videojuegos a través de redes sociales y marketplaces ha crecido de forma alarmante, especialmente en América Latina y el sudeste asiático.
Este artículo examina la evolución de las prácticas piratas, las tecnologías que las impulsan y su impacto en sectores clave de la economía digital, estableciendo una base para comprender la magnitud y sofisticación del fenómeno en 2024.
Durante los años 2000, la piratería digital se caracterizaba por la descarga de archivos desde sitios web o programas P2P como Napster, LimeWire o Ares. El modelo era simple: los usuarios compartían archivos MP3, películas o software desde sus computadoras personales, lo que permitía una fácil identificación y persecución legal.
Sin embargo, estos métodos eran limitados por la necesidad de almacenamiento local, velocidades de descarga lentas y poca anonimidad.
Con la consolidación de plataformas como YouTube, Spotify o Netflix, la distribución de contenidos pasó al streaming. Pero también lo hizo la piratería. Herramientas como YouTube-DL y sitios como YTMP3 permitieron el stream-ripping, extrayendo música y video desde plataformas legales.
Estas prácticas no solo persisten, sino que se han diversificado. Según IFPI, el 26% de los usuarios globales admiten usar servicios de grabación de contenido en línea para evitar pagar por acceso premium.
La falsificación en línea y la distribución de obras sin licencia han migrado a canales cifrados y de acceso privado. En Telegram, existen canales con decenas de miles de miembros donde se comparte desde libros hasta películas recién estrenadas. En Discord, servidores organizan "cines virtuales" donde se transmiten contenidos protegidos.
Lo preocupante es que estas plataformas, al no almacenar contenido directamente sino solo enlazarlo o transmitirlo, evaden la responsabilidad legal directa, generando zonas grises de enforcement.
El auge de los tokens no fungibles (NFTs) ha abierto una nueva puerta a la piratería: la falsificación de arte digital. Casos como el de Hermès vs. MetaBirkin revelan cómo se lucran con representaciones no autorizadas de marcas registradas en marketplaces descentralizados como OpenSea (Hermès International v. Rothschild, 2023).
En estos entornos, es casi imposible rastrear al infractor, y la infraestructura descentralizada complica los procedimientos judiciales.
El informe de IFPI (2024) destaca que el uso de herramientas de stream-ripping se ha normalizado entre los usuarios jóvenes. A pesar del crecimiento del streaming legal, los artistas y productoras pequeñas sufren pérdidas económicas considerables al ver cómo sus ingresos son reducidos por el consumo ilegal de sus obras.
Los estrenos simultáneos en plataformas digitales han incentivado el pirateo temprano de contenidos. Sitios como Cuevana o Popcorn Time han sido replicados en versiones cada vez más sofisticadas, incluso con suscripciones ilegales a precios irrisorios.
Según la Business Software Alliance (BSA), la piratería de software representa pérdidas anuales superiores a los 46 mil millones de dólares. En países en desarrollo, como Ecuador, el uso de programas sin licencia sigue siendo la norma, no la excepción.
La piratería digital no solo perjudica los ingresos de las industrias creativas, sino que también impacta el empleo formal al reducir el valor de los productos y servicios originales. Además, desincentiva la innovación al disminuir los incentivos para crear contenido e invertir en tecnología. Por otra parte, erosiona la confianza del consumidor, ya que aumenta el riesgo de malware, estafas o pérdida de datos personales al acceder a contenido ilícito.
Organizaciones como la GIPA estiman que más de 434.000 empleos se pierden anualmente por prácticas de piratería y falsificación (GIPA, 2024).
El ecosistema de la piratería en la economía digital ya no es un conjunto de páginas web aisladas. Es un sistema distribuido, anónimo y en constante adaptación. En 2024, luchar contra la piratería implica comprender que no se trata de bloquear enlaces, sino de replantear modelos de negocio, educar a los consumidores y establecer mecanismos tecnológicos y legales adaptados al entorno digital.
Esta transformación no debe verse únicamente como un desafío, sino como una oportunidad para construir una economía digital más justa, inclusiva y respetuosa de la propiedad intelectual.
Esta transformación no debe verse únicamente como un desafío, sino como una oportunidad para construir una economía digital más justa, inclusiva y respetuosa de la propiedad intelectual.